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Polo Norte 05.2009

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Aunque parezca mentira, en las islas Svalvard  viven unas 2000 personas durante todo el año, y es sin duda el lugar habitado más cerca del Polo Norte. Además de las durísimas condiciones climáticas propias de la zona, hay que adaptarse a la larga noche polar. A causa de una latitud tan elevada, el sol desaparece del archipielago en octubre, y no vuelve a aparecer hasta marzo, celebrando la llegada del sol como la mayor de las fiestas hacia el 8 de ese mes. De este ciclo sin sol, tres de estos meses son de total oscuridad, y el resto del tiempo es la llamada luz azul, conocida como luz crepuscular. Los que la han visto dicen que no hay nada igual, es un cielo irreal, donde es muy frecuente las auroras boreales, que como sabéis se producen por la interacción del campo magnético de la tierra, y el viento solar.

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Amigos, ya he llegado al ártico, pero antes os cuento como me fueron las cosas desde la ultima crónica.
El día 5 de abril después de probar los trajes nos fuimos a cenar con los dos únicos españoles que viven en estas remotas tierras. Me hice con el teléfono de Maria Luisa que así se llama, gracias a una mujer que nos guiaba cuando hicimos la travesía en moto de nieve al pueblo ruso.

La llame a las nueve de la noche y quedamos para cenar en uno de los dos restaurantes que hay en Longyearbyen. Cuando llegamos al restaurante, a pesar de ser sábado, día festivo la reconocimos muy rápido, porque era la “alegría de la huerta”, risueña como solemos ser los españoles, y mas concretamente los andaluces, en fin que los noruegos prácticamente no conocen la risa, son altos, rubios, guapos de facciones casi perfectas, pero en el diseño nórdico les falto la risa, en lo que los españoles somos expertos. Maria Luisa nos presento al otro español que se llama Luís Merino. Ella esta haciendo un doctorado, trabajando para el departamento de microbiología marina de la universidad de Longyearbyen, y vive aquí desde el año 2006. El, es geofísico, especializado en física del plasma, y se vino a estudiar auroras boreales, arribando en las Svalbard en octubre de este año 2007. Nos lo pasamos bomba con las muchas anécdotas de ambos, pues es muy atípico encontrar españoles en estas latitudes. Con la alegría en el cuerpo y varias cervezas nos fuimos a la cama, pues el día siguiente será muy emocionante.

Por la mañana nos levantamos y fuimos al aeropuerto para los últimos preparativos y cargar los trineos en el avión ruso Antonov.. Antes tuvimos que pesarlos: el de Maria 40 Kg, el de Emilio otros 40 Kg, el de Ramón 91 Kg, y el mió 80 Kg. Los de Ramón y mío pesan el doble porque estamos experimentando un nuevo diseño del mismo Ramón, para sortear canales de agua de cualquier longitud, eso a priori es lo que piensa, ahora hay que comprobarlo. Y como el diseño necesitara de las mejoras que aportemos, estos trineos se han construido en materiales baratos, por lo que solo el peso de cada uno es de 30 Kg. Cuando tuvimos que cargarlo en el avión, me di cuenta que era una brutalidad de peso, y mis temores a no poder aguantar la travesía polar han aumentado. Miro el tamaño y peso del trineo, y me miro a mí y me da la risa. 80 Kg, frente a 59 de mi peso. Ramón me mira presuponiendo mis temores, y creo que le doy un poco de pena, pues me dice que intentara quitarme peso de alguna manera. Más le vale, porque a lo mejor por mi culpa no llegamos muy lejos. Esto es una autentica novedad para mí, y aunque me siento fuerte y entrenado, esto es demasiado para mi pequeño cuerpo. Pero como siempre digo, hay que utilizar la cabeza en las situaciones que llamamos imposibles, y estoy convencido que podré.

Una vez resuelto las cargas, y los detalles burocráticos con las autoridades del aeropuerto, que son mínimas y sin complicaciones, embarcamos en un obsoleto avión, rumbo a la base flotante Borneo.

Despegamos en mitad de una ligera nevada y a los 5 minutos despeja y se nos queda una cara de asombro al mirar por las ventanillas del avión y admirar la belleza pura de las montañas nevadas de las islas Svalbard, que se mezclan con un sin fin de glaciares. Al llegar a la costa se confunde con el mar helado, que lo distinguimos por que flotan miles de témpanos. Si a todo esto le sumamos que nos dirigimos a un punto a menos de 200 kilómetros del Polo Norte, las sensaciones se disparan. Estoy nervioso como un niño cuando le dan el regalo de reyes: ¡¡Me voy al Polo Norte¡¡.

