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Amazonas en globo. Aterriza como puedas 02.2011

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De nuevo embarcados en una apasionante aventura, esta sin duda va a resultar impredecible… Queremos hacer un vuelo en globo en plena selva del Amazonas y además batir el récord del mundo de distancia en vuelo en un globo de aire caliente.

> ¡ESTAMOS LOCOS!

Os preguntaréis el porqué del título de esta crónica, pues porque es la única verdad, locos hay que estar para volar en plena selva del Amazonas, ¡no hay dónde aterrizar! y lo hemos vivido en plenas carnes…

Nos toca uno de los vuelos largos para testar los globos con mucha carga y de paso este día me servirá para hacer acercamientos al suelo… quise decir a los ríos o las copas de los árboles, para practicar mis futuros “estrellamientos”: aquí casi nunca se aterriza.

Lo que parecía un juego casi termina en tragedia…  El día esta perfecto para volar, está cubierto con nubes medias y alguna baja, esto nos facilita que no existan las llamadas térmicas, temibles para pilotar un globo. Para que os hagáis una idea, un globo asciende y vuela si existe una diferencia de 80ºC, es decir provocamos una autentica térmica artificial.

Como ejemplo aquí hoy tenemos unos 35ºC, para que vuele el globo tenemos que subir la temperatura del globo (que se llama la vela) a ¡110 ºC! es decir, necesitamos elevar 80ºC  a los 35ºde la temperatura ambiente, pero si llega a 120 ºC, la tela del globo se funde.

Esta es otra de las enormes dificultades, cada 5 segundos hay que quemar gas para no descender, pero el globo adquiere altísimas temperaturas, lo que hace que el gas se gaste muy deprisa.

Si el gas se te gasta muy rápido, tienes que aterrizar como sea y donde sea, porque con estas temperaturas el globo sin quemar gas se desploma y sin duda te matas. Además os recuerdo que aquí solo hay agua y árboles gigantescos, pura selva.

 

Pues esto es lo que nos pasó…  El día, como decía, fantástico; despegamos sin novedad, el globo asciende suavemente y a medida que ganamos altura el paisaje es único. Se ve la selva magnifica, infinita, con cientos de ríos y afluentes por todas partes, el agua es de color cobre desde el aire, la selva parece irreal, increíble e incomprensiblemente gigante. 

Vamos avanzando a buena velocidad, yo sigo practicando ascensos, descensos, el río se convierte de repente en una especie de masa verde, que son millones de algas que crecen cuando las aguas están más paradas. En el horizonte las nubes medias, las bajas y las nieblas locales dan al paisaje un tinte tenebroso, radical, incontrolable.

Creo sin equivocarme que he hecho uno de los vuelos más especiales y fantásticos de mi vida.

Tenemos la suerte de nuestro lado y los vientos que vamos a buscar a 1000 metros de altura son nuestros aliados y nos llevan por el mismo rumbo del Río Negro, que es justo lo que queríamos, porque un poco a la derecha o a la izquierda, te adentras en una selva impenetrable, donde no existen ni siquiera poblados y por lo tanto aldeas o tribus, por lo que si terminamos en esos parajes podemos pasarlo mal, muy mal…

 

Así que de momento toda va inmejorable. Hago mis practicas, descendiendo en sendas de planeo, gracias a las perfectas indicaciones del maestro Ángel, que con sus 4.000 horas de vuelo en globo, es un lujazo tenerlo de profe, además de sentirte protegido porque Carles y Miquel están volando junto a nosotros en el otro globo, el grande, el que utilizaremos durante el récord.  Nos filmamos, fotografiamos y disfrutamos desde un globo al otro, con el pedazo de paisaje bestial a los pies, a la izquierda, a la derecha o hacia arriba, allí donde mires es perfecto, es como dice mi amigo Emilio: poesía.

