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Groenlandia, hacia el glaciar de Humboldt 04.2009

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Groelandia es casi tan grande como Europa, pero solo viven 56.000 personas, no existen carreteras que conecten ninguna ciudad o pueblo. En realidad es una gran masa de hielo y nieve de sur a norte, es el lugar mas radical que uno puede imaginar.

> COMIENZA LA AVENTURA ARTICA

Estamos a latitud 78º norte, a tan solo 1.300 kilómetros del Polo Norte, en uno de los lugares sin duda más aislados y hostiles del planeta. Para hacernos una idea de este basto territorio que es Groelandia, mide 2.500 Kilómetros de largo por 1000 de ancho, es decir, casi como Europa en tamaño.

Viven tan solo 58.000 personas, y el 80% son de la etnia Inuit, nosotros los conocemos más bien como esquimales.
Otro dato significativo que nos da una idea de la cantidad de hielo que hay, es que prácticamente todo el territorio esta cubierto de nieve y hielo, con espesores en el centro de mas de 3.300 metros de hielo. Es tal el peso que ejerce esta enorme masa de hielo que la tierra en el fondo se ha aplastado. Es decir Groelandia es cóncava en su interior, e incluso esta el fondo por debajo del nivel del mar. Por lo tanto es la segunda isla más grande del mundo después de Australia, y casi todo un gran bloque de hielo, con miles de glaciares además de cordilleras montañosas.

Ninguna de las pocas poblaciones que hay en Groelandia están conectadas por carreteras, a penas hay algún kilómetro, y solo es posible utilizar los pequeños aeropuertos de algunas de estas localidades, o acceder por barco en las del sur, porque al norte casi no llega nadie de ninguna manera.
Para que os hagáis una idea solo hay un vuelo a la semana hacia Thule, es un pequeño avión de 30 pasajeros, y ni siquiera se lleno la mitad del avión cuando hemos volado a este remoto lugar. Esta verdaderamente en el “ombligo del mundo”

Thule, con 600 personas y Siorapaluk con 40, son las poblaciones nativas mas al norte del mundo, y aquí amigos hoy 25 de abril comienza nuestra gran aventura.
El objetivo es alcanzar el glaciar de Humboldt, muy al norte en la llamada tierra de Inglefield.
Es el glaciar más grande del hemisferio norte y el segundo del mundo, con 100 kilómetros de frente, y allí se concentra una de las más grandes reservas de osos polares del mundo. Pero no solo oso, también hay muchos caribues y bueyes azmilcleros.

Aquí en Groelandia también hay restricciones para la caza, aunque casi no hacia falta ponerlas, porque ya prácticamente los cazadores esquimales están desapareciendo, apenas hay en Thule veinte, y de esos 20, tres de estos expertos nos acompañaran en la que esta considerada una de las grandes rutas de caza de los antiguos esquimales.
Es una ruta larga, difícil, y peligrosa, que intentaremos hacer como los auténticos esquimales e igual que en el siglo pasado lo hicieron los exploradorers que llegaron al Polo Norte, que justo este año se cumplen 100 años de la primera llegada al Polo por Peari.
Se necesitan muchos días para llegara a la tierra de Inglefield, y no hay ayuda posible, solo se puede llegar de una manera: en trineo arrastrado por perros groenlandeses.

Cruzaremos varias veces el mar helado, ascenderemos por un glaciar muy duro, lleno de temibles grietas que nos da accesos a el llamado Inlandis, que es en realidad el casquete polar, y luego descenderemos por otro glaciar hasta la tundra, para proseguir de nuevo hacia el mar helado.
Los trineos cargados pesaran unos 400 kilos de peso a los que hay que sumar nuestro peso.
Somos Emilio Valdés, Maria March, Miguel Herrero, Ramos Larramendi, Tres esquimales Inuit, y yo.
Son cuatro los trineos con este brutal peso, y hoy comenzamos la aventura. Por delante hoy la ruta consta de 50 kilómetros de mar helado hasta la siguiente y ultima aldea en estas latitudes Sierapaluk.

