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Lhotse 05.2005

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Por fin estoy aquí de nuevo con todas las ilusiones puestas en la escalada al Lhotse que como sabéis es la cuarta montaña mas alta del mundo con 8.516 m. Este campo base esta a 5.350 m, y para que os hagáis una idea esta a casi 500 metros mas alto que el Mont Blanc, que es la cima mas alta de Europa occidental.

> CIMA EN EL LHOTSE

Estimados lectores, gran numero el 12: crónica nº 12, y cima el día 12, y 12 somos en total los que hemos subido de momento a esta montaña este año.

Así es compañeros y amigos de fatigas, ya estoy en el campo base de nuevo para informaros que he conseguido la cima. A continuación os relato al detalle como ha sido:
Debido a el tamaño descomunal de esta montaña, hay que emplear entre 4 a 5 días para lograr ascenderla, mas luego un mínimo de uno o dos días para descender.

El día 8 de mayo escalo de nuevo la cascada de hielo para llegar directamente al campo II a 6400 m. Ya sabéis que no me gusta dormir en el campo I, lo encuentro muy expuesto.
Aquí estoy dos noches, porque da la casualidad que cuando mas fuerzas hay que tener para el ataque final a cima, voy y me cojo una gastroenteritis, con fiebre, lo que me obliga a permanecer dos días. En este campo al atardecer estoy sacando unas fotos del Lhotse cuando observo a las seis de la tarde que algo cae de gran tamaño y a una velocidad increíble desde la pared del Lhotse. Enseguida los malos presagios de lo que estaba viendo se cumplen.

Se trata de un cuerpo humano precipitándose al vacío. Era un checoslovaco que en compañía de otro amigo intentaban la escalada de esta montaña en estilo alpino. Pero una vez mas la dificultad de esta montaña se cobro otra victima . Es una de las montañas con mayor índice de mortalidad de todos los ocho miles.

Al día siguiente me recupero rápido, y el día 10 escalo junto a mi sherpa Tsiring el muro de hielo de la pared del Lhotse que da acceso al campo III a 7.300. Este muro es exigente y peligroso. Aquí paso una buena noche durmiendo 6 horas, y hacia las 9 de la mañana empiezo la escalada hacia el campo IV. Antes tengo que alcanzar las llamadas bandas amarillas situadas a 7.600 metros de altitud. Están constituidas por diferentes peldaños rocosos de 70 metros de altitud y de cierta dificultad.

Una vez alcanzo este punto, empieza una progresiva rampa de hielo que en un punto determinado se divide en dos. Una ruta se dirige al campo IV del Everest, y la otra ruta al campo IV situado a 7.900 metros del Lhotse que es mi objetivo.
Llego hacia las dos de la tarde en mitad de una ventisca que presagia mal día de cumbre.
Aquí tengo la suerte de poder guarecerme en una precaria pero estratégica tienda que previamente había instalado dos noruegos que intentaron un ataque a cima y no concluyeron con éxito, pero me dejaron la tienda, cosa que agradecí sobre todo a esa altitud próxima a los 8000 metros y 400 metros por encima de la llamada barrera de la muerte.

Me instalo junto a mi sherpa y el sherpa de los noruegos que ira a trabajara a la ruta para instalar mas cuerda, pues quieren darle otro intento. Los tres como buena mente podemos medio unos encima de os otros nos hacemos un poco de comida y sobre todo agua. Si no bebes a esta altura al menos 4 litros de líquido no durarías ni 48 horas. Luego pasamos unas horas medio dormitando pues el frío y sobre todo el viento eran endemoniados.

No sin antes disfrutar de unas vistas de la cordillera del Himalaya envidiables. Las puestas de sol se gravan en la retina de por vida. Es de los espectáculos de la naturaleza mas increíbles que uno puede contemplar. A la altura donde vuelas los reactores comerciales, yo disfrutaba de un paisaje de ensueño, a pesar de las incomodidades y el frío.
A las 12 de la noche suena el despertador, a penas hemos podido descansar, pero hay que ponerse en marcha.

