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Antártida, la tormenta perfercta 04.2009

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Hola amigos de nuevo estoy inmerso en otro DESAFIO EXTREMO; voy a cruzar el mar de Drake en velero para llegar hasta la Antártida.

> LA TEMPESTAD

Amigos, como pueden cambiar las cosas, y dar al traste con los planes, aunque nos da igual no poder cumplir el sueño de escalar alguna de estas fabulosas montañas, porque estamos vivos y os diré porque…

Después de zarpar de la base española antártica Juan Carlos I, nuestra idea era dirigirnos hacia el sur, a lugares más fríos y de mayor belleza aun si cave, pero al poco de salir, el tiempo empieza a cambiar muy rápido. Las nubes, eran muy elongadas, el cielo tenía un color extraño, y el agua del mar se agitaba de un modo diferente, como miles y miles de pequeña olas. Enseguida empezaban a llegar rachas de viento aisladas pero contundentes.

A nuestro capitán esto no le estaba gustando nada, el es un experto marino que lleva mas de 40 años navegando por los mares mas difíciles del planeta, y esto definitivamente no le esta gustando nada.

Roger nos comunica que es mejor que fondeemos en la isla Decepción, que es la mejor bahía de toda la Antártida, pues este completamente cerrada menos por una pequeña bocana por la que se accede al interior, de este cráter volcánico que se hundió y el mar inundo.
Es una isla diferente a todas las que hay en la Antartida es de origen volcánico, y en la actualidad tiene actividad sismológica continuamente.

De echo aquí estaba una de las estaciones balleneras mas importante de la Antártida, y se fueron de aquí en 1967, cuando una violentísima erupción volcánica deshizo parte del glaciar que se encontraba en las inmediaciones y esa mezcla de lodos formados de cenizas, materiales piro plásticos y hielo, destrozo la base ballenera noruega, además de una base científica inglesa. Todavía la última erupción importante fue en el año 1993, teniendo que evacuar las bases española y argentina de urgencia, pues son las únicas que hay en esta isla.

Por cierto el que se fueran los noruegos y dejaran de matar focas y ballenas, desde mi punto de vista, y supongo el de muchos, ha sido una suerte, la naturaleza se defiende y les echo, ¡¡bien echados¡¡, a ver si hay suerte y tanto noruegos como japoneses dejan en paz a estos espectaculares animales marinos, que mucha educación y cultura ejemplar, pero bien que fastidian con esta sin razón.

En fin que llegamos sin problemas y fondeamos junto a otro velero de franceses que han oído la alerta general y deciden esperar aquí a que pase la esperada tormenta.

Nosotros cenamos, y me dedico a escribir mi diario, cambiar baterías a los equipos electrónicos, etc..., cuando el velero empieza amoverse más de la cuenta. Esto es raro pues es una bahía bastante cerrada y se supone que estamos protegidos.
El movimiento va a más y subimos al puente, y ya nos sorprende lo agitado del mar, y los fuertes vientos que soplan. En efecto nos alegramos de descender rápido desde las montañas y glaciares de la isla de Livinsgton, pues si aquí en el mar es fuerte esta tormenta, arriba en las montañas seria aun peor.

Pero esto solo estaba empezando…

Con los movimientos cada vez mas acentuados del barco, y las ráfagas que soplan con una fuerza de unos 50 nudos, entorno a los 90 kilómetros por hora, el velero resistía, y estaba bien anclado, por lo que el capitán esta seguro de que en esta protección natural de la bahía Fóster en la isla Decepción, no hay que preocuparse de nada. Con esas se va a la cama, y yo me quedo leyendo hasta tarde con Maria…

En un momento en el que el velero se escora más de lo normal para estar anclados, decido subir al puente con Maria para hacer mi diario con la cámara, algo que realizo todos los días.
La sorpresa se produce, cuando estoy describiendo la tormenta tan fuerte que se nos ha echado encima, tal y como se esperaba, pero al describir los instrumentos del barco, observo que la posición del barco, según el ploter, que es el instrumento que nos posiciona según el GPS satélite, el punto exacto donde estamos dentro de un mapa digital.

