estás en > Expediciones > Vanuatu > Posts > El infierno existe

Vanuatu 12.2009

Volver

Aquí amigos está uno de los volcanes más infernales, dramáticos, peligrosos, violentos, y venenosos del mundo.Este es nuestro próximo Desafío Extremo, un desafío absolutamente radical y diferente a cualquier otra cosa que hubiéramos hecho antes.

> El infierno existe

Os recuerdo que estamos en el archipiélago de las islas Vanuatu, en busca de los volcanes más activos de lava del mundo, pero sobre todo los que más gases venenosos expulsan a la atmósfera de todo el planeta, aquí estará nuestro siguiente Desafío Extremo.

Después de llegar al campo base, nos damos cuenta que este Desafío va a resultar mucho más difícil de lo que esperamos.

Lo más sorprendente es que nada más salir de la selva, aparece la gran caldera de 12 kilómetros de ancho, que se extiende como un desierto de destrucción donde sopla un constante viento.

No es un viento normal, es racheado, sopla muy de lado y es fortísimo. Lo normal es que sople sobre los 60 a 70 kilómetros continuamente, y por si esto fuera poco, la lluvia cae las 24 horas del día. Este extraño fenómeno que se produce durante los 365 días al año, es debido a la interacción de los volcanes.

Vista de los volcanes Marum y Benbow desde el campo base.
Estos cráteres expulsan tantas toneladas de vapores y gases altamente tóxicos, que al entrar en contacto con la atmósfera cargada a su vez de humedad (estamos en pleno trópico), hace que casi al mismo tiempo se produzcan precipitaciones torrenciales, y vientos de convección que entran y salen de los profundos cráteres que se van acelerando, hasta alcanzar en ocasiones los 100 kilómetros por hora con ráfagas de hasta 130.

Es como estar metido en una auténtica locura de destrucción. Además las columnas de gases se elevan hasta los 15 kilómetros de altitud, generando en ocasiones aparato eléctrico encima de los mismos cráteres.

A esto hay que sumar que lo que expulsan estos cuatro cráteres, son los gases más venenosos que existen, que al mezclarse con el agua de la lluvia se convierten aún en más peligrosos. El producto derivado es auténtico ácido sulfúrico y ácido clorhídrico, que vuelve a precipitarse en las inmediaciones del cráter, y si los vientos son predominantes, siembra toda la isla de este mortal líquido, aniquilando cualquier signo de vida, obligando en diferentes ocasiones a emigrar sus habitantes a otros lugares.

Y nosotros junto a ellos en su base, pasaremos una semana.

Explorando ríos de lava camino del cráter Marum, el aire es irrespirable
Según nos cuenta John, nuestro vulcanólogo guía de Australia, se expulsan diariamente miles de toneladas de estos gases, los más peligroso y mortíferos, y sólo gracias al fortísimo viento, podemos sobrevivir, al insuflar en esta mezcla letal el oxígeno vital para respirar. Si no fuera por estos vientos, desde donde os escribo esta crónica estaríamos todos muertos, pues nos encontramos a tan sólo cuatro kilómetros de los cráteres, y las columnas de gases tóxicos pasan por encima de nuestras cabezas, arrastrados por los vendavales. Si el viento se parase, estos descenderían encima de nosotros al ser más pesados y nos matarían en pocos minutos.

En fin que la muerte sobre vuela el campamento, y rezamos para que el viento no cese ni un instante.

Otras curiosidades de estos volcanes es que la placa Australiana y la pacifica chocan una sobre la otra a tan solo 100 kilómetros de este punto, que se llama cinturón de fuego del pacifico.

La placa Australiana desciende en la colisión  hasta los 200 kilómetros bajo tierra, y en ese movimiento se cuelan millones de toneladas de agua marina salda, que interacciona con el magma. Esta es la razón por la que en estos volcanes los gases sean tan tóxicos.

A estas curiosidades también hay que añadir que en el magma, se han fusionado muchos metales y minerales, entre ellos, gran numero de radiactivos, como uranio, y radón, por lo que toda la zona en la que estamos acampados, es  radioactiva. La ceniza que todo lo cubre da fuertes valores en los aparatos que miden la radioactividad.

Jesús, Emilio, y Kike llegando al cráter Marum. La lluvia ácida es de PH 2, igual que el vinagre.
Sin duda el lugar es terrible, no apto para la vida. Ni al mismísimo Dante se le hubiera ocurrido un escenario tan letal, y horrendo. Pues aquí amigos estamos Emilio, Kike, la persona “X”, ganadora del Desafío Himalaya, y el que os escribe, acampados a tan sólo cuatro kilómetros del primer cráter, y seis del último. Son cuatro los cráteres, dos pequeños, explosivos, y dos grandes, que alojan gran cantidad de magma en su fondo.

