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Vanuatu 12.2009

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Aquí amigos está uno de los volcanes más infernales, dramáticos, peligrosos, violentos, y venenosos del mundo.Este es nuestro próximo Desafío Extremo, un desafío absolutamente radical y diferente a cualquier otra cosa que hubiéramos hecho antes.

> Desafío tóxico conseguido

El volcán se protege que alguien o se adentrase en su interior, expulsando unas 2.000 toneladas diarias de esos mortíferos gases,  pero  nosotros lo vamos a intentar…

Tenemos que ser rápidos por dos cosas: una porque hay que aprovechar que no llueve y eso es especialmente relevante, pues el agua transforma el cloro en ácido clorhídrico, y el dióxido sulfúrico que expele se transforma en ácido sulfúrico, es decir se potencia aun más el poder destructor y toxico de los gases y si llueve y nos pilla dentro, casi seguro que no lo contamos.

Y la otra razón es que estamos tan acojonados que si  no lo intentamos rápido perderemos el valor necesario para hacerlo…

Clavamos dos estacas de un metro en la ceniza comprimida del labio del cráter, atamos una cuerda y la lanzamos al interior del cráter. No se ve nada, esta repleto de gases tóxicos, es una gran nube blanca, pero engañosa es puro veneno. Me pregunto porque queremos meternos en esa nube de muerte, a veces no me comprendo a mismo, amo la vida y a este planeta de una manera infinitamente intensa, y sin embargo puedo arriesgarlo todo por una gran aventura, y esta lo es...

Decidimos que entraremos John, El guía local, Emilio y yo. Kike será nuestra seguridad si ocurriera algo, Nuestro ganador(a) de Desafío Himalaya, le vamos a dejar fuera de esta locura o sin razón de aventura. Es tal el riesgo que asumiremos de una muerte real, que no podemos arriesgar a esta persona que llamamos “X”. Lo entiende y su cara manifiesta decepción, pero también pienso que la hemos aliviado, esto va a resultar excesivo incluso para nosotros…

Mi hermano Kike me mira muy preocupado, ya nos conocemos los gestos, sabe que no tengo que entrar ahí, pero también me conoce y nunca me convencería, me deja irme al interior. Le doy las gracias por su comprensión, se las doy para adentro. Es el mejor hermano que me podía tocar, desde pequeños siempre juntos a todos lados juntos, nos cuidamos el uno al otro.

Me agarro fuerte a la cuerda, ajusto mi máscara anti-gas, aunque no hay filtros que puedan soportar tanto veneno junto altamente concentrado. El tiempo máximo en el que se colapsaran los filtros será de 30 a 45 minutos, y los filtros en sus instrucciones dejan claro que no exponerse a fuertes concentraciones de gas. Me río cuando lo leo, y abrocho las ultimás cremalleras, tiro de las gomás de presión de la máscara y me lanzo sin pensarlo al interior de la gran nube tóxica.

¡Dios mío no veo ni a 5 metros!, el gas aumenta al descender. Llevo cinco minutos descendiendo y me arde la garganta y no paro de toser, los ojos escuecen, y el calor aumenta… La cuerda se ha terminado a 60 metros, hemos recorrido el tramo más vertical. Nos paramos y miro a Emilio, él me mira a mi, los dos miramos a John, y este al guía local. Está claro todos nos preguntamos si continuar o ascender, la concentración de gases es muy, y repito muy superior a los mínimos. John y el guía local dice que jamás han entrado en un volcán con una nube hiper toxica que no te deja ver más allá de 5 metros.

Si decidieran darse la vuelta para mí sería un alivio. Me preguntan, les pregunto, Emilio tiene la sangre fría de filmarlo todo, y una especie de feromona másculina dice que hay que continuar. Ya me entendéis el típico “somos unos machitos”.  Joder qué estúpidos somos a veces los tíos. Uno dice: por mí… continuamos, y los demás a coro, pues yo también…, y yo…, y yo…

¡¡Dios pero si nadie queremos continuar!! ¿Por qué lo hacemos?

Ahora no hay vuelta atrás: seguimos descendiendo a este pozo de muerte. ¡Estoy “cagado de miedo”!, y a Emilio le cuesta más decirlo, pero su cara lo dice todo, aunque nunca abandona su cámara ni su profesionalidad, este tío se morirá y lo grabara para que otros lo vean. Admiro su tesón, y valentía ante las situaciones tan comprometidas como esta. ¡Hacemos un buen tanden junto a mi hermano!

Avanzamos a duras penas por lo difícil que resulta respirar, y el fuerte picor de ojos. Nos salva que no llueve, si esto ocurriera seria terrible, estamos muy abajo y tardaríamos en salir un mundo mientas el ácido clorhídrico y el anhídrido sulfúrico nos regaría y terminaría lentamente deshaciéndonos literalmente.