Me doy cuenta rápido, que no estamos donde habíamos anclado, y al contrario, estamos alejándonos a cierta velocidad. ¿Qué esta pasando?. Maria dice que estamos “garreando”, como se conoce en el argot marinero.
Bajo al camarote y le llamo a Luis Turi, y decidimos avisar al capitán que esta dormido.
El capitán se levanta de inmediato y nos confirma nuestras sospechas, estamos garreando y a que velocidad. Fuera se ha desatado la tormenta con toda su furia y los vientos son ahora de 100 kilómetros por hora con rachas de 120 Km. /h., por lo que nos arrastra con ancla incluida.

El capitán preocupado por el viento y la mar de fondo arrastrándonos con ancla y todo, nos dice que le ayudemos a levantar el ancla que hay que intentar fondear de nuevo.

Nos ponemos nuestros equipos de agua y le ayudamos a subir la pesada ancla con muchos problemas, pues al garrear es difícil elevarlo.
Según sale el barco empieza a girar de una manera sin control. El capitán se emplea con toda su fuerza para dominar el timón, y descarta volver a fondear y tirar el ancla.
Esta sorprendido de la violencia de la tormenta y es mas de lo que se anunciaba.
Nos informa que hay que navegar continuamente dando vueltas dentro de esta bahía que aunque es pequeña tiene unos 6 kilómetros de ancha.

Nos parece una faena que el capitán no pueda dormir y tenga que estar dando absurdas vueltas aproando el barco contra los feroces vientos para proteger al mismo de embarrancar.

Se echa la noche encima, y el temporal arrecia aun mas. Nadie puede dormir y el velero se mueve más que en toda la travesía del paso del Drake. ¿Cómo puede ser?, si estamos a refugio, es incomprensible.
En la radio escuchamos que se han metido dos barcos de la armada chilena y argentina además de otros dos veleros más para protegerse, e esta inusual violencia.

Lo más importante en estas situaciones es utilizar el radar para orientarte en la noche y sobre todo en un lugar relativamente pequeño, como es esta bahía.
De esta manera giramos en círculos pero controlando a los demás barcos, pues el refugio de esta bahía esta a tope...

La tormenta sigue arreciando y es increíble como nos escoramos, cuando de repente una fortísima ráfaga de viento, el barco se inclina tanto, que alcanza mas de 50 grados de escoraje, y nos tira de la cama, arrojando todos los objetos por todas partes. Inmediatamente me digo que algo raro a pasado, cuando viene corriendo Any la ayudante del capitán y nos dice que nos volvamos a poner la ropa de agua, tenemos grandes problemas.

Nos vestimos después de la alarma general, y al subir al puente me resulta dificil describir lo que vi...
Estábamos completamente inclinados, las velas se habían soltado y estaban desarboladas, enganchadas por todo el barco, las olas del mar pasaban de lado a lado del barco, la nieve lo cubría todo, y no se veía nada, excepto nuestro barco iluminado por los focos de los mástiles.
El capitán se afanaba al timón, amarrándose como podía pues el barco ahora esta tan inclinado que no somos capaces de sujetarnos.
Su cara lo decía todo, estamos fuera de control.
El viento era constante de 180 kilómetros por hora ¡¡con rachas de 220 Km. /h ¡¡. La estación electrónica no tenia fallos, era verdad, la presión había bajado a 943 milibares y se había convertido en la fuerza de un huracán, pero en la Antártida.

Al soltarse las velas, y enredarse por el barco, estas se hinchaban escorando al limite de lo soportable por la estructura, llegando a meterse literalmente en el mar, al igual que la proa de nuestro velero.

El violentísimo viento hinchaba las inutilizadas velas y nos arrastra inevitablemente hacia los acantilados.
Roger nos dice que tenemos que salir a cortar las velas y todas las cuerdas que encontremos o nos iremos a pique. Su cara esta descompuesta y lo dice todo.

Pero la realidad es que hay fuera hay vientos de mas de 200 Km./h.¿como vamos a salir a ese infierno? Las velas dan sacudidas por todas partes, las cuerdas y poleas se mueven a tal velocidad sin control, que si te pillan directamente te matan. El barco se esta destruyendo poco a poco y lo vemos claramente, el capitán decide que hay que salir o estamos muertos.
Nos cuesta asimilarlo, pero Emilio Maria, Marcelo y yo salimos los primeros, para después darnos turnos los siguientes.
Fue impactarte, el solo echo de abrir la puerta y golpearnos de repente ese viento endiablado, junto con la nieve y las olas de mar pasando por encima de la cubierta, con un frío aterrador
Creí que era una mal pesadilla, pero teníamos que subir a la parte baja del mástil e intentar cortar las velas.

