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Groenlandia, hacia el glaciar de Humboldt 04.2009

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Groelandia es casi tan grande como Europa, pero solo viven 56.000 personas, no existen carreteras que conecten ninguna ciudad o pueblo. En realidad es una gran masa de hielo y nieve de sur a norte, es el lugar mas radical que uno puede imaginar.

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Hola de nuevo amigos, recordar que en la anterior crónica, conseguimos remontar los dos glaciares, y por delante nos queda una parte del “Inlandis”, que es la masa de hielo y nieve que cubre casi toda Groelandia con sus 2.500 kilómetros de larga, por 1000 kilómetros de ancha y mas de 3.300 metros de profundidad.

Los días se nos están escapando, y tenemos que doblar las horas en nuestra travesía, por lo que a partir de ahora nunca menos de 12 horas de expedición, llegando a las 12 de la noche todos los días, que como durante 6 meses como es de día las 24 horas, nos permite avanzar sin problemas.

Ramón y yo estamos especialmente felices de haber alcanzado el Inlandis, ahora todo es plano, no hay nada a cientos de kilómetros a la redonda, no hay vida, no hay montañas, no hay nada excepto hielo y nieve hacia cualquier lado que mires.
Importante no perder el rumbo, y sobre todo al menor signo de que sople el inesperado y violentísimo viento catabatico, hay que parar y montar a toda prisa el campamento. Una decisión tardía puede hacer que alguien se congele.

Avanzamos muy lentos con nuestros perros Groelandeses tipo “chihuahua”, pero avanzamos. El trineo pesa 400 kilos de peso más nosotros, pero aunque parezca increíble los perros pueden con este conjunto de trineo, carga y nosotros.
Las horas pasan monótonas, mirando para el infinito, y lo único que perturba tanta monotonía, es el fenómeno del “perihelio”, que es la formación óptica de dos soles a izquierda y derecha del sol. Son auténticamente como tres soles unidos por un extraño y fino anillo.
De vez en cuando también cae una especia de escarcha, que es simplemente humedad, que se adentra en el casquete polar, y como la temperatura esta por debajo de los -25º C, se hiela la instante.
El único ruido, el chirriar de los patines del trineo al romper la nieve, son horas y horas sin mas novedades que estas, pero a la vez sientes una paz única. Estas solo, con un buen amigo navegando en nuestro trineo arrastrado por perros, sin otro problema que sobrevivir, alerta a cualquier anomalía, y con la mente prácticamente en blanco. Se me olvida que tengo otra vida, donde hay familiares, amores, una casa con calefacción, una vida, en realidad mucho mas complicada que esta, donde el ruido y los problemas son el día a día, y aquí de repente todo eso se esfuma, te adaptas, afinas el instinto de supervivencia, y sobre todo disfrutas de la fuerza bestial de la naturaleza. ¡¡Amigos es algo único¡¡.
No se compite, no hay velocidad, no se busca la gloria del Everest, no es una aventura mas, es algo diferentes, es uno de los mejores desafíos de mi vida, es maravillosamente placentero”.

Así envuelto en mis pensamientos, progresamos decenas y decenas de kilómetros, acampamos en este desierto helado, y el tiempo pasa. La única incógnita que te quita el sueño, si llega el brutal viento catabatico, que todo lo arrasa, puede arrasar incluso con tu vida, como nos cuentas las innumerables historias de los esquimales Inuit.
Nos dicen que en ocasiones sopla tan fuerte, que todo sale volando, incluso las personas si no han conseguido un buen refugio, algo aquí casi imposible.
Los Inuit a pesar de su fortaleza y adaptación excepcional, están inquietos no duermen bien, y nos meten prisa para ponernos en marcha, y no parar en al menos 12 o 14 horas.
Nadie quiere ser pillado por el viento catabatico en el Inlandis. Nosotros también tenemos ya ese respeto, nos ha azotado muy duro dos veces, y sabemos que puede ser mucho mas cruel. Todos queremos abandonar el Inlandis, el lugar donde no hay cabida para la vida...

