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Groenlandia, hacia el glaciar de Humboldt 04.2009

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Groelandia es casi tan grande como Europa, pero solo viven 56.000 personas, no existen carreteras que conecten ninguna ciudad o pueblo. En realidad es una gran masa de hielo y nieve de sur a norte, es el lugar mas radical que uno puede imaginar.

> TORMENTA CATABATICA ARTICA

Hola amigos, este año parece que perseguimos las tormentas. Y no tormentas normales, si no que autenticas tempestades.
Según Ramón Larramendi, un autentico experto, me dice que la que nos ha sacudido, es de las gordas que el recuerda…

Salimos de Sieraparok, que como sabéis es la ultima aldea nativa de esquimales que viven mas al norte del planeta, en la travesía que hemos decidido hacer en esta parte tan al norte en Groelandia, camino del glaciar de Humboldt, el mas grande del hemisferio norte y el segundo mas grande del plantea.

La primera parte es muy cómoda, nos dejamos llevar por los perros arrastrando los trineos, que pesan 400 kilos más nosotros encima, que hace un peso total superior a los 530 kilogramos.
Pues con estos “carruajes” tenemos que ascender por un glaciar de 1.600 metros de desnivel, y lleno de dificultades y peligros.

Cuando veo el frente del glaciar me parece un autentico despropósito. ¿Cómo vamos a subir por ahí?. ¡¡Le digo a Ramón que es imposible¡¡.
El me responde que de los Inuits, o esquimales esperare cualquier cosa, pero reconoce que es un pasada de ascenso.

Dicho y hecho, nos pusimos manos a la obra, y claro esta, Ramón y yo que manejamos uno de esos trineos, nos resulta muy, pero que muy laborioso. A mi personalmente me parece una proeza...

Lo más importante es saber las palabras para que te obedezcan los perros groenlandeses, que son descendientes directos del lobo ártico, y van por libre. Izquierda: “jako”, derecha: “achu”, adelante: “Hac, hac, hacccccc”, freno: “Heinnn”, y sobre todo no te muevas: “acueche”.
Estas palabras son fundamentales o perderemos el trineo.
Os aseguro que es dificilísimo, pero en el momento que nos ponemos ha ascender es terrible entenderse en el leguaje perruno. Gritamos que nos desgañitamos, y los perros obedecen algo, pero casi siempre hacen lo que les da la gana.

Las primeras rampas son brutales, y me pregunto que si yo viniera aquí con los amigos, a este glaciar, traería por supuesto crampones, piolets técnicos, arneses y cuerdas, sin dudarlo todos los pertrechos necesarios para ascender un glaciar, pero aquí no, no traemos mas que un enorme “armario ropero lleno”, que es nuestro trineo, y las bestias y sin duda alguna los héroes de esta aventura que son los perros.

Delante nuestro van los expertos cazadores Inuits que hacen gala de toda la experiencia acumulado durante años y darnos una clase magistral de cómo manejar estos enormes trineos, por rampas de hielo casi imposibles.

Ramón y yo las estamos pasando canutas, no solo para ascender el trineo, si no simplemente para mantenernos de pie en el vivo hielo.
Todo iba bien, hasta que llegaron las rocas, pues la nieve se termino al ser arrastrada por las tormentas ventosas que aquí son frecuentes. No se como pero conseguimos pelearnos de lo duro elevando el trineos a fuerza bruta de brazo por encima de rocas.

Los perros tiran como locos, pero quedamos incrustado innumerables veces entre rocas.
Es una agonía avanzar por este caótico glaciar, y casi un milagro.
Necesitamos de casi ocho horas para alcanzar un desnivel de apenas 400 metros.
Ha sido una locura este primer tramo, y los esquimales dicen que la parte final y de travesía son aun peores, pues solo hay hielo vivo.
Me parece una autentica locura simplemente al haber llegado a este punto del glaciar y nos disponemos a montar el campamento.
Estamos en una plataforma de hielo azul tapizada de nieve helada. Es un paisaje que “acojona” de la gran magnitud, de todo, pero sobre todo que estamos solos con los tres amigos Inuits. Y por delante tenemos una dificilísima ruta de ascenso a glaciares, cruzar la tundra, mar helado, etc... Es una ruta muy compleja que este año somos los primeros en intentar resolver, para llegar al territorio de los osos polares, donde dicen que hay por miles.

El campamento se establece con dos trineos enfrentados. Después se colocan dos palos verticales y uno horizontal, se echa la tela por encima, se tensa, y el resultado es una excelente tienda a prueba de fuertes vientos, y lo mejor de todo, que los propios trineos que quedan dentro de la tienda hacen de camas elevadas y aisladas del frío con la pieles de caribú que son nuestros colochones. Es la típica técnica esquimal de avance por estas largas rutas, en la que ellos empleaban o emplean para la caza hasta meses.
Es una autentica casa con patines¡¡.
Es muy importante el rifle cerca de nosotros por si viniera el oso. Esto seria un grave peligro. Primero, se pegan tiros al aire para ahuyentarlo, después balas de plástico, y si nada da resultado y ataca pues las balas serán de verdad.