Conseguimos llegar al mástil y agarrarnos como podemos, pues no llevamos cuerda de seguridad, pues esta se puede enganchar y llevarnos atados a la vela que se mueve sin control por cualquier lado.,
No tenemos ideas, y nos agarramos a la vela Marcelo y yo, y esta juega con nosotros, nos sube, nos baja, el mar entra por el barco, una ola nos atraviesa de lado a lado, la nieve no nos deja ver, y para mas desgracias un extremo de una cuerda se engancha en mi tobillo y me eleva por los aires, paseándome por el oscuro mar, para de nuevo la vela me devuelve al interior del barco, mientras grito desesperado, cuando Maria y Marcelo, me sujetan y consigo desprenderme de esa cuerda.
Si amigos, me di un paseo viendo la cara a la muerte, y el destino decidió que regresara al barco. Es sin duda la vez que más miedo he pasado en mi vida, estamos sin control.

Después de este susto nos metemos en el velero de nuevo, sin conseguir nada, y el capitán Roger solo dice una cosa…
O cortáis esa vela, o en 15 minutos estamos todos muertos, el agua del negro océano esta entre 2ºC, y -.1ºC, el viento es de 200 Km/h, y nos vamos a estrellar contra los acantilados. ¡¡Por dios cortad las velas¡¡.
Estamos paralizados en el puente de mando, nos miramos empapados de agua, tiritando de frió, y el pánico esta en todos nuestros rostros. Nadie de nosotros incluido el capitán ha estado en esta situación, a punto de perder la vida de una manera terrible.
Nadie dice nada, todos callamos, y parece que asumimos, que todo se termino, que nada podemos hacer. Las velas son una locura, e intentar sujetarte en el exterior a 200 Km. /h de viento con el barco completamente escorándose para cualquier parte, nos parece imposible volver a salir al infierno. Estamos seguros que alguno ya nunca mas regresara…

Esta vez, tengo que admitir, que me revele, no quise aceptar el destino tan tenebroso que se nos venís encima.
Grite alto y claro
-¡¡Yo voy a salir, prefiero pelear a dejarme arrastrar a los acantilados, y morir como un perro-. –Quien quiera venir que venga pero saldré a cortar las malditas velas-
El motor del barco no puede con la fuerza del viento si estas velas siguen hinchadas, y ahora giramos 360º continuamente sin parar como un tío vivo.

Maria dice que viene, Emilio deja la cámara, pues todo esta documentado, y dice que también viene, al igual que Luis Turi, Any y Marcelo. El pobre Matías esta fuera de combate, el niño no queremos que salga, y Nacho es necesario para ayudar al capitán en el puente.
Nos organizamos y nos damos ánimo.

Salimos al infierno, eso era realmente el infierno. Nos agarramos como podemos, otra vez en el mástil.
Las olas nos tapan enteros cuando deciden atravesar el barco, pero nos fundimos con los agarres que tenemos a mano. En una ocasión veo a Maria, que literalmente hace la bandera agarrada al mástil, ha resbalado y se sujeta con fuerza, pero la brutalidad del aire la levanta como una pluma.

Armados con cuchillos de cocina y machetes, rajamos la tela, para hacer jirones a las fuertes velas, cortábamos como podíamos, casi sin poder ver del viento y la nieve directamente sobre los ojos.
Yo me agarro como una lapa al mástil y empiezo a rajar como si fuera el asesino de la película viernes trece, y en una de estas le pasa la cuchilla de mi arma directamente por la cara de Any, ella lo esquiva con la mano, y la desgració la palma de la mano de un tremendo corte, que sangra abundantemente. La digo que lo siento y que entre al puente, ella asombrosamente dice que continúa.