Curiosamente cuando llegamos al fondo del cráter a unos 240 metros, las nubes blancas se atenúan, y por al menos cuatro minutos pudimos ver en toda su grandeza el tamaño del cráter, fue bestial, de una perfección matemática, redondo, de paredes verticales, y el suelo era plano de pura ceniza compactada, había fuertes explosiones que oíamos pero que no sabíamos de donde venían. El ruido impresionaba terroríficamente. John nos dice que es la lava que hace remolinos y explota produciendo pequeños terremotos, y eso es exactamente lo que sentíamos, el terreno se movía debajo de nosotros. ¿Pero donde esta la lava?

El guía local nos conduce por el interior del cráter, personalmente separarme de las paredes del cráter me dio pavor, nos adentramos aun más, esto es más tiempo en recorrer las distancias de retorno, y los filtros están al borde del colapso, el gas es terrible y para el colmo ahora lo que nos inunda por todas partes son ¡¡las nubes azules!!, ¡¡las terribles nubes azules!!, las peores, los gases más potentes y mortíferos.

Busco a John en la espesura de estas nubes, le agarro por el hombro y asustado le interrogo sobre las nubes:
-No decías que esto es lo peor, ¡son las nubes azules¡
-Tienes razón estas son las peores, confiemos en las máscaras y no te la quites por nada del mundo, hay que ser rápido para llegar a la lava, esta nubes queman muy rápido los filtros-
-John, estamos seguro de continuar.

De nuevo la estupidez se adueña de nosotros frente a la cordura y decidimos continuar. Yo creo que John esta embrujado definitivamente por los volcanes y estos gases azules le fascinan, y experimenta en su cuerpo y en este caso también en el mío y en el de Emilio los efectos de los gases azules…

Avanzamos a duras penas hacia el interior del cráter, el calor es insoportable, los gases nos están asfixiando literalmente, pero de verdad, no es una broma, los ojos al limite, y seguimos, yo miro cada poco hacia atrás para buscar referencias por si todos “palman”, y yo tuviera una oportunidad de salvarme, suena raro pero os juro que esto es literalmente lo que pasó, y quiero intento al menos reflejarlo en esta crónica.

En un lugar en el fondo del cráter había otro mini cráter de unos 50 metros de altura, desde donde salía casi toda esa mierda, y hacia ahí nos dirigímos. John nos dice que tenemos que ascender hasta su borde, y después a 100 metros más de profundidad veremos el gran lago de lava.

Pienso y así dialogamos Emilio y yo, que ya de estar allí tenemos que intentar ver el lago de lava, esto sería perfecto, y justificaría en alguna medida esta sinrazón. Nos lleva otros 15 minutos alcanzar el siguiente cráter ascenderlo,  ya expiro el tiempo máximo de los filtros, los problemás empezaran sin duda, pero por fin:
¡¡EL LAGO DE LAVA!!

Brutal amigos, hemos conseguido el objetivo, el Desafío que nos ha traído hasta aquí.
Estamos a unos 240 metros de profundidad dentro del cráter de Benbow, y a su vez dentro de otro mini cráter donde hemos visto por muy poco tiempo el lago de lava más activo del planta, aunque los apestosos y venenosos gases de las nubes azules que emanan sin cesar de este lago de lava, nos dificulto mucho contemplar con toda su belleza tan brutal fenómeno de la naturaleza.

Pero hasta allí llegamos, vimos el interior de la tierra, la escuchamos con sus violentas explosiones que dejaban la huella en los temblores que nos hacía movernos de la atalaya natural en la que estábamos, una terraza colgada a 100 metros de altura de paredes verticales de magma solidificado, y en el fondo: ¡ríos de lava que bullen y explotan arrojando a decenas de metros material incandescente, pero sobre todo el fortísimo ruido que hace la lava, no se parece a nada que antes escuchara, es imponente, grave, rotundo, atemorizante.

Estoy aturdido de tantas emociones, de ver algo que nunca jama pensé que pudiera ver, estoy viendo a la tierra por dentro, y su energía nos contagia a todos, se nos olvida que los filtros ya están más que saturados, que llevamos más de una hora en el interior del cráter, y todavía nos queda la salida. ¡¡Qué locura, y qué belleza a la vez!!

Estamos locos de atar y sin duda ahora comprendemos a John y su locura, el volcán nos tiene atrapados y no encontramos la hora de regresar.

Estoy mareando, me adormezco, y pierdo el equilibrio, tengo una clara Ataxia (perdida de equilibrio y dificultad para caminar). Mi cerebro y pulmones están al límite. Me mareo y me tengo que tumbar a lo largo pues pienso que me estoy yendo… Le digo a Emilio que hay que retroceder, regresar, estoy muriéndome poco a poco, y esto por duro que parezca es así, uno ahí abajo se muere sin más, la cuestión es cuánto durarás…
Emilio está absorto filmando la lava, los gases, y la terraza natural que nos ofrece las vistas más aterradoras de nuestras vidas, pero quizás de las más hermosas… Vemos el planeta por dentro, con toda su furia…
El intenso calor que desprende la lava, los gases extremadamente tóxicos que suelta este revoltijo de magma , no hace mella en la determinación con la que seguimos estáticos mirando al fondo de la tierra, no somos conscientes que ¡hay que salir ya!

