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Travesía del Hielo sur con Nico Terol 12.2010

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Si, amigos, nos vamos a los Andes de la Patagonia, la tercera extensión de hielo continental más grande del mundo (sólo la supera Antártida y Groenlandia)

> CERRO GORRA BLANCA.... ¿?

Hola amigos, amanece un buen día, buenos augurios…
Son las seis de la mañana, Julián toca diana, y a las 7.30 estamos en marcha hacia nuestro objetivo, el Cerro Gorra Blanca, de casi 3.000 metros. Primero tenemos que descender una pala de nieve, para alcanzar el glaciar del Cerro Gorra.
Remontamos ese largo glaciar que se hace interminable durante cuatro kilómetros ascendiendo suavemente, después empieza una mayor inclinación con grietas gigantes que nos obliga a encordarnos, hay que estar firmemente sujetos a la cuerda, pues una caída en una de estas gigantescas grietas te mataría.

Esta enorme montaña es muy engañosa, parece que está cerca, pero está lejísimos, y siempre estás ascendiendo.
Vamos con raquetas de nieve, pues la capa de nieve que ha caído es muy profunda, lo que obliga a un gran esfuerzo.
Nico está hecho un toro, y nos sigue sin problemas, y eso que se tiene que adaptar a muchas cosas nuevas para él: raquetas, arnés, cuerdas, crampones, piolet, etc.…

Es un gusto haber traído a Nico porque disfruta de una manera tan entusiasta, que da gusto escucharle, ¡cómo se lo esta pasando¡.

Terminamos unas palas de nieve muy inclinadas y debajo de un gran bloque de hielo, decidimos parar a hidratarnos, quitarnos las raquetas y ponernos los crampones, a partir de este punto y durante los próximos 600 metros de desnivel, nos enfrentamos a placas de hielo vivo, donde cuesta hincar los crampones, es un hielo tan duro que parece roca.

Aquí le damos a Nico un curso muy acelerado de cómo se usan los crampones y el piolet. Kike se convierte en su mentor y no le deja ni un solo segundo, para que no cometa errores. Aquí no se puede cometer ni uno, pues las laderas están cada vez más inclinadas y el hielo vivo es muy peligroso.
Si Nico se tropezara con los crampones, resbalaría por estas laderas fuertemente inclinadas y no podría frenar, y lo peor es que nosotros casi no podríamos detenerlo, y caería más de 1.000 metros al vacío.Es una situación muy tensa para todos, y sabemos que hay que cuidar a Nico. Estoy relativamente tranquilo porque mi hermano le vigila y le instruye casi a cada paso.

Yo mismo me sorprendo de la inclinación que están tomando las paredes de esta mole helada, y hacía tiempo que no veía un hielo tan duro.
Llego incluso a comentar a Julián que, si  no lo ve claro, nos damos al vuelta ¡y ya está!.
Antes la seguridad de Nico y la de todos nosotros.

Pero decidimos seguir adelante, quizás como voy de  primero de cordada me hace concentrarme más y estudio al detalle la ruta, y repito que me sorprende la inclinación  y este hielo tan peligroso, y por si fuera poco, ¡empieza a soplar muy fuerte y nos golpean bolas de hielo continuamente, arrastradas por el fuerte viento! a esto hay que añadir que las temperaturas descienden bruscamente y la sensación de frío es terrible.
La cara de Nico es un poema: está roja del azote del viento y se la tapamos por completo, además de las gafas de casco.
La nariz de Kike está tocada, y en general todos estamos helados, pero decidimos seguir, es el Campo de Hielo Sur, sus montañas y es lo que hay…

Al ver que Nico aguanta con determinación, seguimos la escalada, cada vez más inclinada. Ahora se combina el hielo duro con la nieve pesada, es agotador progresar, y hay que sumarle la tensión de una posible caída en el hielo o una avalancha de nieve por las inclinadas laderas ¡Dios mío qué tensión...!
Después de unas siete horas sin parar, alcanzamos las viseras de hielo de la arista cimera, que son un autentico jeroglífico de posibilidades.
Los fortísimos vientos han modelado, con el paso del tiempo, enormes viseras que vuelan al abismo de una manera imposible, y la superficie parece un campo de coliflores de hielo, muy difícil de negociar.