Es terrible la situación, cortamos como podemos, nos caemos por la cubierta del barco y nos agarramos a cualquier cosa. Emilio clava su navaja contra todo, y lo peor de todo es que ahora los jirones se azotan con tanta violencia que si te enganchan te pueden matar sin duda alguna.
Maria nos dice que nos arrastremos por la cubierta para que las poleas, cabos de cuerdas, trozos de vela, y un sin fin de metales que vuelan por todas partes no nos impacte sobre nosotros.

Es la situación más desesperante y loca de mi vida. Todos por allí tirados, agarrados como peleles a cualquier cosa, armados con cuchillos y desesperadamente cortando lo que podíamos.
Teníamos las manos heladas, pero conseguíamos cortar cada vez más y más. De alguna manera, la vela de repente dejo de inflarse, para ahora estar hecha jirones. Seguia haciendo resistencia, pero el velero gano medio nudo de velocidad, suficiente para pasar rozando los acantilados, pero conseguimos meternos de nuevo poco a poco al interior de la bahía.
Mientras tanto el velero ¡¡toco dos veces en el fondo con el casco ¡¡, y gracias a que es de acero lo soporto.

Nos metemos al puente exhaustos, y el capitán nos dice que hemos librado los acantilados, pero necesitamos quitar mas vela para poder gobernarlo, ahora el problema es que todo lo que se movía por cubierta a destrozado el radar, casi todas las comunicaciones y electrónica, ahora no vemos en la oscuridad al resto de los barcos que están muy cerca , también navegando y capeando el temporal.
Además giramos sin control 360º continuamente, y sin duda hemos ganado una batalla pero ni de lejos la guerra.

Tenemos que volver a salir de nuevo. ¡¡Es de locos¡¡, pero ya no hacemos preguntas, seguimos vivos todos. Luis Turi esta desesperado de vernos incluido el, en esa cubierta llena de objetos que salen disparados y barridos literalmente por las olas, cortando hasta la estenuacion trozos de velas, cuerdas…
Estamos actuando como autómatas, cortar, cortar, cortar,..

Hay una gran superficie de tela especialmente violenta que se abanica sin piedad y hay que cortarla si o si. Nos organizamos y subimos al mástil de nuevo Luis Turi y yo. Luis me sujeta y yo que peso menos subo algo más y me pongo a cortar un amasijo de tela superresistente, fibra de vidrio y cables acerados. Tengo que utilizar la sierra, y esta parece que funciona. Me empleo con toda mi fuerza, y en un golpe de mar donde el barco se inclino tanto que casi desde el mástil rozamos el mar, una ola nos cubre por completo y le golpeo fuertemente con la sierra a Luis en la cara. Le he cortado y sangra abundantemente. Me he cobrado la segunda victima.
Me digo a mismo que tengo mas peligro que el de la película de manos tijeras, pero en esta situación le puede pasar a cualquiera.

El caso es que conseguimos cortar ese mazo, de telas, kevlar, y acero. Además Maria y Emilio, junto a Marcelo conseguimos hacer una labor increíble, aun que ha quedado todavía bastante tela.
Mientras tanto el Niño decide por su cuenta salir a quitar un trozo de tela y cuerdas que estaba atascado junto al puente.
Nacho hizo una labor tremenda ayudando a gobernar el barco, entre una de sus muchas tareas tenia que mantener limpio los cristales del puente para que el capitán pudiera ver algo, además de ayudarnos a todos con los trajes y herramientas para trabajar fuera. El quería salir pero necesitábamos su ayuda dentro.

Nos juntamos dentro del puente, extenuados, empapados casi sin visión del agua salada y el impacto de la nieve y hielo que nos golpeaba sin piedad, y todos miramos el ploter a ver en que punto del mapa estamos, pero seguimos sin radar, y aquí la experiencia del capitán es decisiva, porque desde el barco de la armada chilena nos dice donde nos encontramos con su radar y Roger lo interpreta para poder esquivar al resto de los barcos. Recordar que estamos en una pequeña bahía cerrada, y esto es dificilísimo, teniendo menos de un nudo de velocidad.

Nos llaman asustados desde el buque de la armada chilena y nos dicen que estamos a solo 200 metros y directos hacia su casco, y en el último momento lo esquivamos.

Todo era una agonía, y se prolongo toda la noche hasta las 8 de la mañana, en el que Emilio consigue ver un poco de la orilla y Roger arrimo el velero aprovechando que el viento había aflojado algo.

