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Wadi Rum, escalada entre las dunas 06.2011

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Jesús parte a Jordania junto a su hermano Kike y Emilio Valdés hacia su nuevo desafío, que les espera en lo más profundo del desierto  jordano.

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> JORDANIA: CAÑONES Y PAREDES VERTICALES?

Hola amigos, ya estamos metidos de lleno en otro desafío extremo... Nos hemos venido a Jordania para escalar una pared vertical de 450 metros, tan compleja y difícil que emplearemos la técnica del Big Wall, o artificial de grandes paredes. Es decir, que la escalada será tan compleja y vertical que tendremos que emplear material especial para progresar por paredes verticales y extraplomadas.

La tendencia universal es la escalada libre, en la que sólo se emplean materiales en la pared para asegurarse, pero la escalada artificial o la mezcla de ambas es menos conocida y practicada.

En el equipo Desafío Extremo teníamos muchas ganas de aventurarnos en una de esas grandes paredes de escalada artificial combinada con libre, y además queríamos ponerle nuestra firma, es decir, complicarlo un poco más, de ahí que decidiéramos venirnos al desierto del Wadi Rum en Jordania, un desierto donde casi nunca llueve, y donde el sol golpea en estas fechas sin piedad.

Por delante tenemos una perfecta combinación: escalada extrema de artificial y libre, mucho sol y aún más incertidumbre de si lo lograremos...

Son tan complicados estos 450 metros, que nos llevarán como mínimo cuatro días de escalada y tres noches que pasaremos colgados literalmente de hamacas instaladas perpendicularmente a la pared.

Tendremos que escalar, comer, cenar, cagar, mear y dormir en la pared, y portear unos 180 kg de peso a través de toda la ruta, pues seremos autosuficientes, teniendo que llevar entre otras cosas 50 litros de agua, y unos 600 metros de cuerda, muchos kilos de material de escalada, gas, comida, etc..

Todo hay que subirlo en diferentes macutos por la pared; no sólo se escala, si no que hay que elevar a puro músculo todo el material pesado siempre hacia arriba.  Para poder hacer tan tremendo esfuerzo y salvar la dificultad de la ruta, se ha venido con nosotros uno de los mas expertos escaladores de artificial del mundo, se llama David, o mejor dicho le llaman: Pelut (el pelos), ya le conoceréis... también, siempre que hay cuerdas por medio está mi hermano Kike  y por supuesto mi cámara y amigo Emilio Valdés. Pelut, Emilio y yo escalaremos la vía o itinerario conocido como “Inshallah Factor”, algo así como “Dios proveerá...”

Kike, entre muchas de sus funciones, será nuestro enlace con el campo base; nos suministrará lo que podamos necesitar, y sobre todo estará vigilante ante  cualquier cosa que pudiera ocurrir dada su dificultad. Se queda con unas ganas enormes de escalarla, (que sin duda lo conseguiría) pero somos un equipo y su misión es necesaria esta vez en el campo base. No sólo escalaremos esta pared, si no que además lo filmaremos, lo cual le añade un punto más de dificultad, al tener que alterar la función normal de la cordada, ya que Emilio se situará siempre junto a la máxima acción.

En definitiva, que por delante tenemos una escalada brutal en uno de los desiertos más calurosos, y ya entrando de lleno en el verano.

Os tengo que decir que Pelut, que le hemos conocido hace poco, no deja indiferente a nadie...es todo un personaje, pero toda una experiencia conocerlo. Además de reírnos hasta hartarnos con sus increíbles historias, estamos “obligados” a conocernos mejor, sobre todo él y yo. Es muy importante que “conectemos”, es decir, que seamos capaces de entendernos a la perfección en el mundo vertical, ya que nunca antes hemos escalado juntos. Él pone su vida en mis manos y yo la mía en las suyas, pues nos aseguraremos unas veces yo a él, y otras él a mí.

Sin duda tenemos que hacer alguna actividad juntos antes de meternos en el proyecto de “Inshallah Factor”. Por lo tanto decidimos que Kike, Emilio, Pelut y yo, descendamos uno de los numerosos cañones junto al Mar Muerto.

El Mar Muerto es un lago que se sitúa como el punto más bajo de la Tierra, se encuentra a 416 metros por debajo del nivel del mar, tiene 66 kilómetros de largo, por 16 de ancho, alcanza los 377 metros de profundidad máxima y tiene un 33,7% de sal, lo que hace que flotes “sin querer”, no hay manera de bucear ni sumergirte debido a su altísima salinidad y por lo tanto densidad. Es el segundo lago más salado de la Tierra.

Las únicas aportaciones de agua a este infernal lago (y lo digo porque siempre hace un calor abrasador) son el río Jordán y los cañones que desaguan en la costa. Aun así, es tan poca la aportación de agua que el lago está descendiendo su nivel a razón de un metro al año. Una vez más el clima mundial cambia de una manera atroz por el efecto directo del hombre, el terrorífico “cambio climático”.