Por fin llegamos al otro lado de esta masa de hielo, y empezamos a descender muy suave, cosa que agradecemos, pues la lentitud con la que se mueve el trineo de Ramón y mío es de horas de diferencia respecto al de los esquimales, pero no tiramos la toalla, seguimos adelante ante la sorpresa de los esquimales.
Ya nos estamos ganando su respeto, no apostaban por nosotros ni una corona danesa…

Como siempre todo va bien hasta que deja de ser así…

El descenso pasa de repente de ser suave a radical.
La nieve ha desaparecido, y solo hay hielo vivo, hielo azul, donde pones un pie y detrás viene el tortazo.
Más técnicas Inuit:
Hay que poner una maroma en cada patín del trineo, además de unas cadenas, y Ramón delante frenando los perros y yo detrás dirigiendo el trineo.

Empezamos este fuerte descenso con precaución, hasta que perdemos el control y todo se desmadra. Perros por un lado, trineo por otro.
Yo agarrado a los mangos del trineo pero literalmente arrastrado por la inercia y velocidad del trineo. Ramón abandona el barco obligado por la velocidad que va alcanzando, va delante caminando con los perros, pero en el momento del descontrol ya no puede subirse y allí me quedo yo, mirando a Ramón con cara de “chucho” asustado, preguntándome donde esta el manual de instrucciones para esta situación: si me suelto, el tortazo será muy violento y puedo romperme algo, si me quedo la velocidad aumenta por segundos. Las grietas son gigantes, pero como son de hielo vivo el trineo las va saltando.
Ramón grita, y yo no se que hacer.

Como siempre las situaciones se pueden resolver bien, medianamente bien, mal, muy mal o catastróficas.
Nos quedamos en situación mal. “El armario ropero”, consigue frenase violentamente cuando en un momento de suerte se desliza lateral y un pináculo de hielo lo bloquea. Justo en ese momento salgo volando por los aires por delante del mismo, sin mayores consecuencias.
Allí estábamos Ramón y yo observando nuestra obra…
Nos queda mucho para ser Inuits. Y una vez mas la sorpresa es que nadie viene a ayudarnos. Solo nuestro amigo y cámara Emilio Valdés, que tiene esa habilidad de los buenos cámaras de situarse saltando de su trineo, sonde sabe que habrá emoción.
Como siempre acierta y lo tiene todo grabado para que lo veáis en nuestra serie de Desafío Estreno próximamente.

Maria y Miguel no tiene constancia de lo apurados que estamos en diferentes situaciones, y con toda su buena voluntad cuando llegamos a los campamentos nos tienen preparados los “balacof” para atar los perros, y nos ayudan en las tareas domesticas, pues llegamos mucho mas tarde que ellos.
Emilio es nuestra salvación, porque insiste en parase en determinados lugares y esto nos ayuda aunque sea moralmente.
¡¡Emilio gracias¡¡ .

Por cierto Emilio ha estado con nosotros en nuestro destartalado trineo y se parte de risa de nuestro “modus vivendis”. Un día estuvimos a punto de colarnos por una grieta mientas el lo filmaba. Es el riesgo de los aventureros cámara…
Pasamos este apuro y descendemos el glaciar. Estamos exhaustos, no ha sido nada fácil, y Ramón me confiesa que son los glaciares más duros que ha remontado con trineo arrastrado con perros, y es un tipo con mil y una vivencias árticas.

Parece que ahora las cosas iran mejor, pero una vez mas lejos de la realidad…

Por delante nos espera a priori mejor terreno, pero es importante que los Inuits se orienten entre la infinidad de posibilidades que existen. Ahora hay muchas pequeñas montañitas redondeadas que hay que subirlas, después a la izquierda, derecha, otra vez de frente, ahora bajamos, volvemos a subir, de nuevo ¿izquierda o derecha?, Ramón y yo vamos tan lentos respecto al resto de los trineos, que el viento en ocasiones borra sus huellas y tenemos que afinar la vista para acertar por donde han ido.