John empieza con los mismos síntomás que yo, está como hinchado, y es el que decide por fin, y pone las cosas en su sitio, estamos embriagados, tal vez por el efecto del veneno, y nos arenga a regresar. Protestamos decimos un poco más de esa visión única, pero no, John nos agarra por el brazo y tira de nosotros. Emilio se resiste, quiere seguir filmando, pero ya no es posible, nos estamos muriendo poco a poco…

Por fin nos ponemos en marcha y me quejo a Emilio que tengo serias dificultades para mantener el equilibrio y me voy agarrando a rocas de aristas puntiagudas, me paro a coger aire, ¿pero qué aire? No, tengo que seguir, sin parar…

El guía local toma la iniciativa y nos lleva de regreso por el mismo camino, a mí me costaría encontrar la salida en esas nubes tan concentradas de gases tóxicos, la visibilidad es de apenas 4 metros ahora, pero Jesús el guía local que se llama como yo consigue encontrar el camino de vuelta. John y yo estamos al limite, puede que nuestras máscaras anti-gas estén más deterioradas o que los filtros se han colapsado antes, pero el caso es que cada cinco pasos tenemos que parar no respiramos y ahora me entran ganas de vomitar, lo mismo le ocurre a John.

Emilio continúa aunque muy cansado, el también tiene que parar cada nada a descansar. Está claro que estamos llegando al límite de lo que el cuerpo puede soportar.

Consigo alcanzar a Emilio y encuentro un mejor ritmo, aunque lento, cansino, y con la mente difusa. John se queda atrás. Tenemos que esperar más de lo deseado para que John nos alcance, es sin duda ahora el más afectado. Un poco más, solo nos quedan cien metros de desnivel, unos 20 minutos a este cansino ritmo. Parece que estamos escalando una gran montaña del Himalaya donde casi no hay aire, es el mismo ritmo. Nos estamos apagando.

Un poco más un,  poco más, queda muy poco para encontrar aire, aire de verdad…
Por fin la cuerda, damos con ella para ascender el tramo más vertical, ahora el esfuerzo tiene que ser mayor, y lo sentimos de veras…

El alivio viene de Kike, el nos podría sacar desde esta altura, le gritamos, y él se pone en guardia, está listo para entrar en acción el y nuestra persona “X”, si es necesario, nos están vigilando de cerca y ahora estamos seguros que nada va a ocurrir, estamos casi fuera…

Por fin en el borde del cráter, lo hemos conseguido por lo pelos.

Tirados en el borde del cráter, cogemos aire, hinchamos los pulmones para insuflar el precioso aire. Estamos vivos, pero esto ha sido demásiada exposición.

Sacamos las banderas hacemos fotos, a mi todavía me tiembla el cuerpo pero me voy recuperando poco a poco, John esta agotado, y venimos empapados de sudor, olor a amoniaco y azufre, pero con la felicidad del que ve algo único, irrepetible…

Dios mío, hemos visto el interior de la tierra, atravesando una barrera mortífera de gases altamente tóxicos en gran concentración, y hemos regresado para contarlo.

Ahora si que estamos disfrutando este DESAFÍO TÓXICO.

Amigos: ha sido brutal, y no sabemos quién nos protege, pero esta vez se ha tenido que emplear a fondo.
Descendemos del cráter felices, y no quiero plantearme más porque hemos arriesgado tanto, es mejor nunca saberlo y continuar explorando lugares tan increíbles como este a lo largo y a lo ancho de este fabuloso planeta. Tenemos el mejor trabajo del mundo, y eso me consuela, aunque para realizarlo tengamos que en algunas ocasiones tomar decisiones como las de este día. ¡¡Mereció la pena!!

Dedico esta extraordinaria aventura a mis padres que han entendido nuestra manera de vivir y ya no hacen preguntas, solo sonríen una y otra vez cuando nos reencontramos.

Jesús Calleja una vez más desde una hermoso y mágico lugar en el Pacífico…

NOTA: Estábamos tan excitados, nerviosos y sobre todo, sobretensionados mientras descendíamos al interior del cráter Benbow, que no pudimos sacar muchas fotos, casi se nos olvidó que teníamos cámara de fotos, nos centramos en el vídeo. Por esta razón pedimos disculpas por las pocas fotos del interior del cráter. Pero de lo que sí disponemos es de una calidad de vídeo en alta definición fascinante, que os sorprenderá a todos cuando veáis esta aventura muy pronto en  DESAFIO EXTREMO de CUATRO.