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Amazonas en globo. Aterriza como puedas 02.2011

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De nuevo embarcados en una apasionante aventura, esta sin duda va a resultar impredecible… Queremos hacer un vuelo en globo en plena selva del Amazonas y además batir el récord del mundo de distancia en vuelo en un globo de aire caliente.

> CHUTE DE ADRENALINA MÁXIMA

Hola amigos, el día de hoy ha sido de lo más adrenalítico de mi vida…

Ayer por la mañana, se decide que será mi día de la suelta, es decir tendré que volar solo en el globo, miento, estará  Emilio, que filmará lo que ocurra y lo que nos ocurra, qué tío, qué valor tiene, yo no lo haría… Casi no duermo de los nervios, imaginaros, que sólo he tomado dos clases de vuelo en globo y ahora tengo que hacerlo solo, y en un lugar donde nadie vuela, el Amazonas, porque no hay lugares para aterrizar: o en el agua o en los árboles…

Cargamos las lanzaderas (canoas con motor), y localizamos un lugar donde pensamos que los vientos me llevarán a otra posición que más o menos tenemos calculada. Descargamos todo, instalamos el globo, tarea siempre tediosa, y cuando está el globo montado y casi inflado, Ángel, Miquel y Carles, deciden que no vuele, se ha levantado viento y sobre todo, hay fuerte térmica. Yo que estaba con los nervios de punta…, y ahora se cancela, pues nada, esto es así, ya me avisaron que lo más difícil es decir que no.

Recogemos todo, lo metemos en las canoas y de vuelta a Cuieira, donde tenemos el campamento base.

El resto del día lo dedicamos a reparar el globo grande en la aldea, lo inflamos y lo atamos con cuerdas para que sólo suba y no se marche, esto se le denomina “vuelo cautivo”. Para probar la dureza de la reparación metemos gente del pueblo en el globo, les subimos  a 20 metros y les bajamos, así paseamos a toda la gente de la aldea y alguno más que llego de aldeas vecinas. Se convierte en una fiesta el pueblo, y todos disfrutamos de lo lindo.  Pero el globo reparado no nos convence del todo, lo han cosido las lugareñas, y no tenemos el material necesario de nylon, ni el cosido apropiado, son cosidos comunes de aguja e hilo, y así hemos tapado 50 agujeros, alguno de 3 metros de grande, ¡y con este globo tan precario pretendemos batir el record! así que yo lo miro de reojo a Carles, que dirigió las tareas de reparación y me responde que no le mola nada de nada el estado del globo.

 

Al atardecer se desata una fortísima tormenta (algo habitual) recogemos el globo, cenamos y a la cama, mañana madrugaremos a las 4.30h de la mañana, es decir, aún de noche, para preparar el globo y estar volando a las primeras horas del día, este será mi segundo intento de volar solo, para que me den la suelta.

De nuevo nervios, tensión, casi sin dormir, y un nuevo día…  Amanece, y seguimos el plan de anoche: llevamos todo en las canoas, localizamos otro lugar porque el viento está “raro”, algo me dice que no va todo bien…, pero decidimos seguir con el plan. Armamos el globo, y cuando estoy a punto de subirme y con la vela inflada, me dice Ángel que el viento ha vuelto a cambiar de dirección y además está subiendo de velocidad, y eso es el enemigo numero uno del globo, el fuerte viento en superficie…

Deciden que hoy tampoco habrá vuelo para mi solo, no me lo puedo creer ¡qué mala suerte! y estas indecisiones me están matando de los nervios. Después de consensuar se decide ¡que no tendré suelta solo! que lo máximo es que Ángel se monte conmigo y Emilio, y yo realice el vuelo sin que nadie me toque ningún mando, pero siempre Ángel supervisándolo todo. La verdad que me llevo una decepción, esto no es una suelta de vuelo en solitario, pero es lo que hay…

 

Despegamos sin contratiempos, y efectivamente el viento es fuerte, nos saca del rumbo que habíamos calculado, y me tengo que elevar a 200 metros para pillar algún viento que recomponga mi rumbo, y decididamente volamos para donde no queríamos, hacia el interior de la selva, pero con una sola opción de aterrizar sobre el río Negro entre selva y selva, luego no puede haber fallo o nos iremos Dios sabe dónde…

Pero ahora viene lo mejor ¡no os lo perdáis!

