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Polo Norte 05.2009

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Aunque parezca mentira, en las islas Svalvard  viven unas 2000 personas durante todo el año, y es sin duda el lugar habitado más cerca del Polo Norte. Además de las durísimas condiciones climáticas propias de la zona, hay que adaptarse a la larga noche polar. A causa de una latitud tan elevada, el sol desaparece del archipielago en octubre, y no vuelve a aparecer hasta marzo, celebrando la llegada del sol como la mayor de las fiestas hacia el 8 de ese mes. De este ciclo sin sol, tres de estos meses son de total oscuridad, y el resto del tiempo es la llamada luz azul, conocida como luz crepuscular. Los que la han visto dicen que no hay nada igual, es un cielo irreal, donde es muy frecuente las auroras boreales, que como sabéis se producen por la interacción del campo magnético de la tierra, y el viento solar.

> NUESTROS EXPERIMENTOS EN EL POLO NORTE

Hola amigos, aquí seguimos Emilio, Ramón, Maria y el que os escribe, en los alrededores del Polo Norte.
Acampamos en el mismísimo eje de rotación de la tierra, en pleno Polo Norte, el día 14 de abril, y fue una sensación extraña, pues a la vez estábamos en lunes y martes, si me movía a una puerta de la tienda, era lunes, y si me movía a la otra era martes. Además de producirse curiosidades como os describí en la crónica anterior. Pero es una sensación extraña y difícil de comprender, que nada mas acampar, ya estábamos en movimiento, pues el casquete polar se mueve continuamente, y mas, a partir del día que llegamos, pues empezó una tormenta de viento y nieve. El barómetro cayo bruscamente, Esto acelero la deriva de la banquisa en la misma proporción que sopla el viento, además de la misma dirección. Nos vaticinaba que empezaríamos a alejarnos.

Ya dentro de la tienda al refugio del vendaval que se desato, miramos el GPS, y nos confirma que nos alejamos del Polo Norte en sentido contrario al que traíamos, ahora íbamos en dirección Alaska. Con la emoción metida en el cuerpo de haber llegado al Polo Norte arrastrando nuestros trineos, y siendo autónomos, nos fuimos a dormir, y al despertarnos, comprobamos que la deriva nos había llevado a casi 6 kilómetros, es como mágico, Plantas la tienda en un lugar, y cuando despiertas estas a 6 kilómetros¡.

Recogemos el campamento, y nos ponemos en marcha en un ventoso, nivoso, y desagradable día. De nuevo las grietas, fracturas de presión, y ahora nieve fresca, que dificulta el arrastre del trineo, pero lo peor es que el aire esta viniendo de cara, y es engelador, de hecho si arrecia, tendremos que parar a montar la tienda y esperar que pase la tormenta, pues si no tendríamos congelaciones aseguradas en la cara. Por suerte el viento continua estable y nos deja avanzar.

A tan solo 500 metros antes de llegar de nuevo al Polo Norte, vemos el helicóptero, aceleramos el paso, pues lleva la misma dirección que nosotros y las intenciones son las de aterrizar, y eso es justo una de las cosas que queríamos hacer en este año polar internacional, ver quien llega..

Es increíble que lleguemos a la vez, el helicóptero aterriza, y de el salen 17 rusos, nos saludamos, y intercambiamos frases en ingles: son de diferentes partes de Rusia, y ninguno es de poco recursos económicos, de hecho a Maria uno de estos “varones” rusos le ha preguntado a Maria si quería casarse con ella, y a colación le ha dicho:
-¿Sabes lo que es la electricidad?
Maria responde:
-Si
El ruso:
-¡Pues es mía¡
Nos dejo flipados, pero aun alucinamos más, cuando sacan caviar, pescado de esturión ahumado, vodka, mucho vodka y empiezan una fiesta de polar.

Nosotros nos unimos, y acoplamos nuestro chorizo y cecina de León, y¡ a comer, y sobre todo beber¡. Ya hemos conseguido otro objetivo, que alguien coma de nuestros productos de la tierra en pleno Polo Norte. ¡El bareto, ha quedado inaugurado¡.

Después como niños todos giramos como en el corro de la patata. En fin algo como fuera de lugar, nosotros llegamos reventados con nuestros trineos, y un grupo de turistas ricos rusos llegan en helicóptero.
Después de una hora se van, y allí quedamos los cuatro, solos y tranquilos, con el único ruido del viento, que esta arreciando de hora en hora. Tengo que reconocer, que el vodka nos ha hecho efecto y montamos la tienda como autómatas, con un ligero “mareo”.