Nos la prometíamos muy felices, hasta que de madrugada, empezó un fortísimo viento de repente. Ramos que dormía conmigo, Maria, y Emilio, nos dijo que nos vistiéramos corriendo, esto se puede poner dramático en cualquier momento, e incluso perder los sacos de dormir y la ropa.
Nos vestimos a toda prisa por la virulencia de los vientos.
En pocos minutos es un autentico huracán.
Los vientos son de más de 150 kilómetros hora, con rachas aun superiores.
Es imposible dar un paso fuera de la protección de la tienda. La visibilidad se reduce a 3 metros, y la ventisca lo cubre todo. No vemos ni la tienda de nuestros amigos esquimales que están a solo 20 metros nuestros, y se han dado casos de alguno que van hacer sus necesidades, se alejan mas de lo debido de su trineo, y ya nunca regresaran.
Las temperaturas que tenemos en torno a los -25ºC con este fortísimo viento huracanado, hacen que la sensación térmica sea terrible y muy peligrosa. Es muy fácil congelarte.
Estamos en una situación difícil de verdad, y los esquimales no te ayudan. Aquí hay una regla no escrita. “Cada uno que se lama su rabo”. Quien intenta esta ruta, se le presupone ser un cazador adaptado a todo lo que pueda surgir.

Pero claro Ramón esta adaptado, y yo nunca he cazado, y creo que nunca cazare (no digas de esta agua no beberé).

La tormenta es impresionante, pero el conjunto de telas, palos y cuerdas aguanta, gracias a que entre todos sujetamos y arreglamos continuamente las continuas “ñapas” que nos surgen. Pero la verdad que la sorpresa la tenemos horas mas tarde…

En plena noche polar, que en realidad es de día (24 horas de sol), aunque el sol esta detrás de las montañas por las que estamos ascendiendo y por lo tanto mas frío, la tormenta de hace aun mas virulenta, hasta tal punto que nos despedaza la tienda, y empiezan a salir las cosas volando. Es un desastre, y lo peor que nos podría pasar con este fortísimo viento y el intensísimo frío, es que sin remedio nos congelaremos todos.
Los Inuits brillan por su ausencia y se salvan ellos “el culo”, nosotros tendremos que hacer lo mismo...
Salimos por turnos para cortar cuerdas y hacer un “gurruño” la tienda, y nosotros estar dentro, los laterales les llenamos de nieve y todo lo que pillamos que no ha volado lo hechamos encima para aumentar el peso.
Ramón nos coordina, pero es tal la gravedad en la que estamos que los nervios les tenemos a flor de piel. No puede haber fallos, o esta no la contamos…

Es imposible sujetarte de pies, y lo hacemos a gatas, amarrándonos al trineo que hemos sujetado al suelo con anclas que hemos construido con maderas y cuerdas. Si te sueltas puedes salir volando, y lo dice ramón que pesa casi 100 kilos. Yo literalmente estoy en ocasiones casi haciendo la vela. Es brutal, absolutamente brutal.
Después de horas de pelea conseguimos hacer el ”burruño”, y meternos Maria, Miguel, Emilio, Ramón, y yo, por dentro estamos hechos una pelota, y las lonas continuamente pegándonos violentos golpes en todo el cuerpo. Da la sensación que no aguantaremos mucho tiempo, es horrible nuestra situación. El frío terrible y no podemos meternos en los sacos, no hay espacio. Tampoco podemos cocinar ni derretir agua, y después de la paliza de día estamos deshidratados.
Simplemente estamos atrapados en mitad de un glaciar de hielos caóticos, y atacados directamente del peor viento conocido en esta zona: el “viento cataba tico”.

Pensamos que estaríamos en esta precaria situación unas horas, pero hemos estado 36 horas, sin comer, sin beber, sin abrigarnos, solo con la ropa personal sin sacos, sin dormir, agotados, helados de frío, acurrucados en un metro cuadrado, y golpeándonos la tela sin piedad en nuestros maltrechos cuerpos. El ruido era tan ensordecedor que no nos entendíamos entre nosotros a pesar de estar cara con cara.

Amigos ha sido horrible, ni pizca de gracia nos ha hecho esto.
Hoy por la mañana hemos visto a los compañeros Inuit. Ellos también tenían todo destruido, pero se adaptaron mejor que nosotros, les quedo algo más de espacio en su tienda desvencijada. De la nuestra solo quedan unos jirones donde hemos estado envueltos en el suelo helado. Tenemos el frío calado hasta los huesos.

Hemos decidido, sobre todo los esquimales, descender de nuevo a la aldea de Sierapaluk, a descansar lo primero, reconstruir los trineos, y comprar nuevas tiendas, y sobre todo calentarnos.
Abatidos retrocedemos por la misma huella y el mismo temible glaciar, después otra vez el mar helado, y ahora os escribo desde la aldea más al norte del planeta, a tan solo 1.300 kilómetros del Polo Norte, quizás algo menos…

No se que será de nosotros, si podremos continuar, el tiempo esta de nuevo muy malo, y el viento sopla fortísimo, solo que ahora lo vemos desde una casa esquimal de Sierapaluk.
Todo dependerá del tiempo el ser o no ser de esta expedición.
Estar atentos que os lo seguiré contando puntualmente. Aun nos quedan algo más 300 kilómetros, atravesar de nuevo el mar, remontar el glaciar, avanzar por el casquete polar llamado Inlandis, descender por otro glaciar a la tundra, entrar de nuevo en el mar helado, y llegar a nuestro objetivo, el mayor glaciar del hemisferio norte con 100 kilómetros de frente: el glaciar de Humboldt.

Jesús Calleja desde el ártico tormentoso.