Cuando estoy en vuelo de crucero un fuerte viento nos lanza a 60 km/h, y después a 40 km/h mantenidos, esto es espectacular, dentro de mi siento el alivio de “menos mal que subió Ángel en el último minuto…” porque a dónde iría yo a parar solo con ese viento y con una sola oportunidad para aterrizar en el agua y no en la selva… Cuál sería mi sorpresa mayúscula y mi incredulidad, cuando veo a Ángel que se pone un paracaídas y bromea que es “por si acaso, que él nos salvaría a los dos…”

Me pregunto si será así, pero Ángel de repente se sube al borde de la cesta del globo, y sin ninguna pregunta, me dice en tres segundos: “¡Que tengas suerte Jesús¡”

¡¡Y el tío, va y se tiraaaaaaaaaaa…!!!

Me quede estupefacto yo solo en la cesta del globo, con Emilio filmándolo todo, a 40 km/h de viento y con una sola opción de aterrizar en el río Negro entre una mancha de selva y otra aún más gigantesca. ¿Os imagináis? ¿no parece una autentica pesadilla? ¿que se tire el piloto en vuelo y te diga que tengas suerte?.

Pues allí estábamos Emilio y yo, Emilio es un pedazo de profesional filma hasta el último detalle, sin protestar ante semejante situación y claro está, que nada puede hacer, así que dependemos de mi mini cursillo de dos vuelos y dos horas de vuelo…

 

Recapitulo todo lo aprendido, lo que Ángel hacía, cómo lo hacía, y sobre todo me acuerdo de todos mis profesores de vuelo, tanto de estos globeros, como de mi instructor de avión Bernardo, o de helicópteros Luís, todos dicen lo mismo: “siente cómo vuela, después interpreta y finalmente actúa.”

Cojo aire, y me pongo a pilotar, lo primero que hago es ver dónde ha caído Ángel, porque es de verdad espectacular verle tirarse por la barquilla y después de un vuelo corto (se tiró el bruto desde sólo 200m), aterriza en la selva, ¡y queda colgado de los árboles! Informo por radio en qué posición más o menos ha caído, que el aterrizaje no ha sido bueno y creo que tiene problemas. Después me centro en resolver el mío, veo al fondo que se termina la mancha de selva, observo el río Negro y al fondo de la otra orilla la selva más salvaje que os podáis imaginar. Decisión inmediata: perder altura, pero con una velocidad vertical de máximo 1.5 metros por segundo, algo que es difícil de calcular, y lo hago abriendo un poco la parte alta del globo (se llama paracaídas), que es por donde se escapa el aire caliente y el globo desciende.

 

Me pasé abriendo esa escotilla ¡y el globo empieza a caer como una piedra! Nervioso, activo el doble quemador y consigo atenuar la bajada, aún así me aproximo al río a tal velocidad que me voy a estampar, además traemos mucha inercia del descenso y del fuerte viento de altura. Me fijo en el variómetro y me doy cuenta que no conseguiré frenarlo a tiempo.

Le grito a Emilio:”¡entra en la cesta!¡ YA!”, él está colgado por fuera para hacer las tomas, se mete rápido, guardamos los instrumentos en el bidón estanco, y nos preparamos para el fuerte impacto…

Efectivamente caemos contra el agua y la cesta se llena inmediatamente, se inclina, pero consigo enderezarla sin que se apaguen los quemadores, si esto hubiese ocurrido sería fatal, porque como hinche tanto el globo para frenarlo, el efecto rebote hace que salgamos despedidos a gran velocidad de nuevo hacia arriba, y sin llama no quemo propano, y sin quemador nunca podría frenar el segundo aterrizaje… Hemos tenido suerte, pero queda lo peor… De nuevo reboto a 80 metros y ahora tengo que descender porque se me está terminando el río y me voy a estampar en mitad de la selva, así que abro la parte alta del globo (el paracaídas) para que rápidamente salga aire caliente y el globo empiece el descenso, a la vez le doy al quemador para recuperar algo de calor al interior de la vela y atenuar la bajada.

La idea parece funcionar y consigo reducir a tan sólo 0.5 metros segundo, velocidad perfecta para la toma… 20 metros, 10 metros, 5 metros, 3, 2, 1 metros y contacto.

¡Increíble, a tan sólo 20 metros de la orilla consigo posarme suavemente dejando la barquilla derecha y además mantengo con ligeros toques de gas la vela erguida para que no caiga al río!

Amigos, he hecho un aterrizaje que no se lo creen ni mis maestros, y el globo intacto, Emilio y yo a salvo, gritamos de emoción, lo celebramos, excitación, orgasmo, que más se puede decir, he volado solo en unas condiciones complicadas y he aterrizado en el afluente más importante del Amazonas tan suavemente que no nos hundimos como en anteriores vuelos, y por si fuera poco, conseguimos mantener el globo erguido para mantener la flotación hasta que vino el rescate.