Hoy ha sido otro día increíble, y nuestra segunda llegada al Polo Norte. Nos metemos a los sacos, y durante la “noche”, que no existe, se desata un tremendo temporal, la tienda la agita violentamente, y da la sensación que nos disparan perdigones, son los impactos de los trozos de hielo que salen volando como metralla, y la ventisca empieza a enterrarnos los trineos, y hacer ventisqueros. Asomamos, y es imposible casi salir de la tienda. No se ve el sol, y casi no hay visibilidad. Decidimos quedarnos en la tienda hasta que pase este temporal ártico. El solo hacho de salir a hacer las necesidades corporales, es una angustia, pues se te queda el trasero completamente congelado. La presencia de viento, sumada a los -35ºC, arroja una sensación térmica de muchos mas grados bajo cero, y estaríamos condenados a congelaciones en la cara si hubiéramos decidido continuar. Cuando aquí hay tempestad, es la cosa más seria que uno se pueda imaginar, y el solo hecho de pensar que estamos solos, en mitad de la nada, y sin que el helicóptero pudiera rescatarnos, en caso de peligro, nos “acojona”.

En nuestra pequeña casa de tela amarilla, aguantamos, hasta que el temporal amaino, que fue el día 17 hacia las cuatro de la tarde. Salio un esplendido sol, pero con tal frío, que hicimos un pequeño experimento: cogí mi cuchara y tenedor que son de metal, les eche un poco de saliva, y el acto se quedaron pegados, como si estuvieran soldados.

Lo peor es que al mirar el GPS, nos indica que estamos a ¡20 kilómetros¡ del Polo Norte.
¿Cómo puede ser, que estuviéramos en el Polo, y ahora unas cuantas horas después estemos a 20 kilómetros del Polo?, cuesta trabajo comprenderlo, pero es así.

Empezamos a caminar a las 5 de la tarde, y nuestra intención es hacerlo durante 8 horas, y nos da igual que se haga tarde, porque siempre hay sol, y queremos recuperar esos kilómetros que nos metió la deriva, pero a eso de las siete de la tarde nos topamos con una gigantesca grieta, muy ancha, y sobre todo larga, que nos obliga, esta vez ¡por fin¡, ha utilizar el invento de Ramón, y uno de nuestros experimentos clave en esta expedición: convertir nuestros trineos, en un pequeño catamarán.

Ahora lo importante no es acercarnos al Polo Norte, nos interesa probar un invento que puede ser una revolución en el futuro, cuando el deshielo se acentúe, y sea un modo de poder avanzar en el casquete polar.
Nos ponemos manos a la obra con una ilusión desbordante:¡estamos experimentando¡ ya no solo es una expedición deportiva, también vamos a probar varias cosas importantes.

Vaciamos los trineos, y los convertimos en catamarán en muy poco tiempo, utilizando los skies, como travesaños, y listos para navegar, en un océano de 4000 metros de profundidad. Dicho y hecho, y con más miedo en mi caso que vergüenza nos subimos al catamarán, y comprobamos que flota bien, y que no hay fugas de agua de los fuertes impactos que ha sufrido durante la travesía. El hielo sobre el que flotamos es de unos 10 centímetros de grosor, y tenemos que romperlo apoyando nuestros cuerpos en la popa de artefacto, para hacer de rompe hielos diminuto, consiguiendo el efecto deseado: ¡el frágil hielo se rompe¡, y con el piolet quitamos los grandes trozos de hielo, y con las palas, remamos. Todo lo que nos sirve para instalar la tienda de campaña, ahora sirve para navegar, es la utilidad perfecta. Conseguimos llegar a una isla de hielo en mitad de la enorme grieta, y regresamos. ¡ El invento funciona ¡ es increíble, Ramón a perfeccionado uno de los grandes problemas de los exploradores árticos, ahora hay que mejorarlo, para que sea mas seguro, pero estamos en el camino, y funciona perfectamente.

Ahora nos toca probar otro equipo que transportamos. Nuestro segundo experimento por hoy: Tenemos dos trajes que te permiten meterte en ellos con la ropa puesta, en menos de un minuto. Se cierran hasta el cuello, pero no son estancos a partir de esta zona. Por eso hay que tener mucha precaución para no meter la cabeza dentro del agua, porque esta, entraría irremediablemente, y si es mucha te enviaría al fondo del mar ártico.
Decido apuntarme voluntario, para la prueba. Me lo instalo, y me acerco al borde del témpano. Delante de mí, un oscuro mar, y 4000 metros hasta el fondo.

Meto los pies, luego las piernas, no me entra agua, continuo el resto del cuerpo, y ya esta¡ estoy flotando dentro de un extraño y novedoso traje, en medio de este mar, rodeándome hielos por todas partes. Hago pruebas de nadar verticalmente, arrastro el trineo, con el piolet, avanzo rompiendo el hielo de poco grosor. Después entra Ramón y seguimos con las pruebas, también Emilio lo prueba, y nos ha funcionado. Otro invento, este de un noruego, considerado como el mas “maquina”, en exploración actual ártica, que se llama Ousland Borge. Cuando le veamos le diremos que su invento también funciona, pero da de largo mucho mas miedo. Estas literalmente dentro del océano helado, y no puedes cometer un error de estabilidad, porque te vas al fondo. Yo casi lo cometo, al mover mis rodillas dentro del agua, que han de estar dobladas. No se que hice, las moví, y me caí de frente, metiendo la cabeza en el agua, pero por inercia la saque muy rápido, aunque ya probé este salado mar. El agua se me congelo en el acto sobre la cara, lo que me obligo a salir. Pero el segundo invento, también ¡ha funcionado¡.