Poco a poco el mar esta completamente helado, ya no hay témpanos, es un bloque compacto de hielo, solo truncado por el gran numero de canales que dada vez se abren en mayor numero. Esto es el signo inequívoco según nos cuenta Ramón de que el cambio climático avanza a un ritmo impensable solo hace unos años. Ya no es una masa de hielo homogénea, el un laberinto de canales de agua liquida de todos los tamaños y longitudes. Esto es lo que nos esperara hasta llegar al Polo Norte.

Son casi tres horas de vuelo, cuando sentimos que los motores bajan la potencia y iniciamos el descenso. Ni corazón sube de pulsaciones, queda muy poco para tomar tierra, mejor dicho hielo. Seguimos bajando, mas, mas, unos pocos metros mas, y el Tupolev toca en el sólido y frío témpano de hielo, en el que se han limpiado las irregularidades del terreno para que en apenas unos quinientos metros aterricemos, sanos y salvos, cosa que parece mentira, aunque los pilotos rusos son de una habilidad fuera de dudas. Lo han hecho muchas veces, y siempre con los mismos aviones aunque estén desfasados. Ellos ya lo hacían en tiempos de guerra fría, y posteriormente, cuando americanos y rusos utilizaban el ártico para espiarse y llenar sus fríos y oscuros mares de tecnología militar.

Ahora estamos los cuatro aquí en mitad de la nada, en un lugar tremendamente hostil a -35ºC, con un ligero viento, y en mi caso con cara de tonto de tanta belleza simple.

Bajamos los trineos del carguero, y caminamos 200 metros hasta la base Borneo, que es una pequeña instalación de hangares de plástico. No hay nada más a cientos de kilómetros a la redonda.
Nada mas llegar nos meten al comedor para darnos un té o café caliente, pues el choque de temperatura al bajar del avión es bestial, y se necesita una adaptación que no tenemos, excepto Ramón que es el hombre de hielo. El resto de nosotros nos apuramos en meternos al calor del comedor. Dentro nos reunimos todos los que venimos en el avión, mas los que se van, pues el avión no puede estar pardo, debido a que el peso terminaría por romper el hielo y se iría al fondo.

Es un barullo que no comprendo, voces, gente estresada, prisas, preguntas, que tal va la deriva, salen los helicópteros, como están los canales de agua, alguien ha llegado al Polo norte, en fin un montón de preguntas, y gente que va y viene.

Pronto nos informa el director de la base Borneo que se llama Víctor Boyarse que hay una tremenda deriva, es decir que toda la masa del hielo ártico se mueve al unísono en una dirección, en este caso al sur, pero claro esta que el Polo Norte es un punto determinado y fijo, que aunque la banquisa Polar se desplace, ese punto no se mueve, por lo que hace que nos desplacemos continuamente respecto al Polo Norte. Puede ser a favor, acortándose considerablemente la distancia o alejarte como nos esta ocurriendo ahora y nada mas y nada menos que ¡¡24 kilómetros¡¡ al día.
Para que os hagáis una idea mas clara, una jornada de caminar arrastrando el trineo es de unos 15 kilómetros, pero si la deriva es de 24, en realidad nos alejamos del Polo Norte 9 kilómetros. ¡¡Vamos para atrás en vez de hacia delante¡¡.

Con estas premisas el grupo que venia con nosotros decide volar en helicóptero hasta muy cerca de los 90 grados que tiene el Polo Norte, cuando su proyecto era hacer dos grados caminando que supondrían unos 260 kilómetros, y ahora solo harán 18 kilómetros, que si al fin consiguen llegara al Polo Norte pueden ser muchos mas al sumar la deriva. En definitiva que te pasas el día entero caminando, te paras a dormir, y cuando te levantas has retrocedido todo lo caminado, y además pierdes un buen numero de kilómetro mas.
Esta es la situación real, por lo que nosotros somos los únicos que hemos decidido quedarnos en la base Borneo, y esperar un cambio de la deriva a favor o al menos que no sea tan dramática si continúa al sur. Así que aquí estamos los cuatro en amor y compañía, solos, en esta base, en compañía de los 30 rusos que trabajan en el mantenimiento y funcionamiento de esta complicada base rusa flotante.

Me parece curioso como la instalan, según nos han contado hoy, y que además hemos visto en un video:
Primero desde un avión escogen un lugar adecuado en la banquisa polar, sobre el último grado, entorno a 130 kilómetros. Una vez localizado, fletan de nuevo otro avión y tiran en paracaídas gigantes, un montón de cajas con equipamiento, y sobre todo una pesada maquina escavadora, que servirá para hacer la pista de aterrizaje, limpiando un tramo de hielo de unos 500 metros, alisándolo. Así podrán aterrizar los aviones Tupolev que traerán el resto del equipo, hasta que queda instalada por completo la base, aunque es muy temporal, solo dos meses. Cuando terminen, al cabo de ese corto tiempo, nada quedara aquí, pues es hielo, que es muy probable que terminara derritiéndose en su avance a mar abierto.