Tengo también la suerte que por delante va un equipo muy sólido de chilenos con cuatro serpas. Entre todos haremos un buen trabajo y nuestras posibilidades aumentan. Los chilenos son muy fuertes y están realizando un excelente trabajo.
Yo me pongo en marcha con mi serpa a las dos de la madrugada, y al poco tiempo alcanzo a los chilenos.
Este día me encuentro especialmente fuerte y cuando es el momento final de una de estas grandes montañas suelo escalar a buen ritmo, y esta ocasión me ocurrio lo mismo, adelante al resto de chilenos y sus sherpas.
No las tengo todas conmigo, pues la noche es terriblemente fría y ventosa, teniendo ráfagas de viento que superan los 100 Km/h, si a esto le sumamos el intenso frío, la sensación térmica se situaría por debajo de los -60ºC.

Mi sherpa tiene principio de congelaciones en las dos manos y decide con buen criterio volverse al campo cuatro. A partir de este momento me encuentro solo en mitad del mayor temporal de viento y frío que he sufrido en mi vida, pero a 8.200 metros de altitud. Decido continuar, a pesar que el miedo se apodera en cierta medida de mí. Solo 24 horas antes ha muerto un alpinista en este mismo corredor. Yo ahora estoy solo con una visibilidad de a penas 20 metros. El viento me zarandea como una marioneta. La escalada es muy técnica y arriesgada, y en 200 metros, quizás los mas difíciles no hay cuerda y decido escalar a “a pelo”, sin ningún tipo de seguro. En mi mente perfilo los difíciles problemas que tendré al regreso, pues no podré rapelar este tramo y tendré que destreparlo con el cansancio acumulado. Ahora es momento de tomar la decisión final, y sin dudarlo me enfrento a este pasaje de 200 metros de gran dificultad técnica.

Al cavo de un buen rato lo libro sin mayores problemas, y ya solo me queda terminar este largo corredor de hielo, nieve y rocas, para situarme debajo de la pared final, que esta constituida totalmente de roca, pues la nieve y el hielo están literalmente arrancados de la pared, por los fuertes vientos que normalmente soplan a esta altura.

Me coloco debajo de esta vertical pared, para concentrarme al máximo en no cometer errores. Es la parte final y la más técnica. Aquí por fin bailo “la danza del Lhotse”, un pie en precario equilibrio con la roca, el otro sobre una vira de fino hielo gris, con una mano anclo mi piolet también sobre el precario hielo, y con el otro alcanzo a incrustarlo en la roca.

Así un movimiento tras otro, hasta librar los 50 metros finales, los más técnicos y arriesgados. En ocasiones el viento era tan violento que prácticamente levitaba sobre mis piolets. Era una locura, no debía continuar escalando, tenía que haberme retirado. Desafié a la lógica y conseguí llegar a la cima con sus 8.516 metros, de atura en mitad de la mas violenta tempestad que jamás he vivido. La fiebre de la cima me hizo continuar sin mirar a tras. Solo emplee media botella de oxigeno, prácticamente para mantener el mínimo calor corporal, pues sin esa media botella seria imposible sobrevivir a semejante frío.

También creo que milagrosamente no tuve congelaciones por la velocidad con la que escale. Si hubiera estado expuesto más horas, hubiera sido casi seguro que me hubiera congelado.
Lo peor de este día es que no he podido gravar demasiada película, pues no se veía casi nada, pero en la cima un rayo de sol me dejo fotografiar y gravar esta espectacular cima, donde es imposible ponerte de pie, pues es vertiginosa la verticalidad, y apenas entra un persona.

El descenso fue igual de agónico, y tuve que destrepar parte de este expuesto corredor sin cuerda ni seguros. Es importante no cometer errores en el descenso `pues uno esta cansado y es fácil cometerlos. La concentración siempre al máximo aun que el cerebro este embotado por la falta de oxigeno, pues a esta altura solo hay un 23% aproximadamente del que se respira a nivel del mar.

Llego al campo IV en mitad de esta violenta tormenta y me encuentro a mi amigo sherpa en la tienda con las manos completamente blancas, síntoma inequívoco de que sufre congelaciones.
Le doy fuertes friegas para que reaccionen sus maltrechos dedos y le inyecto dos dosis de “eparina”, para licuar su sangre y favorecer la irrigación, además de suminístrale aspirina. Continuo con los enérgicos masajes y los dedos empiezan a reaccionar, así que sin mas dilación tenemos que descender para salvar sus dedos, pues a menor altitud mejor riego sanguíneo y mejor oxigenación.

