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Lhotse 05.2005

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Por fin estoy aquí de nuevo con todas las ilusiones puestas en la escalada al Lhotse que como sabéis es la cuarta montaña mas alta del mundo con 8.516 m. Este campo base esta a 5.350 m, y para que os hagáis una idea esta a casi 500 metros mas alto que el Mont Blanc, que es la cima mas alta de Europa occidental.

> Campo III

Queridos amigos, aquí estoy otra vez mas en el campo base escribiendo la crónica a la luz de mi lámpara frontal.
He llegado hace solo una hora, pero ya tenia ganas de estar de alguna manera con vosotros a través de mi pequeño ordenador y el equipo satélite que por arte de magia me envía las fotos y los textos (si lo viera mi abuelo no me creería).
Hoy estoy pletórico, pues he estado cuatro días entre el campo II (6.400 m.) y el campo III (7.200m.)

Como sabéis he tenido que escalar una vez mas la cascada de hielo, pero a medida que aclimato escalo mucho mas deprisa.
Después he continuado hacia el campo II, pues la experiencia del año pasado cuando escale el Everest, tuve el mal recuerdo de la destrucción total de este campo por una violentísima avalancha. Así que aunque el esfuerzo sea doble me niego a dormir en el campo I. La paliza es mayúscula, pues hay un total de unos 1.400 metros de desnivel acumulados desde el campo base. Y señores escalar este desnivel de una sentada a esta altura, les aseguro que es muy duro.
Desde el campo I al campo II se encuentra el bien llamado valle del silencio.

Un espectáculo para la vista. A ambos lados se alzan las paredes oeste del Everest y el Nupse de casi 8.000 metros, por el fondo de este valle de un blanco nítido discurre la ruta. A medida que se alcanza mayor altitud, las grietas se hacen mas escasas, pero no hay que relajarse. De estas paredes se descuelgan enormes “seracs” (acumulaciones de hielo), que llegan literalmente al valle. Como un decorado diseñado por el mejor de los artistas: es mágico, irreal. Cuando asciendes por este valle, te olvidas del cansancio, de los peligros, del estrés de cima, en definitiva te olvidas de todo. Es el mejor de los calmantes.

Es difícil para mí explicar tanta belleza: imaginaros un valle, no un valle normal, un valle de blanca nieve, cuyos laterales están esculpidos en un granito de colores irreales, y desde las alturas se descuelgan grandes cascadas de hielo azul que se posan livianamente sobre el fondo del valle.

Todo esta en silencio, y el conjunto es un milagro del planeta, pues este valle se encuentra entre los 6.000 y los 6.600 metros. ¿Conocen ustedes alguno similar?.
Cuando llego al campo II después de no se cuantas horas, instalo definitivamente el campo II. Mi pequeña tienda es un minúsculo punto amarillo en tan magnifico paisaje.
Aquí pretendo pasar cuatro días y tres noches, mejorando mi aclimatación.

A la mañana siguiente me encuentro estupendamente y me sorprende haber dormido a esta altura como un bebe, así que decido hacer un porteo a las cercanías del campo III.

Asciendo hasta los 7.000 metros con una buena mochila de entre 18 a 20 Kg.
Mi serpa se sorprende porque el dice que necesita al menos dos noches para ascender al campo III. La verdad que este año estoy especialmente fuerte, y muy bien adaptado a la altura. Desciendo en el día al campo II decido relajarme sacando fotos y grabando la película que pronto veréis.
Al siguiente asciendo un poco mas para seguir con la adaptación a la altitud y por la tarde empiezo a leer un libro de Alberto Vázquez Figueroa, que es la mejor lectura a esta altura.
Al cuarto día me toca descender, y mejor que sea así, pues por la noche se ha desatado un viento infernal y he tenido que sujetar la tienda con cuerda fija, y literalmente enrollarla en la cuerda para anclarla firmemente al suelo. En las fotos podéis haceros una idea del viento.

Sin pensarlo mas me dispongo a descender al campo base, pues después de cuatro días a gran altura es muy recomendable darle un descanso al cuerpo.
Durante el descenso, me detengo a contemplar el espectacular viento que azota las cumbres del Everest y Lhotse, y les comento a mis amigos los tres mallorquines, pues coincide que descendemos juntos, que se detengan a grabar para su película la increíble fuerza del viento, pues se daba el curioso fenómeno que el viento arrancaba literalmente la nieve de las paredes y subía hacia arriba en vez de caer.

Pues mientras encendemos las cámaras y grabamos este espectáculo, a solo 300 metros de nosotros se desencadena una gran avalancha de nieve en polvo que hace temblar el glaciar, y cruza de lado a lado el valle.
Nos asustamos de veras, porque vimos que se engullo a un grupo de serpas que estaban justo delante de nosotros.
Una vez pasada la avalancha aceleramos el paso para auxiliar a los serpas, pero estaban sanos y salvos, pues se trato de una avalancha muy escandalosa, pero solo de nieve en polvo.
Había que mirar sus caras desencajadas del miedo, aunque la única consecuencia es que parecían unas croquetas rebozadas en harina. Lo mejor echarnos unas risas con ellos y bajar juntos al campo base.

Así que aquí me tenéis en el saco de dormir a -15ºC escribiéndoos esta crónica con los dedos entumecidos.

Estar pendientes de la siguiente crónica porque siempre hay noticias.
Como siempre mi dedicatoria: esta vez a mi familia que es muy numerosa y original. Por parte de mi padre que están muy repartidos, y por parte de mi madre que al contrario son muy hogareños. En especial a Tasia, Loli, Cesar y su mujer, Lucia y Mario. También a todos mis primos y sobrinos.

Jesús Calleja desde el corazón del Himalaya.