Ahora nos queda otra cosa por hacer:
En el año pasado, el 2007, los rusos enviaron un submarino al mismísimo Polo Norte, descendiendo hasta su fondo situado a 4.300 metros, y colocaron una bandera de Rusia, y dijeron que tomaban posesión de esa zona, para la explotación futura, y cada día mas cercana de las grandes reservas de petróleo, y gas que se encuentran debajo de este mar helado. Países como EEUU, Canadá, Noruega, Dinamarca, etc.., se encolerizaron al ver las imágenes que dieron la vuelta al mundo.
Nosotros en un acto sincero, y de igual modo que los rusos, decidimos hacer algo, que opinamos tiene el mismo valor:

Agujereamos un termo, para que se llenara de agua, y le atamos un cordino, al que unimos la bandera de León, pues es la que teníamos oficialmente institucional, pues la que llevábamos de Castilla y León estaba serigrafiada con mas información, pues representamos al turismo de la comunidad, por lo que decidimos usar la de León, porque es oficial, y León, pertenece a Castilla y León, que a su vez pertenece a España, por lo que en nombre de España enviamos la bandera de León atada al termo hacia el oscuro fondo de 4.300 metros de profundidad del Polo Norte, como los rusos.

Ahora estara allí, muy cerca de la de los rusos, por lo que pensamos que tiene el mismo valor, para lo bueno o lo malo, si algún día alguien decide decir que esas banderas tienen alguna prioridad. De momento Rusia y España tienen bandera en el fondo del Polo Norte, con una ligera diferencia: Rusia se gasto unos millones de dólares en enviar un submarino, y nosotros nos gastamos 15 euros en el termo. De momento ahí queda este acto, y que cada uno lo interprete como quiera, pero las banderas si están en el fondo.
A las 22.30, sin comer nada en todo el día montamos el campamento a 200 metros de la enrome grieta. Estamos excitados de acontecimientos, los experimentos han funcionado, reclamamos como los rusos en este mar de todos, los mismos derechos sobre las reservas de gas y petróleo que se estiman en el 25% del planeta, en nombre de León, Castilla y León y España.

Ahora que estamos acomododados y son las dos de la mañana y empezamos a cenar, oímos un ruido seco, salimos de la tienda, y a tan solo 25 metros se ha abierto una grieta de medio metro, en la que aparece agua liquida. Señal de que aquí todo esta en movimiento. Ahora tenemos que vigilar esta grieta pues hay que ver a donde evoluciona. Nos organizamos en turno de tres horas cada uno, y si sigue creciendo, que eso es lo que esta haciendo en este momento en el que estoy escribiendo esta crónica, tendremos que plegar el campamento y colocarnos en otro sitio, y eso es una puta…a, pues son las dos de la mañana y no hemos comido nada.

Mañana, continuaremos nuestra expedición de nuevo al Polo Norte donde estimamos llegar en dos días, pues la deriva y el tiempo que hemos dedicado a los experimentos, nos ha alejado de nuevo a unos 20 kilómetros del Polo Norte.

La expedición esta saliendo increíble, y hemos podido probar muchas cosas, hacernos una idea de esta clima hostil, sacrificarnos al limite arrastrando los trineos muy cargados, y sobre todo quedarnos en los alrededores del Polo Norte, soportando su dureza implacable durante muchos días, cuando aquí solo llegan de momento turistas en helicóptero. El jefe de la base rusa Borneo, cuando le damos el parte diario vía teléfono satélite nos ha bautizado como el “incredible team”, porque lo normal cuando una expedición llega como nosotros al Polo Norte arrastrando un trineo, lo ultimo que quieren es quedarse como nosotros unos cuantos días, soportando el sacrificio la rutina del rigor ártico. Pero nosotros hemos venido ha probar diferentes cosas, observar lo que ocurre en el mismo Polo Norte, desde que gente viene, hasta como son los temporales, experimentar nuevos conceptos árticos, y entrenarnos en uno de los lugares mas extremos y radicales del planeta, aprendiendo del “padre” Ramón los mil y un trucos, de este viejo lobo ártico de dos patas, que es un pozo de sabiduría ártica, y que nos servirá para aprender a movernos, también en estos rudos climas, donde saber las técnicas de supervivencia precisas para no morir en el intento.
Estar atentos a la próxima crónica, y sabréis si conseguimos llegar por tercera vez al Polo Norte, y que nuevas aventuras nos depara el futuro inmediato.

Jesús Calleja desde el Polo Norte.