Yo personalmente me desespero por la nula ayuda que recibimos de los esquimales y me pregunto si no será excesivo. Estamos en un lugar tan lejos de cualquier sitio, y a la vez tan hostil, radical e imprevisible, que lo mas lógico, o al menos lo que yo haría es ir en grupo, sobre todo ahora que estamos en la zona de principal caza de los esquimales, donde los bueyes almizcleros, caribúes, y sobre todo el temible oso polar están por todas partes, y parece que les da igual.
Esta claro que solitos tenemos que resolver todos los problemas, menos mal que contamos con Emilio como aliado, que en alguna ocasión se planta tarándose literalmente del trineo para exigir que nos esperen, aunque a duras penas consigue que su esquimal se detenga.
Cuando lo hacemos el esquimal a penas esta 5 minutos con nosotros y se “pira” de nuevo.
Me voy a convertir si o si en un esquimal, no me queda elección. Menos mal que esta Ramón que es el que toma las decisiones importantes, y más o menos vamos avanzando.
Nuestros “chihuahuas” se están cansando en exceso, son unos 60 kilómetros los que recorremos diariamente por un terreno muy complicado y esto les esta pasando factura.

Hay novedades, vemos en la distancia que están todos parados. ¿Qué pasara?..

Han cazado un buey almizclero, y visto y no visto lo han despellejado y troceado la carne. Al menos tendremos comida para nosotros y los perros.
De nuevo estampida de los esquimales y continuamos la marcha.

Nieva, hace un frío horroroso, y al estar sin demasiada actividad encima del trineo en estos momentos nos estamos congelando. Hay cerca de -30ºC, es sin duda el día mas frío de todos. Tengo dos camisetas térmicas, un forro polar fino, otro forro polar grueso, el plumas y la parka ártica, y aun así estamos congelados.
Este día no parece tener fin, hasta que llegamos a un collado de unos 500 metros de altura y debajo esta el mar helado.
¡Por fin¡, hemos llegado de nuevo al mar helado, estamos muy al norte, a unos 1000 kilómetros mas o menos del mismísimo Polo Norte, donde se encuentra el territorio del oso polar. Ahora estamos cerca de la única cabaña que tienen los esquimales en esta parte de Groelandia. Hace un año que no llega nadie...

Antes tenemos que descender éste collado con el trineo y aparentemente parece complicado. Tiene mucha inclinación y anuncia que pasaran cosas…

Empezamos el descenso, y Emilio se queda en ese punto esperándonos porque sabe que algo nos va a pasar...

A penas han pasado 200 metros cuando de nuevo perdemos el control del trineo, se nos desmanga, se tuerce, adquiere velocidad, perdida total del control, y todo se “despendola” hacia abajo.
El trineo cobra vida propia, y se hace una bola junto a los perros. Ramón y yo corremos detrás de el sin conseguir alcanzarlo, hasta que se para contra unas rocas y por suerte se detiene justo cuando la parte mas inclinada estaba por delante. Hemos salvado el trineo y los perros inextremis.

El trineo volcado, todo desperdigado, los perros hechos una bola. En fin, necesitamos mucho tiempo para recomponernos y continuar la bajada, con más miedo que vergüenza, aunque a eso de las dos de la madrugada alcanzamos la cabaña donde están todos esperándonos.

Ramón y yo estamos extenuados y casi no hablamos, nos movemos como autómatas con las tareas rutinarias: atar perros, darles de comer, deshaz el trieno, etc...

La cabaña es autentica como las del siglo pasado, donde nos metemos todos mas el cazador de Sierapaluk que se nos ha unido al grupo. Conseguimos calentarnos, hacer una buena cena, unas risas, y todo colgado a secar por todas partes: camisas, parkas, “gallumbos”, calcetines olorosos. Menudo jaleo de cabaña que tenemos, y aun más jaleo de ronquidos de toda la “peña” que somos. ¡¡Adaptación¡¡.

Por la mañana continuamos por el mar helado que ya no abandonaremos durante los próximos 200 kilómetros.
El paisaje es brutal, lleno de icebergs que han quedado atrapados en el hielo como fantasmas que no se mueven. Todo es hielo, es de una magnitud fantástica, y el sol nos acompaña aunque las temperaturas son bajísimas.