Solo en ese momento pudimos decir que estábamos salvados.
Estábamos rotos, extenuados y algunos en estado de shock. El velero estaba que daba pena verlo, hemos perdido el radar, la electrónica, las antenas y comunicaciones, parte de las barandillas, poleas, cuerdas, las velas, nos hemos quedado sin la planta de desalinización, sin agua, bombas estropeadas, en fin que los destrozos son graves, y superan los 25.000 $, pero todos estamos extrañamente relajados, ¡¡estamos vivos¡¡.
Hemos pasado la peor de las pesadillas.

Por la mañana nos dirigimos a la base española Gabriel de Castilla en esta isla, ellos estaban informados de nuestra situación y estuvieron pendientes toda la noche, porque mientras tuvimos radio dimos la alarma general al resto de los barcos, y estaban muy preocupados por nosotros. Nos ofrecieron toda su ayuda.

Antes de ir a verlos, ayudamos al velero francés que también tuvo muchos problemas e incluso pedieron su bote para saltar a tierra. La radio informa que hay un gran crucero de turistas encallado y el barco español hespérides va en su ayuda. Otro velero ingles a encallado. Una pequeña base americana ha sido totalmente destruida y los científicos estaban en la playa sin nada. El buque de la armada Las Palmas les brindo ayuda y les indico donde los españoles, tenemos un refugio cerca de su base destruida, y que utilicen todo lo que quieran, hay dormitorios, sacos de dormir, comida, etc...

Ha sido terrible, nos informan en la base, ellos también han tenido problemas, con un domo que les ha salido volando una parte, también una antena muy grande se les ha caído, etc... y en la otra base española Antártica Juan Carlos I, se les ha volado muchas cosas, entre ellas la moto de nieve. ¡Imaginaros llevar en volandas una moto de nieve¡.

Los de la base española antartica Gabriel de Castilla, nos han invitado a paella para que se nos pase el susto. Nos han dado viveres, nos han regalado la antena de comunicaciones que nos falta, y nos facilitaron lo necesario para reparar el velero.

Ahora estamos frente a la base española reparando el velero, aunque definitivamente no tendremos velas, pero si motor, por lo que seguiremos navegando más hacia el sur, hacia el interior de la península antártica, para visitar los canales helados más espectaculares de esta parte antártica.
Lo que tenemos claro es que la posible escalada en la isla de Amber se ha esfumado. Estamos agotados, muy impresionados por lo que nos ha pasado, y lo peor de todo es que tendremos que alterar nuestro calendario.
Por un lado perderemos mucho tiempo arreglando el velero, y por otro anuncian para el día 24 de este mes de febrero otro huracán mas grande que el que hemos pasado, incluso dicen que en el paso de Drake las olas podrían alcanzar los 20 metros de altura, y nos lo confirma el comandante de la armada española Las Palmas. Nos dice que ni locos nos metamos en el Paso Drake con esa tormenta seria casi la muerte, pero el caso que ese es el día que en teoría empezaríamos el regreso a Tierra de Fuego.

Ahora no podemos pensar, pero hay que condicionar nuestro regreso a las tormentas antárticas. Estamos en época muy avanzada y esto ahora es frecuente.
Nos queda el regreso por los mares más terribles del planeta: Paso de Drake, y Cabo de Hornos.
Este es sin duda un verdadero Desafío Extremo, pues lo haremos en un velero tocado por este temporal infernal, y nos anuncian peores tempestades.
Sinceramente estamos asustados, después del lo que nos ha pasado, y solo queremos regresar, cuando la Antártida nos deje, mientras tanto intentaremos disfrutar de este lugar tan increíble, y seguro que algo se nos ocurrirá, no somos de quedarnos pardos, y eso ya lo sabéis...
Solo pido poder seguir escribiéndoos crónicas más agradables y perdonar que esta haya sido monotemática de la tormenta, pero desde el día 17 de febrero, celebrare mi segundo cumpleaños. ¡¡Ha sido terrible, infernal esta experiencia huracanada en la Antártida¡¡.

Estar atentos que os seguiré informando.
Desde la furiosa Antártida Jesús Calleja.