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Vanuatu 12.2009

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Aquí amigos está uno de los volcanes más infernales, dramáticos, peligrosos, violentos, y venenosos del mundo.Este es nuestro próximo Desafío Extremo, un desafío absolutamente radical y diferente a cualquier otra cosa que hubiéramos hecho antes.

> Derechos a nuestro objetivo, ¡el cráter Benbow!

Seguimos acampados en la caldera de cenizas y lava de la isla de Ambrym, en el archipiélago de Vanuatu a 22.000 kilómetros de nuestra casa en León. Sabemos que no debemos de estar más de una semana aquí acampados pues los gases que respiramos las 24 horas son muy tóxicos a pesar de estar a unos 4 kilómetros del cráter Benbow, y 6 kilómetros de los otros tres cráteres.

También nos ataca, despacio pero implacable la constante lluvia ácida, que en el campo base es como jugo de limón, y en los cráteres como vinagre. El viento nos golpea sin piedad todo el día y la noche, arrastrando silicatos de lava que se meten en los ojos y te pasas el día arrancándolos. Bebemos agua ácida, que además procede de un suelo en el que hay materiales radioactivos disueltos, procedentes del magma.
Nada aquí es compatible con la vida, y los habitantes de estas islas nos dicen que si estamos más de una semana los dioses se enfadarán y nos enviarán enfermedades, esto si que lo interpretamos bien: ¡aquí te mueres lentamente!

 Hoy tenemos que enfrentarnos al cráter Benbow, nuestro verdadero objetivo, queremos alcanzar su cima, en el mismo borde del cráter, el que tiene la lava más activa del mundo y el que más gases nocivos expulsa del planeta,  además si las condiciones lo permiten queremos descender a su interior, ayudados de material de escalada, ¡una locura, en toda regla!

Desayunamos a las 5.30 de la mañana y a las 6.30 estábamos en marcha hacia el cráter. En el ambiente se masca tensión entre nosotros,  nos dirigimos a un auténtico peligro, real muy real, lo peor de todo es que lo sabemos, lo asumimos y no hay marcha atrás, lo vamos a intentar... La ruta a este volcán es más corta que la del día anterior, caminamos hacia el norte donde divisamos claramente el volcán, con su inequívoca forma redondeada. Su diámetro es de un kilómetro.

Todo el camino es un mar de cenizas, muy ácidas, no hay apenas vida, aunque unas tímidas plantas se atreven con esta desolación, y crecen en este suelo marciano. Se riegan de una lluvia altamente tóxica, pero de ella beben. Son unas plantas heróicas por atreverse a crecer en un lugar que solo anuncia muerte y destrucción.

Cuando termina la meseta de cenizas empiezan montículos que están hechos de cenizas acumuladas de erupción tras erupción y vemos con claridad que algunas erupciones depositaron más de dos metros, otra medio metro, o un metro. Lo podemos leer en los estratos que se van creando después de cada erupción.
A medida que seguimos caminando empiezan aparecer piedras de lava, escorias, piedras más grandes y pesadas, después las “bombas”, que es lava arrojada a gran distancia, e incluso rocas de tres toneladas o más.

Todo esto a medida que nos acercamos al peligroso cráter que ha expulsado todo esto, el Benbow. Voy pensado que si ha lanzado esto hasta aquí, si le da por cabrearse y nos pilla en su borde, estamos “fritos”, sin ninguna posibilidad de sobrevivir. Absorto en mis pensamientos sigo avanzando a ver si quito el miedo que tengo encima solo de pensar que intentaremos meternos en el cráter, porque doy por hecho que a  la cima del cráter no tendremos problemas.

A medida que ascendemos empieza a soplar un viento fortísimo de unos 70 kilómetros por hora. Nos quedan las rampas más empinadas, pero no revisten especial dificultad, aunque el viento aumenta exponencialmente con la altura. Lo que ocurre es que el viento asciende muy rápido desde el mar hasta esta altitud en la que no hay ni un solo obstáculo, es un volcán de libro y el viento corre libre, acelerándose a cada metro que asciende. Después llega a la caldera y se encuentra con el caos de gases venenosos y vapores ardiendo que salen de los cuatro cráteres (miles de toneladas diarias), y estos interaccionan con el aire que ya vienen acelerándose. Al mezclarse se aceleran aun mas, ya son como torbellinos, que al alcanzar las fuertes pendientes finales de los cráteres principales, el Maroum y el Benbow, siguen acelerándose aún mucho más hasta soplar con 100 kilómetros por hora y ráfagas aún superiores.

Este es el escenario que nos encontramos en la cima del cráter Benbow: vientos huracanados, gases por doquier, el interior del cráter no deja ver nada, esta colapsado de gases, que apenas escapan porque entre el viento de convección y las espesas nubes encima del cráter, los gases tienen muchas dificultades para salir del mismo.

¡Es imposible intentar descender al interior! Con este panorama, sería una muerte segura en apenas diez minutos. Nos conformamos esta vez con caminar por el borde del cráter y observar hacia adentro cuando las fuertes rachas de viento nos dejan alguna oportunidad de ver algo en las entrañas del Benbow. Estamos asustados de mirar este cráter, su tamaño es gigante, ruge como un dragón al removerse continuamente y a gran velocidad la lava, que oímos, pero que no vemos. Es como el gran monstruo que nos avisa que saldrá, si no nos marchamos de allí.

