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Congo, volcanes explosivos 02.2012

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En la frontera entre Ruanda y Congo se encuentran dos explosivos volcanes, el Nyamulagira y el Nyiragongo. Vamos a comprobar si los dos volcanes más activos de África son una amenaza para un millón de personas.

 

> EN EL INTERIOR DE LA CALDERA ARDIENTE MÁS GRANDE DEL PLANETA

A las 03:00 de la madrugada salíamos del cráter del Nyiragongo mi hermano Kike, Emilio y yo con las mediciones de gases realizadas, todos los experimentos concluidos, y sanos y salvos, lo que no veíamos tan claro apenas unas horas antes... 

Tras equipar los primeros tramos hasta la plataforma Uno del interior del Nyiragongo, a 350 metros hacia el interior del cráter, volvimos al día siguiente a la carga en nuestro objetivo de descender hasta la segunda terraza, a escasos 120 metros del lago de lava más grande del planeta.

Habíamos hecho ya los porteos de tiendas, material para dormir en ella, agua... y descendíamos de nuevo llevando encima el equipo para tomar muestras –como ya sabéis, se decidió que Pedro Hernández y David Calvo, los vulcanólogos canarios, no descendieran porque vimos que el rápel era muy complicado para alguien sin experiencia-.Llevábamos encima aparatos que nos iban a permitir hacer mediciones de los gases emitidos por el volcán y recoger muestras de este gas en unas botellas especiales, tratadas con plomo, para la captura de helio y de los gases de las fumarolas. Esto era esencial para nosotros, era nuestro objetivo en este desafío tan unido a las labores científicas de esos dos prestigiosos vulcanólogos.

Bajábamos hacia el interior de la caldera ardiente más grande del planeta más motivados que nunca, porque habían empezado a dar sus frutos los experimentos que estamos haciendo en los dos volcanes más activos de África: el material obtenido en las mediciones que hicimos en el Nyamulagira ya ha sido procesado, ya se sabe la cantidad de toneladas de dióxido de azufre que emite este volcán: 1.500 toneladas al día. Son los primeros estudios que se hacen en el Nyamulagira, el más activo del continente africano. 

Y en el Nyiragongo íbamos a tratar de hacer esas mismas mediciones, pero más exhaustivas. E íbamos  a tratar, además, de “cazar” una fumarola, lo que ayudaría a conocer el nivel exacto de actividad del volcán. Estas fumarolas salen de dentro del volcán o de las paredes verticales del cráter y, para pillarlas, había que descender hasta la altura de la plataforma nº2, a unos 400 metros del borde del cráter. 

Pues bien, comenzamos el descenso hacia la P1 y notamos que las cuerdas estaban tensísimas, cuando las habíamos instalado dejando mucha holgura, para poder trabajar bien en ellas, rapelar y utilizar descendedores. Y estos ni siquiera nos cabían, tuvimos que bajar con un  pasamanos.

Al parecer, como supimos después por los vulcanólogos, era probable que hubiera habido un pequeño terremoto y se hubiera “estirado” el cráter. Esto explicaría lo que nos sucedió poco después..

Llegamos a la P1 y primera sorpresa: los grajos se han comido toda la comida que habíamos bajado para las 24 horas que íbamos a pasar dentro del volcán (¡empezábamos bien!), por radio pedimos algo de comida para resistir, y ¡zas! conseguimos cazar el paquete que nos tiran desde el borde y todos contentos...de momento. Amarramos todo, tiramos todo a la plataforma 2 (P2), y cuando está Kike poniéndose el descendedor para bajar por la cuerda (iba a ser el primero) empezamos a ver caer una piedra, y otra, y otra... levantamos la vista para observar la trayectoria de las piedras y poder esquivarlas ¡y vemos cómo una auténtica avalancha de rocas se nos cae encima! 

Fueron instantes, minutos, de una confusión tremenda, no sabíamos dónde meternos, ahí, en la vertical, a un centenar de metros en el interior del cráter... En lo que tarda Kike en quitarse el descendedor, Emilio salta de la roca en la que estaba grabándole, consigo encontrar un agujerillo detrás de una gran roca; nos refugiamos como podemos mientras veíamos caer piedras enormes sobre nosotros, a nuestros lados y en medio de un estruendo ensordecedor (¡lo vais a poder ver todo en el programa porque está todo grabado!).

Una piedra gigantesca impactó en un lateral de la que estábamos refugiados, se rompe, se desmorona todo y cae sobre la P2 con un ruido tremendo. Otra piedra impacta en las cuerdas (a medio metro de donde estábamos) que habíamos instalado para descender a la segunda plataforma y las destroza, y vemos con horror cómo la bobina de cuerda ¡¡¡¡cae al vacío!!! Hemos grabado todo, Emilio no dejó de grabar la avalancha, cómo se corta la cuerda... ¡todo! y los gritos de desesperación, porque nos daba pánico que colapsara alguna sección del cráter y quedarnos atrapados bajo toneladas de roca.. 

Fueron solo unos minutos, pero quizá los más angustiosos de nuestras vidas. A esa avalancha le sucedieron dos más, no cesaban, no era normal lo que estaba pasando. Caían donde estábamos nosotros, porque el único lugar por el que se podía rapelar es un cono de deyección de avalanchas.

Tan pronto pudimos salir de nuestro precario refugio comprobamos cómo había quedado todo, lo que habíamos perdido, el material...  y nada se podía hacer, así que subimos de nuevo. Sin muestras, sin material, asustados...  y ya casi de noche. Rápidamente nos pusimos de nuevo en marcha y decidimos descender a por las muestras de fumarolas. Se habían abierto nuevas después de las avalanchas, en la pared, lo que complicaba aún más el descenso, que íbamos a hacer ya totalmente de noche.

Nos ponemos los frontales, cogemos el equipo y descendimos a unos 230 metros del lago de lava, hasta una repisa mínima en la que estuvimos 4 horas hasta poder cazar las fumarolas, y  envasarlas. Pero lo conseguimos, ¡pudimos recoger hasta 3 muestras descontaminadas! 

Fue un trabajo muy duro, en un lugar que es puro veneno: trabajando con máscaras antigas, en medio de gases hipertóxicos como el ácido sulfhídrico y el dióxido de carbono... pero fue un trabajo impecable, y que merece la pena: estos datos serán enviados inmediatamente a Tokio e Italia para su análisis, y posteriormente, junto con el cúmulo de total de datos, los vulcanólogos españoles informarán a la comunidad internacional y enviarán las conclusiones al Observatorio Vulcanológico de Goma.

Podrán esclarecer dudas tan importantes como el nivel de actividad, o el riesgo de que vuelva a producirse una erupción tan devastadora como la vivida en Goma en el 2002.    

Limpiamos todos los restos de nuestro equipo roto en la primera plataforma para no dejar rastro de nuestro paso por el volcán y subimos, emocionados y muy contentos de los muestreos realizados, de estar a salvo, y de poder gritar junto a los vulcanólogos canarios ¡Desafío conseguido!   

Y de un desafío conseguido a otro que está en activo y que por fin veré desde casa, en León: Desafío Everest, amigos, próximo domingo, en Cuatro ¡no os lo perdáis, os espero!

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