Alcanzamos el campo III, cuando lo normal es descansar en el campo IV hasta el día siguiente. Llegamos muy cansados, pero los dedos de Tsiring no degusta el color que están tomando y le convenzo para descender al campo II, el me dice que esta agotado y le resultara muy difícil. A cambio le digo que abandonemos parte de nuestro material para aligerar las mochilas y llegar como sea al campo II para recuperar sus dedos. Es muy joven y seria muy triste que perdiera los dedos y esa posibilidad es real. Llegamos al campo II, y tenemos la suerte de contar con un medico filipino que le atiende enseguida y le pone a salvo los dedos. El agotado se duerme en este campo II, pues a la mañana siguiente bajara con otros serpas.
Yo me recupero milagrosamente y continúo bajando altura y me propongo intentar llegar al campo Base. Los allí presente me dicen que seria un locura, pero ahora estoy mas decidido que nunca a intentar este pequeño record. Desciendo solo por el valle del silencio, y disfruto del mejor momento del día al estar solo en este impresionante y mágico valle, para alcanzar el campo I casi poniéndose el sol.

Sin darme cuenta estoy tirado en mitad de una plataforma de hielo prácticamente durmiendo de agotamiento, y me despierta un frío intenso característico de la puesta del sol en el glaciar. Soy conciente que ahora me guste o no tengo que sacar fuerzas de flaqueza y llegar como sea al campo base o pasare una mala noche en mitad de la cascada de hielo vivaqueando. Este pensamiento me da fuerzas suficientes para continuar descendiendo la cascada de hielo, y alcanzar el campamento base prácticamente anocheciendo.
Mi sorpresa cuando me van a recibir a pie de la cascada multitud de amigos y desconocidos del resto de las expediciones para darme la enhorabuena por la hazaña conseguida.
Allí mismo mi oficial de enlace me comunica que casi seguro he batido el record de velocidad de ascenso y descenso del pico Lhotse. Es decir desde el campo IV ir a cima, y descender al campo base en 15 horas, 50 minutos, por medio 3.500 metros de desnivel.
Lo normal es escalar del campo IV a cima y regresar al mismo campo IV y al día siguiente descender al campo II, y otro día mas para llegar al campo base.

Mínimo dos días máximo tres. Yo lo he realizado en menos de 16 horas.
Así somos los de León, burros como arados cuando nos lo proponemos.
Este ha sido el pequeño diario del día de cima. Emocionante, espectacular, lleno de acción y sorpresas. Así son estas fabulosas montañas. Todo es posible. Gracias a Dios y los Budas Tsiring se esta recuperando favorablemente de las congelaciones, y yo estoy mas feliz que un niño con zapatos nuevos. He conseguido la escalada más difícil de mi vida y una de las más difíciles y arriesgadas de todos los ocho miles, y además me han adjudicado un record. ¿Se puede pedir algo más?

Pronto, en menos de 15 días estaré embarcado en la siguiente prueba de mí apretado calendario del proyecto “DESAFIO EXTREMO”. Será la escalada al pico Mackynley junto con mi hermano, cerca del círculo polar ártico, en Alaska. Dicen que es la montaña mas fría del planeta, donde se desatan las mas virolentas tempestades, por su situación geográfica, a pesar de tener poco mas de 6.300 metros. Pero ya estoy entrenado. Ya os lo contare, paso a paso la expedición como hasta ahora mis fieles lectores, que sois mi gasolina para conseguir los objetivos del proyecto.
Ahora solo daros una vez mas las gracias por estar ahí y dedicar esta crónica a todos mis amigos y en especial a los de mi pandilla del monte: mi hermano Kike, Fernando, Manu, Emilio, Cesaroto, Silvano, Apa, Nacho Vidal, Roberto, Javi, etc.., y a todas sus mujeres y novias.
Os veo pronto en León

Y sobre todo gracias a mis patrocinadores CONSEJERIA DE CULTURA Y TURISMO “turismocastillayleon”. Y RMD

Espero que halláis disfrutado tanto como yo, he intentado trasmitiros las sensaciones de estas colosales montañas, y por delante nos quedan muchas aventuras. ¡Hasta muy pronto amigos!

Desde el corazón del Himalaya, ahora un poco mas feliz con la cima el bolsillo Jesús Calleja.
www.jesuscalleja.es