No me extraña que hace unos 150 años  siguieran arrojaran niños en los rituales que se hacían para aplacar la ira de estos volcanes que han matado a lo largo de la historia a muchas personas. No sé si sentimos decepción o alegría al saber que no nos podemos meter en su interior, no hay condiciones mínimas para la seguridad, sino todo lo contrario, esta en pésimas condiciones, nos mataría sin duda.

Decidimos continuar hacia el cráter de Maroum, que se encuentra a unas dos horas de aquí, aunque el guía local y John nos avisan que hay una sección en la ruta muy peligrosa por los gases que convergen en una estrechez, aun así resolvimos continuar y despedirnos del Benbow, hasta el día siguiente que sin duda lo volveremos a intentar, no somos de tirar la toalla fácilmente.

Atravesamos coladas de lava solidificada, bancales de cenizas, rocas, meteoros arrojados por los volcanes, un mundo de fuego, terremotos, y gases tóxicos. Avanzamos sin detenernos porque empezamos a sentir de nuevo el fuerte olor a amoniaco, es el más molesto de todos. El azufre parece que nuestras máscaras anti-gas lo toleran mejor, pero el cloro traspasa más de lo debido los filtros, y nos irrita la garganta y pican los ojos. ¡Tenemos que darnos prisa en atravesar este sector, donde los gases se concentran y descienden al ser expulsados por el Marum y los otros dos cráteres pequeños.

Al llegar a este punto el olor es muy fuerte incluso dentro de la mascara, es insoportable, aumenta el calor y hay nubes bajas que son los gases mas tóxicos, que se han convertido en ácido sulfúrico porque esta lloviendo, y esto es altamente peligroso. La persona “x” (ganadora del Desafío Himalaya), está asustada de nuevo, y mi hermano Kike tose sin cesar y sus ojos muestran que esto no le gusta nada, como a mí, que me está dando la sensación que estoy matando poco a poco mi cuerpo con tantos tóxicos.

Conseguimos atravesar este sector terrible y nos situamos en un lugar entre los dos cráteres  pequeños y el cráter Maroum, pero algo no va bien, no se ve casi nada fuera de esta pequeña isla. John nos dice que hoy están especialmente activos los volcanes, que  no es normal esta actividad, especialmente la de los cráteres pequeños, es posible que se esté preparando una fuerte erupción como ocurrió el pasado enero, donde casi tienen que evacuar la isla. Sufrieron una fuerte erupción seguida de terremotos, uno de ellos cercano a 8 en la escala de Ritcher, que ¡desplazó la isla medio metro hacia el este! Esta es la verdadera violencia de estos volcanes, y ahora están tan activos que es preludio de que algo gordo esta a punto de pasar.

Es imposible continuar por la misma ruta que  nos llevo hasta la cima del Maroum hace tres días. Vemos fumarolas muy violentas que ascienden a miles de metros de altitud, la lluvia hoy es extra-ácida, y el cráter  más cercano a nosotros se ha vuelto loco expulsando todo tipo de gas, y sobre todo el gas azul, que es el mas mortífero de todos, es puro cloro, que se mezcla con la lluvia y se transforma en un aniquilador anhídrido clohídrico. Esto es lo que está ocurriendo, tenemos la ruta cortada y lo peor es que nosotros estamos dentro.

Tenemos que dar la vuelta, retroceder por el mismo camino y atravesar el anhídrido clorhídrico otra vez, ¡qué asco!... Retrocedemos y a tientas atravesamos esa nube azulada que a penas nos deja vernos los unos a los otros. Sin máscaras en pocos minutos estaríamos muertos. ¡Uf!, ya está: hemos salido por la misma ruta que nos trajo hasta aquí, y nos alejamos a toda prisa de ese infierno, de gases mortíferos. ¡Increíble! De un  día para otro cómo pueden cambiar las cosas.

John esta “mosqueado”, repite sin parar que algo gordo esta a punto de pasar… Llegamos dos horas después al campamento, agotados de tanta adrenalina, no del esfuerzo físico, que nada tienen que ver a otros Desafío más duros físicamente, pero la fuerte tensión a la que estamos sometidos nos deja extenuados. La persona “X”, esta alucinando, no da crédito a lo que le esta pasando, quiere irse de aquí ¡ya!, aunque luego lo piensa dos veces al calor de la hoguera y como ha nacido en él, o ella, la semilla de la aventura, quiere ver el final de ésta…

Amigos mañana será otro día y sin duda intentaremos de nuevo alcanzar la cima de nuestro objetivo, nuestro Desafío Extremo, descender al fondo de unos de los cráteres más tóxicos y peligrosos del planeta.
Nos quedan dos días, tiempo de máxima exposición al organismo a tantos venenos.

En dos días sabréis como nos han ido las cosas, por aquí, en la casa del diablo.

Ya casi no tenemos huellas dactilares por la acción de la lluvia ácida, la piel esta acartonada, y nos pica todo el cuerpo, ni que decir tiene que estamos con la garganta fastidiada de inhalar tanta “mierda”, y el agua y comida que metemos para el cuerpo, está contaminada.

¡Queremos que termine este Desafió Toxico, pero nunca antes de un último intento!