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Antártida, la tormenta perfercta 04.2009

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Hola amigos de nuevo estoy inmerso en otro DESAFIO EXTREMO; voy a cruzar el mar de Drake en velero para llegar hasta la Antártida.

> SEGUIMOS EN LA ANTARTIDA

Ya se nos ha pasado el tremendo susto de la tormenta, y al día siguiente apareció bueno, por lo que recobramos ánimos.
Pero necesitaremos reparar el velero para poder continuar y sobre todo pensamos en el regreso, que se esta complicando mucho.

Quedamos muy pocos barcos en la zona. Estamos a finales de febrero, y en Marzo aquí ya no queda nadie, ni siquiera en las bases. Todo el mundo desparece, el crudo invierno antártico esta muy cerca, y parece que este año se esta adelantando, con la sucesión de tormentas inusualmente violentas en estas fechas.

Nos dirigimos a la base antártica española de la isla Decepción Gabriel de Castilla, pues necesitamos repuestos, especialmente que funcione nuestra emisora principal de VFH, y el radar, para detectar los icebergs que como es obvio, no están en ninguna carta de navegación.

Conseguimos repararlo y damos las gracias al ejército de tierra español que tanto nos han ayudado y la sabrosa paella a la que nos han invitado.
Curiosamente nos reencontramos con los científicos que habían embarcado en la anterior base Antártica Española Juan Carlos I. La tormenta les impidió continuar, y eso que le buque las palmas pesa 1.500 toneladas. Pero las tempestades no respetan ni a los grandes buques. El capitán de las Palmas nos confirma que la tormenta fue muy violenta y el, ni siquiera podía entrar en la bahía de Decepción a refugiarse con el buque Las Palmas, además nos dijo que después de oír nuestros problemas seria muy peligroso meterse cuando estábamos a la deriva. Nos a facilitado de todo para ayudarnos a proseguir, aunque nos dice que los que venimos a la Antártida en velero por estos mares estamos locos de atar…

Como se nos hizo tarde decidimos visitar a la base argentina a petición de nuestros amigos los argentinos. Desembarcamos en la Base a bordo del bote de goma “Zodiac”.

La base es diferente a la nuestra. Es muy antigua, de echo junto a otra base inglesa es la mas antigua de esta parte de la Antártida. Se nota en su construcción que se conserva en muy buen estado, pero tiene ese aroma de las viejas bases antárticas, que recuerdan tiempos de exploración.
Aquí hay 14 militares argentinos que nos reciben como en nuestra casa, y nos sorprenden con un asado a la argentina exquisito, todo un lujo en estas latitudes.
Llega el momento de regresar al barco, pero no puede ser…

De nuevo y esta vez sin aviso llegan vientos tan fuertes, que es imposible regresar al velero, teniendo el capitán y su ayudante Any que controlar el ancla y que el barco no se mueva.
Nosotros obligados a dormir en la base, junto a otro buque francés, llamado POD ORANGE, cuyos tripulantes son muy buena gente. Dos jóvenes y una chica. Uno de ellos tiene un brazo tan ancho como mi pierna. A estos chicos tuvimos que ayudarles el día después de la tormenta. Lo mas gracioso es que llevan a tres clientes que están sorprendidos con tener que dormir aquí, en el suelo de una habitación que han habilitado para nosotros.
Tanto españoles como argentinos somos de sangre latina, y organizamos un pedazo de fiesta que era un desmadre. ¡¡Que bien lo pasamos¡¡. Una juerga sin precedentes, especialmente con un “chavo”, como dicen los argentinos, que le apodaban “el brujo”, que era increíble montando juerga. Se disfrazaba de personajes, cantaba, tocaba la guitarra, contaba chistes, en fin menudo personaje ¡. Solo os diré que en uno de sus simpáticos personajes, se disfrazo de Hitler para ridiculizarlo y se puso a desfilar por el pasillo, de una manera cómica. Habéis oído bien esto en una base militar Antártica.

Aquí todo es diferente y se transige aun más. Es y tiene que ser así. Un diez para los argentinos, montan las mejores fiestas de la Antártida, y a nosotros nos vino muy bien para levantarnos la moral después del susto.
La conclusión que sacamos es que el tiempo atmosférico esta desmadrado, y ahora nuestro principal objetivo es salir ilesos de la Antártida, pero eso tendrá que esperar, pues anuncian otra tempestad como la sufrida, y para pasarla necesitamos navegar curiosamente mas hacia el sur, hacia unas islas llamadas Argentinas, junto a la base Antártica Ucraniana.

En vez de regresar hacia Tierra de Fuego, tenemos que seguir navegando muy al sur, con lo que nos adentramos aun más en la Antártida.

No hay mas solución, pues en dos días y medio la tendremos encima.

Al menos disfrutaremos de paisajes que cortan la respiración…

Primeramente navegamos hasta el anochecer, divisando por primera vez la península antártica. El paisaje increíble, pero hay que buscar donde amarrar el barco. Aquí no hay puertos, por lo que cada uno usa su estrategia. La de Roger nuestro capitán es atracar en un pequeñísimo recodo, entre glaciares y un barco hundido, del que asoma la proa. Este barcos se hundió en 1916 y se dedicaba a la caza de ballenas, prendiéndose fuego y hundiéndose, aunque todavía conserva la proa oxidada, donde atamos nuestro velero, para pasar la noche. La verdad que resulta tétrico este lugar. Nos da la sensación que los fantasmas del pecio errante nos visitaran en la noche.