Ayer hicimos la primera incursión hacia los cráteres. Si tengo que ser sincero, estábamos “cagaditos de miedo”, porque el escenario es de muerte y destrucción. Nos equipamos con nuestros mejores trajes de agua, botas, etc.., y nos pusimos en marcha, en dirección al cráter Marum, cuyo diámetro es de un kilómetro, y casi 400 metros de profundidad.

El camino desde el campo base hasta su cima nos llevó dos horas, ¡pero qué dos horas! Llovía de una manera bestial, el viento no te dejaba casi entendernos al hablar, el suelo es un mar de cenizas y piedras que los volcanes han expulsado. No hay vida, y la sensación es la de estar en otro planeta.

Avanzamos bien juntos, porque la lluvia a medida que te acercas a los cráteres era más intensa y la visibilidad se reducía, además no nos separábamos de John ni un palmo, esto para nosotros es demasiado novedoso, y no sabemos el efecto de los gases en nuestro organismo, y ni tan siquiera todos los potenciales peligros que están a nuestro alrededor.

John y el otro guía local que se llama Jesús como yo, nos guía con paso firme, hasta que nos agarran por lo brazos y nos mandan ponernos urgentemente las mascaras de gas. Levanto la vista que llevo hacia abajo para protegernos del intenso aguacero, y veo una gran masa de nubes blancas que vienen hacia nosotros a gran velocidad… John grita que vienen gases muy tóxicos y se afana en sacar rápido las máscaras de las mochilas. Nos la pone precipitadamente, sin explicarnos su uso, y en efecto las nubes llegan hasta nosotros y sentimos calor, y un extraño olor que traspasa los dos filtros paralelos que tienen las máscaras. Después tranquilo nos explica su uso y nos da instrucciones.

Lo que se nos ha echado encima son nubes de ácido sulfúrico y algo de clorhídrico, son espesas, blancas intensas, y se mueven a gran velocidad, estas serán nuestro enemigo numero uno, mejor dicho el enemigo numero dos, porque el uno son las nubes azules, estas son prácticamente letales, y mejor es que no las veamos, aunque pululan por todos lados.

A medida que nos acercamos a los cráteres el picor de ojos se hace casi insoportable, es como si nos metieran vinagre en los ojos, aunque a mí me relaja observar a John que contra más desgracias, mas se ríe. ¿Nos querrá relajar con esa actitud o está loco?

También nos ponemos los cascos, pues las explosiones aunque menos frecuentes, ocurren sin previo aviso.Con este panorama y después de nuestro primer encuentro con las nubes de gas, caminamos con incertidumbre y miedo hacia la cima del cráter. Estoy descubriendo que esto no me esta gustando demasiado, todo es incontrolable, y respiramos PURA MIERDA.

Mil preguntas me hago: ¿Cuánto aguanta el cuerpo humano? ¿Cuál es el límite de gases que los pulmones toleran? ¿Aguantarán las máscaras de gas? ¿Nos dará un pepinazo en la cabeza? ¿El violento viento nos arrojará en una ráfaga al interior del cráter a modo de sacrificio como le ha pasado recientemente a un científico francés en este mismo cráter? ¿Se nos pudrirá la piel  por la extremada lluvia ácida? ¿Entrará en erupción cuando merodeemos por los alrededores de los cráteres?

Jesús, Emilio, Kike y John camino de los cráteres activos
Dios mío, qué cantidad de incógnitas que desconocemos, y realmente esto nos da miedo, especialmente a la persona “X”, que ahora esta convencida que esto es un castigo o una broma pesada de la tele.

Así avanzamos por las escorias, lavas enfriadas, piedras pómez, montículos de meteoros que han sido expulsados a gran velocidad, extraños filamentos que parecen pelos, y mil y un vapores azufrosos. Estamos en los volcanes de lava más activos del planeta y sin duda el que más gases mortíferos expulsa, y el colmo es que estamos llegando al borde del cráter.

Según remontamos la parte final del cráter principal nos sacude una fortísima racha de viento muy caliente, que no nos deja ver ni a un metro siquiera, pierdo la referencia de mi hermano que estaba a tan sólo tres metros, y lo peor de todo es que casi no podemos respirar. Una extraña sensación nos invade a todos, pensamos que algo se ha descontrolado en los cálculos de John, esto no es normal, estamos casi fritos de calor, sin respirar y quemándonos la garganta. Sin preguntarnos nada echamos a correr despavoridos, pero  no vemos nada. Kike esta desorientado, Emilio es la primera vez que no graba algo excepcional y sus ojos buscan respuestas, la persona “X”, se tira al suelo, grita y se tapa la cara, y yo atónito a este espectáculo, creo que pensé que algo malo nos iba a pasar.