Sus habitantes son rusos, mas grandes que armarios roperos, que están curtido en mil y un batallas contra la naturaleza, y en algunos casos han sido militares que trabajaron mucho tiempo preparando estas bases cuando americanos y rusos andaban a la gresca con sus guerras frías. Instalaban varias de estas bases para espiar a los submarinos americanos, y son los mejores expertos en estas maniobras logísticas.
Esto es Borneo, un grupo de rusos fortachones, un montón de tiendas gigantes de plástico, unos precarios, por decir algo de los servicios que ofrecen los rusos a pesar del “pastón” que les hemos pagado”, pero una táctica en el ártico inmejorable, dos helicópteros rusos para la extracción de las expediciones, y otros servicios que prestan a los científicos que son los que mas abundan en la Base, y también un avión Twin Otter canadiense al servicio de científicos que estudian el cambio climático.

Ayer día 6 nos fuimos a la cama a eso de la 12. 30 de la madrugada, pero con un solazo de miedo, pues aquí hay sol las 24 horas al día, y eso dificulta el sueño, altera los biorritmos naturales, y el cuerpo no sabe si es de día o de noche, eso agota.

Por la noche hemos pasado un frío increíble, yo creo que ha sido de la peores noches de frío de toda mi vida. Al final termine, y no es una broma, en el saco de dormir de Maria a ver si cogia calor, y ella en vez de darme una patada en el trasero, no me a puesto resistencia, porque ella estaba mas congelada que yo. Así que usamos lo más práctico que es dormir dos en el mismo saco de dormir. Emilio también se queja del espantoso frío de la noche por decir algo, pues os recuerdo que hay sol las 24 horas. Solo Ramón dice: una noche normal, de las típicas del ártico. A este hay que darle de comer a parte, esta hecho de una manera increíble al frío.
Por la mañana hemos decidido entrenar con el trineo en los alrededores de la base, para saber como funciona la técnica de arrastre del trineo, trucos, y ver que funciona y que no, del material. Han sido dos horas muy valiosas, donde aprendimos a manejarnos con los skies y el trineo, y donde me he podido dar cuenta del sufrimiento que nos espera, al caminar con el pesado trineo arrastras durante muchos kilómetros, superando si podemos la diferencia de la deriva, aguantando un intensísimo frío de -35ºC, casi constantes, sabremos como protegernos del viento que hace caer la sensación térmica a niveles casi insoportables, donde el sol que no calienta te rompe los bio- ritmos, y donde la humedad muy acentuada hace que los -.35º C sean una pesadilla, congelándolo todo, formándose continuamente hielo en toda la cara que esta expuesta al exterior, cuando respiramos, teniendo que tener a mano un cepillito de raíz para quitar el grotesco hielo, y tapando las pestañas cada hora con la manopla para deshacer el hielo que se forma sobre estas.

Resumiendo, pienso que será una pesadilla luchar contra tantas cosas en contra, bajo un hielo que en ocasiones tendrá a penas 15 centímetros de grosos, y que se ondula al caminar, o en otras ocasiones sortearemos canales de agua liquida con el invento anfibio de Ramón, siempre que la dichosa deriva nos deje a aproximarnos al Polo Norte.

De momento aquí seguimos en la base en compañía de unos americanos que están experimentado sobre el cambio climático con un montón de cacharros tecnológicos que es alucínate verlos trabajar sobre la banquisa de hielo. Otro grupo de canadienses que están en lo mismo, y el grupo de rusos que andan a su bola, sin hablar ni papa de ingles y que te miran con la indiferencia de los tipos rudos.

Ya hemos instalado nuestra tienda de campaña con más pena que gloria al darnos los novatos, cuenta de lo que tenemos que trabajar en el futuro para poder afrontar cada etapa con éxito. El solo hecho, de quitarte las manoplas y ponerte los guantes para trabajar, se te quedan los dedos blancos y sin tacto del frío tan horrible que hace, pero que tenemos que realizar todas las tareas diarias con una disciplina militar si queremos salir de este lío sanos y salvos y con el Polo Norte conseguido. Será duro, muy duro, pero como dice mi abuela: -Sarna con gusto no pica-

Estar atentos a las siguientes crónicas, prometen tensión e incertidumbre.

Jesús Calleja a tan solo 180 kilómetros del Polo Norte.