¡Ya le voy pillando el rollo a esto! Aunque es difícil de verdad, muy complicado manejar un aparato que vuela pero que sólo sube o baja, no se dirige. Llegamos incluso a tocar con la cesta en el río Negro, lo surfeamos metiendo la cesta un metro en el agua, y después nos elevamos, vamos, una sobrada…

Cruzamos islas, selva, ríos, y continuamos el curso hacia el oeste, cuando Ángel me dice que sólo nos queda botella y media de gas, de las seis que tenemos. Ángel cambia el gesto de relajado, por el de: ¡en guardia¡, ahora hay que pensar en descender, llevamos dos horas volando, y sin duda ya me he convertido en los segundos en el mundo que más kilómetros y tiempo vuelan en la selva del Amazonas, a si que ya es un record.

Ahora hay que buscar dónde aterrizar, y esa es la cuestión…

Yo sigo pilotando, porque Ángel no quiere que suelte los mandos y siga practicando a pesar que tendría que hacerlo él, pero está forzando mi curso, en sólo dos días más tendré que volar solo el globo, lo que se conoce como “la suelta”. Nos coordinamos con el otro globo, y para desgracia de ambos globos, no hay más que aguas del río Negro, o la pura selva con árboles de 40 metros, así que está claro: hoy nos estrellaremos con control…

Deciden por radio que sea en el río Negro. Estamos muy lejos de la aldea Cuieira, y hay que estrellarse…

Empezamos nosotros suavemente, y después lo hará el otro globo, para ayudarnos entre todos. Después damos coordenadas y posición a nuestro pequeño barco y a las dos “voladeras” como se llaman a las canoas estrechas y rápidas. Ellos tendrán que llegar lo más rápido posible, porque se puede hundir globo, la cesta y nosotros si  o nos rescatan rápido, todo se irá llenando de agua y sin duda terminará en el fondo.

Ya estamos cerca del agua, un poco más, un metro, medio metro le “canto” a Ángel. Nos preparamos para caer en el río, y ¡horror! el viento en superficie es más del esperado, Ángel nos alerta y nos dice que nos la vamos a pegar de lo lindo. Nos sujetamos fuerte y llega el trompazo, pedazo de choque contra el agua, en 5 segundos la cesta esta llena de agua, nosotros logramos salir, mientras la cesta empieza a rotar, es vital no quedar debajo, porque nos podemos quedar dentro y boca abajo en el río..  Nos revolcamos sin abandonar la cesta pero de alguna manera Emilio, Ángel y yo salimos despedidos, el globo sigue acelerándose, no para ¡horror! nos arrastra sin parar y la cesta hace cosas raras, las cuerdas se enredan entre la cesta debajo del agua y lo peor de todo es que empiezan a echársenos encima.

 

Si esto fuera poco, pues no doy crédito a lo que está ocurriendo, veo por el rabillo del ojo al otro globo que viene hacia nosotros sin control, rebotando en el agua y más deprisa que el nuestro. Me quedo en blanco cuando en un visto y no visto, la cesta se nos viene definitivamente encima, finalmente nos arrolla, justo me da tiempo a gritar a Emilio y la esquiva por 5 cm. Yo me preparo para hacer lo mismo, pero sorpresa…

Algo se me enreda en un pie y sobre todo en el cuello, es la maldita cuerda por la que Emilio salio del globo en vuelo para hacer unas tomas espectaculares, que ahora culebrea salvaje por el agua y se va enredando a todo, entre esos enredos está mi cuello.

No sé cómo pero en un segundo noto la cuerda al cuello, se tensa, hasta casi ahogarme, y como el globo no ha perdido velocidad y sigue avanzando, la cuerda se ha enganchado en los bajíos del río, se tensa y yo horrorizado me hundo sin poder hacer nada.

Tengo una cuerda al cuello, otra en el pie enredada y me hundo unos 4 metros y quedo atrapado bajo el agua. Abro los ojos y todo esta casi negro, me envuelve agua rojiza, y algas que crecen desde el fondo que también empiezan a enredarse, que situación tan complicada y terrible… Con gran desesperación pasa el tiempo y no consigo desenredarme, me queda un minuto de vida y me afano en sacar la cuerda del cuello, que consigo con gran dificultad.