John, grita que no nos movamos ni un metro, y que nos agachemos en contra de esta nube de muerte. Dice que nos relajemos y respiremos despacio y sin gastar fuerzas, la nube pasará… Fue un minuto, pero os juro que pensé que no lo contábamos. Solo recuerdo la nube que vino rapidísima, todo lo invadió, y desde el mismo borde del cráter vi el color naranja de la lava que reflejaba en la espesa nube, como si el mismo diablo nos quisiera llevar.

Qué barbaridad, qué miedo, y el loco del australiano vulcanólogo, dice que podemos continuar, que ya ha pasado, pero que vendrán otras y nos iremos acostumbrando, después añade que estas nubes si no fuera por la violenta acción del viento, nos matarían en pocos minutos, y el tío se queda tan pancho, y se pone en marcha dirección a la cima del cráter.

Dudamos, pero decidimos continuar detrás de este insensato. En menudo lío nos hemos metido, nunca pensé que esto sería tan difícil y altamente peligroso…

Antes de llegar al cráter principal, pasamos por los dos cráteres pequeños, aunque entre comillas, porque uno de ellos tiene 200 metros de profundidad, y es muy violento, produciendo explosiones frecuentes. Lo demuestra la gran cantidad de piedras de gran tamaño, algunas de hasta tres toneladas que hay por los alrededores. Es la firma que deja, y John nos explica que ha lanzado rocas y piedras a cuatro kilómetros de distancia. La pena es que no podemos ver nada, está tapado de vapores y la intensa lluvia no nos deja ver nada. Justo en este momento me pregunto que por qué estamos aquí, ¡si John nos había dicho que si llovía mucho había que darse la vuelta porque los gases se hacen aún más tóxicos! Es momento de que me aclare esto:

-John, ¿no decías que la lluvia era muy peligrosa si se mezcla con los gases?

Por supuesto, es tan peligrosa que nos puede matar, por eso estamos caminando al otro lado de los cráteres para que las nubes de gas circulen al lado contrario al nuestro-

-Eso lo entiendo, pero ¿y si cambia la dirección del viento, o este se calma?

-Muy fácil respuesta, no tenemos ninguna posibilidad de salvarnos-

¡¡Ahhhhhhhhh!!, ya lo entiendo

Y seguimos caminando como si no pasase nada. Ahora si que voy “cagadito”y decido que John está loco de remate.

Remontamos la última parte del cráter, es la más empinada, y John nos avisa que cuidado a ambos lados del cráter, porque hay una fuerte pendiente, sobre todo con las posibles y frecuentes ráfagas de viento. Según dice esto oímos un ruido ensordecedor y aparece una nube blanca muy tóxica desde el interior del cráter a una velocidad fulgurante, estas son las ráfagas de mas de 100 k/m por hora de la que nos hablaba John. Por instinto nos tiramos al suelo para protegernos, y yo resbalo en la ceniza y me deslizo unos diez metros inmerso en la nube de gas tóxico. ¡Qué desesperante pesadilla! ¡Me quiero ir de aquí!

Decido continuar porque apenas nos quedan quince minutos para alcanzar la cima. La persona “X” está muy asustada, y yo empiezo a temer por todos nosotros, ¡en menudo jardín nos hemos metido!

Hasta que llegamos a la cima del cráter tuvimos que soportar al menos otras diez violentas nubes tóxicas, y todo a nuestro alrededor es vapores y gases, apenas se ve más allá de veinte metros, el paisaje es desolador, pero llegamos a la cima.

Estamos en el borde de este tóxico y letal cráter, hacia abajo casi 400 metros de caída vertical, y en el fondo un gran lago de lava que oímos pero que no vemos, el cráter está completamente lleno de vapores y gases, y no se ve absolutamente nada, pero el ruido que oímos pone los pelos de punta. Son como explosiones y olas que golpean contra acantilados en mitad de una tempestad, y eso es exactamente lo que hay debajo del cráter: lava que golpea contra las paredes del volcán, formando un lago circulante de lava que procede desde el magma a 200 kilómetros de profundidad, y que asciende los últimos 10 km por una chimenea vertical, produciendo incluso mareas de lava.

Este es el mundo que tenemos a nuestros pies, sin duda alguna la puerta del infierno, es aterrador, pero fascinante a la vez. Ahora entiendo por qué a este tipo australiano estos infiernos le han atrapado, donde ya casi no es consciente de los constantes peligros.