Ramón y yo hemos decidido que haremos todo exactamente igual que los Inuit, desde conducir nuestro trineo hasta desenvolvernos en todas las tareas.
Hemos alquilado 16 perros y un trineo con todos los pertrechos: hacha, látigos, hornillos, correas, cuerdas, maromas, útiles de carpintero, en fin todo lo necesario para ser autónomos, pero el individuo que nos alquilo todo y que se llama Parus, el día en el que tenia que explicarnos quien es el líder de sus perros, cual son las palabras de izquierda, derecha, adelante, frena, etc... No nos las explico, porque simplemente estaba borracho y n o apareció, así que salimos despenolados y sin ningún tipo de gobierno. Hasta que después de un ahora los perros decidieron ir parando de cansancio, no fuimos capaces de pararlos. ¡¡Menuda la que nos espera¡¡.

Seguimos avanzando por un mar completamente helado, sin grandes contratiempos, por delante nos esperan unas 8 horas de trayecto, y os aseguro que es una pasada la de avanzar por un mar helado a unos 8 kilómetros por hora en ocasiones.

Es verdaderamente una sensación única. Estamos a unos -20ºC, y las condiciones son perfectas.
Pero llegamos a una estrechez, entre las rocas y el mar, de apenas tres metros de ancha, y el mar nos espera líquido en este punto si algo falla y los perros no obedecen las órdenes.

Es un pasaje muy delicado donde los Inuit están en constante alerta y nos ayudamos todos para pasar los pesados trineos. Hemos tenido que cruzar una grieta de un metro de ancha donde debajo estaba el frío mar esperando alguna victima, que por suerte no se ha cobrado.
Seguimos el avance sin novedades, hasta que no vemos a los otros trineos, Ramón y yo vamos los últimos y llegamos a perder de vista a los esquimales, y en este mundo cada uno que se lama su rabo. Se supone que si eres cazador, no necesitas ayuda y eres autónomo, pero claro esta Ramón y yo dejamos mucho que desear, entre otras cosas porque yo no he cazado en mi vida.
El caso es que de casualidad vi a un esquimal muy lejos abanicando los brazos, y le aviso a Ramón y rápidamente in extremis nos damos cuenta que el hielo se ha terminado de repente y el mar es liquido. Íbamos directos de cabeza al océano.
¡¡Uf, por los pelos¡¡. A partir de ahora pondremos más atención…

Pasamos este mal trago, y de nuevo el mar se hiela. Seguimos el avance pero el sol baja de altura y las temperaturas descienden bruscamente. Hace un frío que pela, y se nota más con la velocidad del trineo.
Al fin vemos Sierapaluk, debajo de una gran montaña.
Alcanzamos el pueblo después de 8 horas, y los pocos habitantes salen a recibirnos. Siempre que llega alguien hasta aquí, es una novedad, aunque sea otro Inuit.
La sorpresa es, cuando llegamos Ramón y yo. No dan crédito. Dos blancos pilotando un trineo al estilo esquimal.
Somos la noticia de la aldea…
Me siento muy bien de haber llegado sin contratiempos y esto promete, me crezco ante los lugareños por llegar como ellos, en trineos.

Aun se sorprenderán mucho mas cuando les contamos que queremos hacer la ruta de los osos, porque acompañamos a tres cazadores, que van a por su cupo de buey azmilclero. No dan crédito. Nos dicen que es la ruta más peligrosa y difícil de esta parte de Groelandia, y que este año nadie ha llegado a este territorio, y como mucho al año llega una expedición de cazadores o ninguno. Les dijimos que íbamos sin mas, y nos respondieron que tuviéramos cuidado, nadie este año ha ido, y no se sabe como esta la ruta.
Nos alojamos en una casa de cazadores muy cansados, no sin antes visitar a la persona más peculiar del pueblo: un japonés que llego aquí en el año 1971, se enamoro del lugar, de la gente, de una esquimal, se caso, tuvo cinco hijos, todos cazadores. Un autentico personaje que en si mismo es otra historia. Voy apuntando personajes que conozco en el mundo que son verdaderas leyendas vivas.
Amigos a dormir que mañana será un día muy, muy largo…
Estar atentos que empieza lo bueno..

Jesús Calleja desde el lejano ártico..