Arriba Emilio, que vio a qué velocidad me sumergí, al igual que Ángel, me están buscando pero yo he quedado atrapado a 50 metros de donde paran ellos. Sigo casi en el fondo del río pero consigo zafarme de la cuerda asesina y nado hacia arriba con gran dificultad porque la del tobillo sigue enganchada, pero tengo que salir del agua, me estoy ahogando…

Con gran apuro llego a la superficie, y grito con desesperación para que me oigan y me ayuden, sigo con un pie enganchado a la cuerda haciendo mucha fuerza sin poder quitármela de encima, me exige mucho esfuerzo y me estoy agotando, veo que se acerca una de las “voladeras” (la canoa rápida) y me agarra una mano que tira de mi y no pueden ni ellos en un primer intento de sacarme, porque la cuerda en el tobillo hace mucha fuerza, además  tengo decenas de algas gigantes enredadas. En un segundo intento consiguen alzarme en la canoa.

Me quedo pálido, agotado, no doy crédito de lo justito que he estado. Mi reflexión inicial es que me quiero ir, no quiero más globo en la selva, casi me mata. Solo de pensar que además de lo que ha pasado, este río está infectado de cocodrilos, rayas arponeras, peces eléctricos, boas constrictor, anacondas, y mil bichejos más…

Después me sereno y nos vamos juntando todos en el barco grande que llega después de un rato, pues estamos los tripulantes de los dos globos cada uno por un sitio. Los dos globos están hechos un desastre, uno más que el otro, las cestas hundidas, las botellas de gas colgando de las cestas, todo boca abajo, los globos entre el fondo del río, y los árboles vecinos, todo lleno de algas.

 

Por delante tenemos trabajo casi hasta la noche, y eso que ahora son las 11 de la mañana para sacar todo del río de mala manera.

Hay que bucear para meternos en las cestas sumergidas, descolgar las botellas de propano, sacarlas del fondo, rescatar los bidones estancos con el material, sacar las propias cestas, y la gran odisea de recuperar la vela del globo, que al ir sacándola se hace una gigantesca bolsa que almacena toneladas de agua, que van desgarrando la tela y haciendo boquetes.

 

Al globo pequeño conseguimos recuperarlo -con desperfectos- más o menos aceptable, pero el grande está destrozado, más de 50 agujeros, algunos de tres metros, un auténtico desastre, está casi inutilizado.

Y este es el globo con el que tenemos que batir el record. 

Casi de noche alcanzamos la aldea de Cuieira, descargamos todo el material recuperado, con la ayuda de las gentes de la aldea. Ronda una ambiente pesimista, está todo en muy malas condiciones, no tenemos hasta este momento idea de si podremos recuperar el globo principal. Nos van ayudar las gentes locales a coser el globo, pero son 50 roturas que pueden abrirse cuando sometamos el globo a plena carga en el record.

Las cosas se han complicado extraordinariamente, algo tendremos que hacer, pero no sabemos el qué.  Mañana, yo intentaré otro vuelo con Ángel para mejorar mi cursillo express, porque tengo que volar solo, si no lo hago tampoco podré meterme en esta gran aventura de batir el record del mundo de vuelo en globo de aire caliente en la selva del Amazonas, y mientras, otra parte del equipo se quedará a reparar todo el día el globo principal.

Ahora la incertidumbre es total, tenemos que seguir mi curso preparatorio para la suelta, pero este es otro peligro, si me estrello mal y lo rompo, ya nos podemos ir para casa, o el hospital..  Ahora es por la mañana, estoy viendo los dos globos tirados en la pequeña playa fluvial mojados, rotos, y nos preguntamos cómo continuara esta expedición.

Lo mejor es que hemos renovado ánimos, estamos más motivados ¡y nos hemos conjurado para resolver hasta el final! no tiraremos la toalla, e inventaremos lo que sea necesario para continuar, al menos un globo está a salvo.  Amigos, esto es duro, muy duro, durante 15 horas hemos estado sacando los globos del agua, con un esfuerzo titánico de todo el quipo, la suerte es que tanto Ángel, como Miquel y Carles son tozudos como nosotros, son de los nuestros, siempre a por todas.. 

Estad atentos porque esto promete más de lo que me hubiera imaginado: riesgo, peligro, incertidumbre, pero un gran chute de adrenalina, una fantástica aventura…

Jesús Calleja en mitad de la selva del Amazonas.