Kike, Emilio y Jesús acercandose a los cráteres muy activos que expelen gases altamente venenosos
La llamada del mismísimo diablo le hace venir a estos parajes una y otra vez, perdiendo el respeto a estas fabulosas fuerzas de la naturaleza. Son muchos los vulcanólogos que han  perdido la vida. Los volcanes activos, y más estos, extremadamente activos no dan segundas oportunidades cuando desatan toda su furia.

John nos cae muy bien, es simpático, agradable, un tipo con mucha experiencia, ha visitado 140 volcanes por todo el mundo, es en realidad un hippie de los volcanes, que dedica su vida a ellos, pero pensamos que lo que hace es demasiado arriesgado, y le vigilaremos en corto porque no nos fiamos del todo de “sus instintos”, cree en la magia de la isla, en los poderes talismán de los volcanes, y otros hechizos, en definitiva se le ha dado un poco la vuelta el cerebro.

Después de la primera experiencia en esta isla con los volcanes, cansados, empapados de agua hasta no más, respirando un aire envenenado atenuado por las máscaras de gas, y con el susto en el cuerpo, estamos de regreso hacia el campo base, en medio de la noche mas cerrada que yo haya visto nunca. El suelo es negro de las cenizas, el viento ensordecedor, llueve torrencialmente, la niebla, vapores y gases tóxicos nos envuelven, y aun así, el guía local, encuentra la senda que nos devolverá sanos y salvos al campo base.

Nos quitamos la ropa que huele a azufre, y la ponemos a secar debajo de una minúscula hoguera, mientras llueve sin parar. Nos cobijamos debajo del toldo improvisado con un plástico que se está deshaciendo de hora en hora por la acción de la lluvia ácida, y en calzoncillos, porteadores y nosotros estamos agolpados al calor de la pequeña hoguera, todo esta mojado.

La experiencia aterradora, pero fascinante, yo diría que esta empezando a embrujarnos el diablo. Queremos volver a asomarnos a las puertas del infierno…

El día ha amanecido aún más lluvioso que el de ayer, y el viento ahora es huracanado, hoy no podemos movernos del campo base, pero esperamos nuestra segunda oportunidad para alcanzar la difícil cima del cráter Benbow, nuestro objetivo.

Este cráter es aún más violento que el resto de los otros tres cráteres, y expulsa más gases nocivos, porque dentro se encuentra el lago de mayor actividad de lava del mundo, y el 95% de sus gases son altamente tóxicos y letales.

Las laderas para el ascenso son complicadas, pocos son los que han llegado para asomarse a su cráter donde John dice que está el lugar más extraordinario de la tierra, dice que nada se le puede comparar. Hay un lago de lava de mas de 100 metros donde rota continuamente a gran velocidad, solo aquí se puede ver esto, y todo dentro de un cráter de mas de 200 metros de profundidad y un kilometro de diámetro.

Será muy difícil alcanzar la cima de este cráter complejo, y mas después de ver cómo se las gastan aquí los gases tóxicos. Los de este volcán lo son aún más en cantidad y en toxicidad. Tenemos que encontrar el momento que no llueva demasiado, que el viento sea razonable, y escoger muy bien el ángulo por el que subiremos para alejarnos de las nubes híper toxicas, o al menos que pasen sobre nosotros rápido, como cuando hicimos la visita al cráter Marum.

Y aún habrá mas, sólo si las condiciones son perfectas, y el cráter está despejado de gases, intentaremos descender al fondo del mismo por sus paredes verticales, equipando una ruta de escalada hacia el fondo. Esto es un 1% de posibilidades las que tenemos, no es cuestión de echarle “huev….”, es imperativo que se den unos mínimos, porque de ese cráter sale diariamente a la atmósfera 2.000 toneladas de ácido sulfúrico, un gas letal, además de otros aún más tóxicos, y en su interior se dan vientos huracanes de convección. Sobre la cima del cráter se forman nubes toxicas que alcanzan los 15 km de altura y producen tormentas con fuerte aparato eléctrico desde donde se desprende una lluvia ácida tan intensa, que es igual que si lloviera lejía rebajada. Por esta razón o están las condiciones mínimas o nos conformaremos con llegar a la cima de este cráter y admirar según John la mejor obra que la naturaleza ha creado.

Amigos me despido hasta la próxima crónica, porque sólo nos quedan tres días más, no es que no tengamos más días, es que en la posición en la que nos encontramos tan próxima a los volcanes, la lluvia ácida, los gases que estamos respirando, y la radioactividad en la zona, hace que sea aconsejable un máximo de una semana, soportando este lugar de muerte.

Así que solo nos quedan tres días para completar nuestro objetivo: alcanzar la cima del cráter Benbow, y sería extraordinario si conseguimos descender al mismo, cosa que ya os anuncio desde ahora que es casi imposible.

Jesús Calleja a las puertas del infierno.