Después poco a poco pusimos el globo contra los árboles de la orilla, y rescatamos el globo sano y salvo.

Pero queda rescatar a Ángel, no sabemos nada de él y esto es urgente…

Utilizamos las canoas lanzaderas y nos ayudan dos indianos de una aldea vecina que vieron todo el desenlace para adentrarnos en la espesura de la selva y localizar a Ángel, pues con los nervios se olvidó la radio, y no hemos sido capaces de contactar con él…

 

Damos pasadas por la selva anegada, estamos en la época de las lluvias y parte de la selva está inundada, en este lugar no hay casi tierra firme, todo está sumergido y los dos indianos nos dicen que es peligroso bajarse de la canoa, que está infestado de cocodrilos y sobre todo de las rayas arponeras, que están en los fondos anegados y al pisarlas te lanzan un arpón que te atraviesa la pierna, o donde te alcance.

Pero no conseguimos ver a Ángel, así que no hay más remedio que calcular el área donde ha podido caer, y prepararnos para caminar con el agua hasta la cintura y, en ocasiones, hasta el pecho. Lo hacemos por esta selva anegada, donde no se ve el fondo, las aguas como su nombre indica son negras. Caminamos sin ver nada, no sabemos donde pisamos ¿estarán las rayas debajo? ¿o los cocodrilos? ¿o las grandes serpientes del Amazonas?.

Penetramos en el interior con la ayuda de los indianos, que menos mal que nos acompañaron, porque ellos tienen su técnica de hacer ruidos y agitar el agua para espantar a los bichejos malignos.

 

Después de un buen rato ¡localizamos a Ángel!

Está colgando de un árbol, y no pudo llegar al suelo, ni ha podido cortar el paracaídas porque había mucha altura hasta el suelo, estaba al límite, las piernas dormidas y con dolores de la incómoda posición, además muy preocupado por nosotros, él no tenía noticias del aterrizaje nuestro.

A decir verdad, no creo que estuviera muy preocupado, pienso yo, porque el cabroncete se tiró sin avisar, así que, o mucho confió en mí (cosa que dudo, con sólo dos horas de vuelo) o está más grillado que nosotros, y eso es difícil…

Al final, todos contentos: globo recuperado, Emilio sano y salvo al igual que yo, Ángel vivo para lo que le pudo haber pasado al aterrizar en mitad de la selva, y yo además con la suelta en globo más espectacular que ningún alumno haya podido tener.

Todo ha salido bien, ¡y no veáis como lo celebramos!

Ahora nos hemos dividido en dos grupos: uno regresará a Manaus a cargar las botellas de propano y yo me quedaré con Javier y Emilio en otra aldea para aprender las técnicas de supervivencia necesarias para sobrevivir en esta selva tan terrible, además viviremos durante dos días con un indiano en mitad de la selva para estar a punto en estas fundamentales técnicas en el Amazonas. Tendremos que aprender a localizar comida, cazar, pescar, hacer fuego en la lluvia, orientarnos, qué tocar y qué no, afrontar cocodrilos, serpientes y otros animales peligrosos, será vital para nuestro objetivo, por si caemos en la selva.

En dos días nos juntaremos de nuevo los dos grupos y pondremos rumbo a las partes altas del río Negro a más de 500 kilómetros hacia el interior (estaremos a 2.500 km del Océano Atlántico en mitad de la nada), en la selva más hostil que existe en el planeta, para intentar algo que nadie antes lo ha conseguido y ni siquiera planteado: batir el record de vuelo en distancia y tiempo en un globo de aire caliente en mitad del Amazonas, en su parte más inhóspita.

Dependeremos sólo de nosotros, si algo sale mal, o los vientos cambian su rumbo repentinamente nunca sabremos a dónde iremos a parar, y cuando el gas se termine nos estrellaremos en la selva más impenetrable del planeta.

Si sobrevivimos al impacto, luego tendremos que caminar, nadar, y lo que haga falta, hasta encontrar un afluente que nos lleve a algún río donde el barco nos pueda rescatar. Pero depende de dónde ocurra esto, puede ser un día, dos, una semana o  un mes.

Al menos sabemos lo que hay y estamos preparado para todo, aunque no sé si para enfrentarnos cara a cara con un jaguar, una anaconda, o un gigantesco cocodrilo y aquí los hay ¡a miles!

Como veis es una de las expediciones más brutales y adrenalíticas de toda mi vida, estad atentos que lo que es una gran incógnita es el desenlace, y de momento, hasta ahora, hemos hecho cosas que nadie antes ha hecho, y lo que queda es el plato fuerte…

 

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