Hacemos varias noches en este mar helado, aprovechando para avanzar más deprisa los llamados “Kangoo”, que son los bordes helados de la costa que al subir y bajar la marea forma una especie de pista por donde el trineo se mueve mejor.
Hasta que un día ya no hay mas Kangoo y seguimos por el mar helado.

-¡Ramo alto¡, hay huellas de osos por todas partes. Las observamos y vemos que son recientes. El oso esta cerca.-
Ramón saca el rifle y lo tiene a mano, no es una broma, estamos de nuevo solos y los osos son osados y es posible que vengan a husmear. Por si acaso el rifle siempre a mano, solo repite eso todo el rato...

¡¡Mira hay dos osos¡¡. Efectivamente vemos por fin los osos en estado libre. Son increíbles, majestuosos, aunque les vemos algo lejos, más bien huyen de nosotros, pero los vemos durante diez minutos.
Esta claro que es el territorio del oso.
Repito que aquí no hay nadie ni llega nadie desde hace un año, y los que llegan son un máximo de 5 o 6 cazadores Inuits.

Así siguen las jornadas disfrutando de todo a nuestro alrededor: osos, focas, zorros árticos, bueyes azmilcleros, icebergs, mar helado, nieve, una costa increíble de montañas verticales con cascadas heladas.
Es un autentico paraíso helado, donde destacan los icebergs tubulares, inmensas moles de hielo que se desprenden principalmente en estas latitudes del glaciar de Humbolt, y que son planos por arriba con millones de toneladas de hielo, que están por todas partes, atrapados en el mar helado, y por el medio de ellos avanzamos nosotros en los trineos arrastrados por perros. ¡¡Una gozada¡¡.

Por fin llegamos a nuestro objetivo, el día mas largo de todos con 70 kilómetros de recorrido. ¡¡Estamos en el glaciar de Humbolt¡¡. ¡¡Desafío completado¡¡. El glaciar mas grande del hemisferio norte y el segundo mas grande del mundo con mas de 100 kilómetros de frente glaciar. Es la mayor reserva de osos polares posiblemente del planeta. ¡Y aquí estamos¡

Montamos el campamento en mitad del mar helado y acompañamos a los esquimales a cazar dos focas necesarias para que los 60 perros coman además de nosotros. Solo cazan por necesidad, nunca por deporte u otro motivo.
Para nosotros ver cazar es muy duro, pero entendemos que es la tradición desde hace muchos cientos de años, y es su única manera de sobrevivir, a penas en esta parte del mundo quedan 20 esquimales que aun vivan según las tradiciones. En 10 o 15 años estos últimos Inuits desaparecerán…

La aventura ha sido fantástica, no queremos marchar, nos hemos adaptado, especialmente Ramón y yo. Estamos muy orgullosos de haber conseguido llegar hasta aquí sin ayuda, tal y como lo hacen los últimos esquimales, usando los tríenos de madera, durmiendo en las tiendas de tela que se emplean para la caza, manejando los tiros de perros, cazando lo imprescindible para vivir, en fin ha sido un sueño hecho realidad.

Hemos llamado por teléfono satélite a una empresa que esta en Canadá y hemos contratado un pequeño avión de hélices, le dimos nuestras coordenadas y ha aterrizado en el mar helado, junto a nuestro último campamento, para recogernos y llevarnos de nuevo a Thule, desde donde os escribo esta ultima crónica. No podemos retroceder por el mismo camino, necesitaríamos mucho tiempo y tenemos que seguir viajando por este increíble y hermoso planeta buscando más Desafíos Extremos.

Pronto volveremos al ártico, en apenas 20 días estaremos de nuevo en otro Desafío. Nos vamos al Ártico Canadiense a corrernos otra impresionante aventura, que si estáis atentos podréis seguir en estas crónicas, y después en televison en nuestro programa Desafío Extremo en Cuatro TV.

Jesús Calleja desde le hermoso Ártico Groenlandés, donde hemos vivido una aventura única como los aventureros del siglo pasado.