Escalar sobre este extraño hielo es costoso y se rompe a cada paso que das. Llevamos muchas horas y muchos metros de desnivel y las piernas lo acusan, pero tenemos claro que ya no hay quien nos pare.

Ahora hay que dar con la cima que no es fácil, pues hay muchas posibilidades de equivocarse, y ahora sí que es comprometida nuestra situación: mucha inclinación, malabares por hongos gigantes de hielo, cristales de nieve que se parten a cada paso, mientras somos fuertemente zarandeados por el viento, donde las ráfagas de aire nos obligan a anclarnos fuertemente con los crampones y los piolets, y por si fuera poco de repente aparece antes nosotros un gran hongo de hielo que parece la cima, ¿será la cima? Lo que está claro es que está muy inclinado y tenemos que usar la cuerda con más atención y escalarla clavando el piolet con decisión. ¡Puede que sean nuestros metros finales!

Voy de primero, y me concentro para no cometer errores, y consigo alcanzar la cima.
Nico, Kike, Emilio, Julián, y dos de los chicos además de Diego llegan también, pero sorpresa ¡no es la cima!

La estrecha cima se ha fracturado en dos y nos hemos quedado del lado menos alto, ¡qué rabia¡ Vemos la cima principal pero nos separa una gran brecha gigante.
Estudiamos la situación y creemos poder avanzar por una estrecha arista muy despacio, pues da la sensación que se romperá en cualquier momento.
Negociamos otro paso delicado y descendemos hasta alcanzar otro punto donde sólo nos separa de la cima 20 metros de escalada de unos 60º.
Con decisión, una vez más, la escalamos, y……
¡¡CIMA!!


Amigos, hemos escalado una brutal montaña complicada, técnica, fría y muy ventosa, una  montaña donde no asoma roca por ninguna parte, sólo nieve y hielo, en uno de los lugares más inhóspitos y radicales del planeta.
Tiene una estadística arrolladora: sólo el 5% consigue esta cima, por su dificultad y sobre todo por las malísimas condiciones climáticas que casi siempre están aquí perpetuamente instaladas.
Y Nico, qué tío con suerte, esta es su primera montaña y va y ¡moja!

Fotos, grabaciones, gritos, celebraciones y unas vistas de las que jamás se nos van a olvidar, a nadie, pero sobre todo a Nico.
Vimos el Campo de Hielo Sur en todo su esplendor: el Fitz Roy, el Cerro Torre, las montañas chilenas, las argentinas, lagos, valles... sin duda una de  las cimas más bonitas de mi vida.

Toca bajar, con muchas dificultades y aceleramos el ritmo, porque vemos que se aproxima de nuevo otro temporal que no estaba en la predicción. Y efectivamente, en la bajada nos sacudió un viento terrible, aún mayor que en la cima, la ventisca hacía difícil descender, y las ráfagas de viento, llegando a las faldas de la montaña, eran muy violentas.

Ahora os escribo desde el refugio, donde llegamos, muy cansados, agotados, casi 12 horas de esfuerzo ininterrumpido y ahora hace un viento terrible y de nuevo el refugio se agita por todos lados y da la sensación que saldrá volando.
Pero ahora toca descansar y disfrutar de esta fantástica cima, y mañana ya veremos cómo esta el clima. Si  nos deja, continuaremos con nuestra travesía por el Campo de Hielo Sur, y después descenderemos por el Paso Marconi, el paso más comprometido de toda la ruta, donde el viento tiene fama de ser el más brutal de todos, ya que es una estrechez que canaliza todo el viento acelerándolo en ocasiones hasta los 200 km/h.

Hasta los 100 km/h, podremos soportar, más no, pues es un campo de minas de grietas y hay que dar con los pasos muy concentrados y hay alto riesgo de caída de bloques de seracs, algunos como edificios, pero de hielo.
Estaremos expuestos a grietas, avalanchas de nieve, caída de seracs, y sobre todo a un traicionero viento.

Amigos, aún nos queda mucho para llegar a El Chaltén, pero de momento ¡¡que nos quiten “lo bailao”!!

Jesús Calleja desde Campo de Hielo Sur, azotados por los vientos.