Pues en esta curiosa zona existen cañones impresionantes, muy escabrosos, que requieren de material de escalada para descenderlos. Existe una guía de estos cañones, que han adquirido fama mundial por su grandiosidad, pero nosotros hemos decidido adentrarnos en uno del que no hay información. No aparece en las guías de cañones, y casi no existen referencias, incluso sabemos que no está equipado, es decir: nadie ha instalado seguros para descender sus rápeles, aunque hemos sabido que ya se ha descendido.

Sólo sabemos que hay entre 7 a 9 rápeles, que alguno tiene casi 100 metros, que es radical, y no hay seguros instalados. Decidimos que ese será nuestro objetivo, adentrarnos, explorarlo, descender los casi 700 metros de desnivel y salvar todas sus dificultades, teniendo que instalar los rápeles que sean necesarios.

Para ello cargamos con dos cuerdas de 100 metros, y todo el material necesario para equipar la ruta.

Un día antes salimos de Amman hacia el Mar Muerto en dos vehículos 4x4 que hemos alquilado desde la capital de Jordania, por cierto, una hermosa y pacífica ciudad de gentes afables. Montamos un campamento en mitad de la nada, situándolo a la entrada del cañón, o Wadi como aquí se les llama. No hemos instalado las tiendas de campaña, así que tiramos nuestras colchonetas sobre el polvoriento suelo, teniendo las estrellas por techo.

Antes, una cena que nos cocinó un beduino que contratamos para que nos ayude con la logística exterior, y a la luz de la hoguera, lo mejor de todo: las tertulias entre amigos. Y digo amigos, porque además de estar conociendo a Pelut, también nos acompañan dos aventureros de la zona que tienen una pequeña agencia de viajes donde te dan logística necesaria para realizar proyectos como el nuestro.

Son casi pioneros en este tipo de deportes de aventuras en Jordania, y además están encantados de acompañarnos, pues dicen que nunca antes nadie les había contratado para realizar esta pedazo de aventura tan radical en Jordania, y como ellos dicen, van a aprender mucho. Se llaman: Rakan y Rashan.

Como os decía, qué bien lo pasamos al anochecer hablando, riéndonos en esas largas tertulias que siempre nacen a la luz de la hoguera. Desde la posición en la que nos encontramos tenemos el privilegio de ver las luces de la otra orilla del Mar Muerto, se ven sin problemas las míticas ciudades de Jerusalén y Jericó.

Y allí, embobados, cenado, y contemplando estos lugares bíblicos, un aullido de hiena nos dice que hay que levantarse a las cinco y media de la mañana para emprender este descenso. A Pelut no le ha hecho nada de gracia la hiena, así como comer las típicas comidas locales, que al resto de nosotros nos apasionan, pero Pelut es Pelut, y él es el contraste entre nosotros, que comemos lo que nos pongan y él, que sólo comió patatas fritas y Coca Cola, de las que ha hecho un fuerte acopio!

Por cierto le dio otro siroco: no sé que aberrunto le dio a eso de las 12 de la noche y se “piró” a dormir al coche. Por la mañana dijo algo de que si la lluvia nos arrastraría, que las hienas no le molan nada, y aún menos las serpientes que abundan en este ecosistema.

Que tío tan curioso…

Amigos, la primera sorpresa ha sido que durante la noche, se levantó un fuerte viento que nos metió la arena dentro del saco, pero no termina ahí todo. Lo que ocurrió además, es que ¡nos llovió! Resulta que aquí sólo lo hace en contadísimas ocasiones con tan solo una media de 22 días al año, y nos tocó, ¿que os parece? si es que siempre la estamos liando…

Amaneció a eso de las 5.15 de la madrugada, y a las 5.30 estábamos desarmando el campamento y desayunando un típico desayuno jordano a base de diferentes salsas que, con pan de chapati recién horneado, vas mojando y combinando salsas que suelen estar algo fuertes, pero muy sabrosas, y todas se aderezan con puro aceite de oliva. Todo un desayuno energético. Por supuesto Pelut ni lo tocó, él de nuevo patatas fritas, esta vez de un horroroso envase de color verde que anunciaba algún extraño y artificial sabor, y por supuesto, su Coca Cola..

Y hacia las 6.45 am, ya estábamos a pie del cañón. Un vistazo por encima, nos damos cuenta que no será tarea fácil, 700 metros de desnivel y rápeles sin duda largos y con dificultad.

El wadi o cañón es muy abrupto, y desde el primer metro ya hay que agarrarse a todo lo que puedas; se estrecha, se hace más angosto y los guijarros te cortan a poco que te descuidas, pues la erosión hace que estén afilados como cuchillas. Hay poco sedimento en el lecho del cañón, lo que nos indica que no son frecuentes las riadas, pero lo que sí es frecuente todos los días son las altísimas temperaturas.