Pero esto no ocurre y amanece sin problemas. Pronto estamos navegando hacia el sur, huyendo de la tormenta que se avecina, pero antes visitamos una pequeña base inglesa que estaba abandonada hace treinta años y donde una organización privada liderada por un tal Rick, la han reconstruido, y la han dejado después de 30 años igual que antes del abandono de sus moradores.
Rick es un famoso explorador que incorporo los trineos tirados por perros, y exploro estos lugares hace tiempo.

Antes tuvimos que parar en la base chilena González Videla para regularizar nuestra situación como nos dijeron en Puerto Wilians, donde deberíamos informar en este punto de nuestras intenciones.
La verdad que no teníamos que haber parado a dar ninguna explicación, pero los chilenos son especialmente quisquillosos, y esto empieza a fastidiarnos: a ver ejercito chileno, si os enteráis que la Antártida es de todos, es un bien de la humanidad, y no tenemos que informar a ningún país de nuestras intenciones, y menos a militares que no son de nuestro país, por mucho que digáis que existe una Antártida chilena. Pero que tontería más grande. Solo existe una Antártida y es de la humanidad gracias al tratado antártico internacional por gran suerte para todos, donde en teoría no pueden existir bases específicamente militares, ni se pueden probar armas, ni explotar ni ningún recurso minero, ni petrolífero, y menos aun dejar contaminantes.
Decidimos realizar un absurdo trámite que a todos nos disgusta, y nos largamos lo más deprisa posible rumbo a mejores “plazas antárticas”, lejos de lo absurdo, recalando en una bahía próxima a la base antártica británica reconstruida llamada Lock Roy.

Aquí descubrimos las focas leopardo, y navegamos junto a ellas en los botes de goma. Maria nos explica que es el mayor depredador de la Antártida. Tiene unos dientes gigantes y son de hasta 4 metros de largas, no tienen miedo a nada, ni tan siquiera de nuestra pequeña embarcación, verdaderamente nos impone su atrevimiento y osadía. Aquí en las bases nos avisan que tengamos mucho precaución con estas focas tan agresivas que han atacado algún bote neumático pinchándolo y destrozándolo, y recientemente a una científica la mato, arrastrándola a sesenta metros de profundidad.
A un así no podemos menos que jugar con ellas desde el pequeño bote, haciendo una filmacion espectacular.

Al día siguiente seguimos rumbo al sur, huyendo de la tormenta. Hoy tenemos que llegar a nuestra bahía de protección, pero antes pasamos posiblemente por uno de los lugares más hermosos de planeta: El Canal de Lemaire. Un estrecho paso marítimo, blindado por verticales montañas negras cubiertas de glaciares colgantes que caen al mar. Por esta acción este canal esta repleto de hielo e icebergs. Aquí la navegación es extremadamente delicada y hay que sortear infinidad de gigantescos témpanos.

Maria, el niño y mi cámara y amigo Emilio Valdes, se dan un baño en el hielo. Están locos de verdad…

Continuamos navegación y llegamos a un lugar que es como un cementerio de icebergs, hay que bajar el pequeño bote y Emilio y yo pilotando el pequeño bote neumatico, ayudamos con una radio a buscar un pasillo entre los témpanos para que pase el velero, pues hay infinidad de posibilidades, y el bote es necesario para buscar una salida a este laberinto de icebergs.

Poco a poco encontramos un paso, y hay que darse prisa porque se nos hecha la noche encima, y aquí es imposible navegar en la oscuridad, pues hay miles de témpanos flotando a la deriva.

Llegamos casi de noche a un lugar muy protegido de los vientos, donde nos reunimos un total de cuatro veleros, los únicos que quedan en esta zona.
Estamos enfrente de la base Ucraniana, y aquí soportaremos la fuerte tormenta que esta prácticamente encima.
De hecho a las pocas horas, empezó a soplar con mucha fuerza el viento, y hoy día 23 a las 6 de la tarde nieve, hace un frío del demonio, y sopla a más de 100 kilómetros por hora en mar abierto. Pero nosotros estamos muy bien refugiados con el resto de los otros tres veleros, y hemos atado el barco a cuatro cuerdas en las rocas, más el ancla. Esta vez si que no nos moverá la tormenta. O eso al menos esperamos, aunque la mayor fuerza se presentara esta noche.
La alerta es general y nadie navega, ni los grandes barcos. La nueva tempestad es la dueña de todos los espacios.


Ahora desde este punto a menos de un grado de latitud del circulo polar antártico, estamos a la espera de la violencia con la que descargara esta nueva tempestad, y sobre todo, cuando encontraremos un hueco para navegar hacia Tierra de Fuego, por el paso de Drake y el Cabo de Hornos.
Esto esta siendo muy difícil, y Roger y yo discutimos todas las posibilidades consultando los partes meteorológicos. De momento no hay tregua.
Después de esta tormenta que capearemos esta vez espero, sin problemas, nos decidiremos posiblemente a regresar por los más terribles mares del planeta a Ushuaia. Pero la realidad es que la información meteorológica indica que la navegación, no va a resultar nada fácil. Anuncian mas tormentas y el paso de Drake estará difícil. Roger dice que su barco es duro y aguantara los casi 100 kilómetros por hora que sufriremos, eso si, en alta mar, más seguro que aquí, entre témpanos y rocas, aunque esta vez si que sabremos lo que será un mar terrible, El Paso de Drake, entre la Antártida y el continente Sud Americano.

Ya estamos mediatizados con lo que hemos sufrido en la fortísima tempestad que nos azoto con toda su crueldad, y ahora estamos sinceramente preocupados por nuestro retorno. Será seguro según el capitán, pero muy, muy movidito...
Estar atentos y os lo contare…

Jesús Calleja desde la Antártida