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Picos de Europa, vértigo en el Naranjo 08.2012

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La cima del Naranjo de Bulnes, la pared de 550 metros más radical de España, espera a que Jesús Calleja y su equipo la escalen con las condiciones climatológicas más adversas que se puedan imaginar.

> CIMA INVERNAL CON ROPA DE VERANO

La naturaleza, amigos, es imprevisible. A nosotros un día de verano se nos convirtió de pronto en uno de pleno invierno, pillándonos a 400 metros del suelo. Así es la aventura, pero podemos decir, con los dedos helados… ¡desafío conseguido!
El día de la aproximación al refugio del Urrilleu, en la base del Naranjo, disfrutamos de un clima espléndido. Cuando llegamos el sol le daba directo a la cara oeste del Naranjo y la visión era espectacular ¡Era imposible imaginar lo que nos esperaba!

Esa noche, de pronto entró una anomalía térmica, una vaguada de aire frío por el este, que bajó la temperatura a cero grados. Esas eran las peores condiciones posibles para nuestro objetivo. Queríamos subir ese paredón de 550 metros “en libre”, es decir, sin colocar en la pared piezas de acero que nos sirvieran como escalones. En libre solo podíamos usar los pies y las manos, pero con mucho frío la goma de los pies de gato no funciona bien y las manos y los músculos están rígidos y sin tacto.

Mientras preparábamos el equipo por la mañana nos encontramos con dos cordadas que habían intentando escalar a primera hora ¡y se habían tenido que dar la vuelta! Nos dijeron que llegar a la cima era una carambola muy peligrosa, pero estábamos super motivados y con una gran determinación. Nos pusimos toda la ropa que teníamos, que era de verano y empezamos la faena.

Desde el primer largo esta escalada es durísima. Es una pared que empieza vertical y rápidamente, a partir de los 50 metros, se convierte en extraplomado, es decir, que teníamos que escalar con muchos grados de inclinación negativa. A partir de ese punto había que darlo todo, y se convirtió en un drama porque los músculos estaban fríos. Lo peor era que la roca estaba helada y nos dejaba las manos insensibles como el corcho.

Ninguna de las dos cordadas de esta mañana había llegado a la tercera reunión, que es donde empieza la parte más técnica. Nosotros llegamos haciendo un esfuerzo extraordinario, con ganas de que vierais la dificultad de esta pared increíble; había que seguir, ¡y seguimos!

El frío era terrible, puede que por eso se nosrompiera un mosquetón y un friend (una pieza de acero que se empotra en la pared para colgarte de él). Jamás en mi vida había visto romperse un friend. Roberto se quedó colgado de un seguro mínimo, sin poder moverse y gritándome que no se me ocurriera moverme un centímetro. Fueron momentos muy delicados a mucha altura.

Al comenzar el cuarto largo (la vía Murciana 78 se divide en 13 largos, o segmentos de distinta dificultad) entró un viento que bajó aún más la sensación térmica. Conseguimos llegar al final del sexto largo donde hay una repisa diminuta y donde habíamos previsto pasar la noche. Mi hermano Kike y Julio, otro amigo, habían subido hasta la cima por la cara sur, que es más fácil, con todo el material para pernoctar y ahora tenían que rapelar hasta nuestra repisa. Desde ese punto Julio continuó rapelando hasta el suelo, mientras que Kike durmió con nosotros para continuar escalando hasta la cima.

Los problemas no habían terminado, claro, los sacos de dormir ¡eran de verano! Pasamos tanto frío que casi no pegamos ojo. Creemos que en esa repisa no ha dormido nadie, porque es muy estrecha. Nosotros cuatro nos apretamos unos contra otros y aún así teníamos medio cuerpo fuera. ¡Por lo menos nos dábamos calor! A pesar de lo mal que lo pasamos, nos sentimos afortunados, porque el viento despejó las nubes y disfrutamos de la puesta de sol, y de un cielo plagado de estrellas. Fue una de las visiones más bonitas que yo he tenido nunca del Naranjo de Bulnes.


La mañana siguiente fue igual de gélida. Al ser la cara oeste el sol no da en la pared hasta las tres de la tarde. Hicimos los largos que nos quedaban hasta llegar al último. Me tocaba a mí ir primero buscando la ruta. Era un largo muy muy expuesto, con muy pocos seguros donde anclar la cuerda y sin fisuras en la roca donde meter nuestros propios seguros. Hubo un momento en que estuve a 30 metros del seguro y 45 metros de la reunión (que es un seguro de acero extrafuerte clavado en la roca, que hay al final de cada largo). Si me hubiese caído es muy difícil que el seguro o la reunión hubiesen resistido el impacto y las habría arrancado de cuajo. No sería la primera vez que cae el escalador, el seguro, la reunión y su compañero de cordada todos para abajo.

Con esa presión me despisté y perdí la ruta. En ese punto la pared es muy ancha y parece igual, y como no hay seguros que marquen el camino es fácil perderse. Tuve que destrepar, con un cansancio y un frío insoportables, para empezar el largo casi desde el principio. Fue un momento de mucha tensión, muy adrenalítico, sin duda el más delicado de los dos días de escalada.
En esos casos solo vale hacer de tripas corazón, mentalizarse que hay que empezar de cero, y seguir escalando, y escalando, y escalando… porque entonces llegué a la cima. Tenía los dedos morados pero de nuevo era un ¡desafío conseguido!