A las 7 de la mañana ya había 30ºC, y a las 8 am 37ºC, y a las 9 am, 43ºC... además, a medida que descendemos aumenta de una manera exponencial la humedad, llegando a superar el 50%, por la fuerte vaporización del Mar Muerto que es donde desemboca este cañón. Esto hace que la sensación de calor sea aún más fuerte. Sudamos de una manera incontrolada, y los 3 litros que llevamos por persona se nos antojan escasos.

Sin duda este calor nos está condicionando el descenso, consumiendo a gran velocidad la energía.

Ahora nos damos cuenta de que la escalada en el desierto del Wadi Rum será mucho más seria de lo que esperábamos, y esto, sin duda, lo puede condicionar todo, o al menos será uno de los factores decisivos de si si, o si no, en nuestro espectacular proyecto.

 

Pronto llegan los abismos, y el primero es un gran rápel de casi 100 metros según calculamos. Y por supuesto no hay ningún anclaje, pues repito, este es uno de los cañones mas desconocidos de Jordania.

Pelut saca los “cacharros” y empieza a burilar, es decir, a hacer un agujero de unos de 10 cm, donde colocaremos un expansor que, al atornillarlo, queda fijado inamovible en la roca. Siempre se colocan dos por si fallase alguno, ambos se unen con cordino, y sin pensarlo, a rapelar.

¡Uf ! da “yuyu”, porque casi todo el rápel es volado, es decir que no tocas la pared, desciendes en el vacío, y a eso nunca te acostumbras, la gravedad tiene esa curiosa costumbre de tirar siempre hacia abajo y cuando no tocas nada, el córtex cerebral te dice ¡huy! no me gusta, despierta alertas y te pones tenso, pero ¡joder! si lo he hecho innumerables veces, pero da igual, el cerebro -que es muy sabio- te dice: “déjate de rollos y termina el rápel de una vez”.

 Así se suceden los tramos del cañón: más estrecheces, lugares angostos, descensos de más rápeles, hasta completar unos 7, pues otros dos los destrepamos. Luego el calor aumentó, y aumentó más, hasta hacerse insoportable. Entonces sí que llegamos a los 44º C, al 50 % de humedad, y sin entrada de aire, pues el cañón es tan cerrado que no hay corrientes.

El sudor empieza a producirse de manera continua, ya no hay tregua, te sale sudor de cualquier lugar del cuerpo... y tiene que hacer muchísimo calor, pues Pelut que no calla ni para respirar, ahora está en silencio y se le han desmangado los pelos de la cabeza.

A Kike se le arruga el ceño, y todos miramos donde habrá un retazo de sombra para meter aunque sea la cabeza. El sol castiga, y hacia el medio día es mortal. Se nos están licuando los cerebros, y Pelut dice cosas coherentes y razonadas, y yo me digo “este sol tiene que ser malo, Pelut está cambiando”.

A Emilio se le está derritiendo la cámara en la mano, y la verdad que ya todos queremos terminar, estas no son horas para estar por debajo del nivel del mar en un desierto desolado, dentro de un cañón que no tiene agua, donde nos estamos achicharrando, y sin duda de los lugares del planeta donde más calor hace.

Pero como todo tiene un final, este nos llegó hacia las tres de la tarde, cuando después del último rápel, llegamos a la confluencia de otro cañón, que nos anuncia que estamos a tan solo 20 minutos del Mar Muerto y de terminar esta primera aventura iniciática en los desiertos de Jordania.

Lo mejor ha sido que, además de ser espectacular, sobre todo, hemos conseguido completar con éxito un casi desconocido cañón con rápeles vertiginosos, nos hemos conocido mejor con Rakam,  Raslam, y vemos que la forma de trabajar de Pelut y la nuestra no difiere demasiado, lo que nos hace ser optimistas para encarar con más fuerza este pedazo de desafío en Jordania.

La suerte está echada, nos vamos a por el desafío ¡¡¡amigos!!!

Antes nos quedan unas jornadas donde, con los vehículos 4x4, atravesaremos un desierto de roca, después otro casi plano, hasta llegar al desierto de dunas, donde pasaremos la noche en estas formaciones. Al día siguiente, continuaremos la travesía hacia el desierto del Wadi Rum, hasta llegar a un punto donde hemos quedado con un personaje de Jordania que tiene un globo de aire caliente y un ultraligero, desde donde haremos un salvaje vuelo en este caluroso desierto para filmar la zona donde escalaremos (ya sabéis que nunca llegamos a los sitios de una manera lógica, nos gusta complicarnos, ¡así siempre vemos el lado más salvaje!), y en otra jornada más llegaremos al lugar más inhóspito de este desierto de Wadi Rum, donde viven algunas tribus beduinas autenticas. Conviviremos con ellos todos los días de expedición, pues  montaremos allí el campo base, y nos pelearemos con nuestro objetivo: la temible pero bellísima línea vertical de “INSHALLAH FACTOR”.

Amigos os lo iré contando puntualmente.

Jesús Calleja desde los tórridos calores de los desiertos de Jordania

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