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Antártida, la tormenta perfercta 04.2009

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Hola amigos de nuevo estoy inmerso en otro DESAFIO EXTREMO; voy a cruzar el mar de Drake en velero para llegar hasta la Antártida.

> DESEMBARCO EN ISLA LIVINGSTON

Hola amigos, por fin hemos desembarcado en Livinsgton, una isla que se encuentra enfrente de donde fondeamos hace unas 24 horas.

El anunciado viento fuerte no apareció, y sin embargo salio un envidiable día antártico. Sin mas demora pusimos en marcha nuestro velero Australis rumbo a nuestro objetivo, que como recordaresis es realizar una travesía, a ser posible inédita en esta isla antártica.

Lo mas importante ahora es localizar un lugar donde desembarcar, una tarea que es fácil en estas latitudes, pues prácticamente cualquier pedazo de tierra que aflora en este bravo mar esta cubierto de nieve y hielo, formando los curiosos “domos” .

Estas formaciones son grandes acumulaciones de nieve y sobre todo hielo glacial que con el paso de los miles y miles de años se han ido acumulando construyendo estas características formaciones muy abultadas en los centros con grandes grosores de profundidad y que paulatinamente descienden hacia la costa de las islas. El propio continente Antártico se divide en dos gigantescos domos con espesores de más de 3000 metros de nieve y hielo acumulado

Esto es precisamente el principal obstáculo para encontrar un punto de desembarque, pues esos bordes de los “domos” glaciares no son diáfanos, si no todo lo contrario. Resultan ser acantilados, en ocasiones superan los 100 metros de altura de puro hielo que continuamente se precipita al mar provocando grandes olas que tumbarían al mismísimo velero en el que estamos. El espectáculo de ver estas barreras verticales de hielo fósil de color azul desprenderse hacia el mar, es incomparable, pero es a su vez un gran obstáculo para nosotros.

Roger, nuestro capitán del velero, navega paralelo a la costa de nuestro objetivo, oteando un punto adecuado para fondear, después de dos horas y atravesar un mar casi en calma, y con muchos témpanos flotando alcanzamos una pequeña punta rocosa, con un playita de piedras e inmediatamente un glaciar que asciende progresivamente hacia el interior.
Un lugar perfecto para desembarcar…

Fondeamos el velero y en el pequeño bote neumático (zodiac), nos transporta todo el equipo y a nosotros a esta pequeña playa.
Primera sorpresa: hay leones marinos, que ponen cara de sorpresa al vernos. Posiblemente sea la primera vez que ven a humanos, y más en un lugar tan remoto como en el que estamos, donde no hay nada que invite a parar.

Este lugar viene en una carta marina del capitán y se llama Lister Cove
Estos grandes marinos que llegan a pesar 200 Kg. Nada mas posarnos se nos acercan y empiezan a gritar para espantarnos como intrusos que somos.
Esto ya nos fascina. Sin duda alguna esta aventura promete mucho…

Armamos nuestras mochilas y el velero se marcha. Ahora estamos solos, y dependemos de nosotros mismos: Nacho, Emilio, Maria, los cuatro amigos argentinos y yo.
Por delante una travesía llena de incógnitas, que si todo nos sale bien nos llevara a la base antártica española Juan Carlos I.
Si conseguimos este objetivo nos informaremos si antes ha sido realizadode esta forma.

Empezamos a remontar el glaciar con grandes grietas por todas partes, que a esta altura se pueden ver muy bien aunque están rellenas de la temible nieve “podrida”, muy blanda y peligrosa, ya que si la pisas pensando que el terreno esta sólido, inevitablemente te precipitas a las fauces de la grieta. Esta es una fase delicada que todos tememos y respetamos. Ya sabéis que yo las llamo:“comedoras de hombres”, así de esta manera me recuerda constantemente que no baje la guardia, pues un error seria fatal, aunque todos vamos firmemente encordados para en caso de caída estar a salvo.

La subida la hacemos sin problemas, pero tan atónitos por el grandioso espectáculo que resulta ver este paisaje tan diferente a todo y a la vez nuestros sentidos nos alertan que hay cosas que no cuadran...

El glaciar con sus hielos y nieves mueren en el mar, algo en si mismo extraño, el sol también es diferente, es muy oblicuo y gira al revés que en nuestras latitudes, lo que nos confunde de sobre manera en la orientación, las sombras son muy alargadas, exageradamente alargadas, nunca hay nubes gruesas (cumulo nimbos), no hay aparato eléctrico, el cielo cuando aparece es de un azul muy intenso, y las nubes siempre son alargadas.
Seguimos ascendiendo y hay ruidos muy graves, son los enormes bloques de hielo que se desprenden desde los bordes de los glaciares fósiles, y caen bestialmente contra el mar, estallando en miles de pedazos de hielo.

Imaginaros el escenario, es de una magnitud inusual. Estamos tan fascinados que nuestro estado de animo es inmejorable, y además nos sigue acompañando el buen tiempo, por lo que nos hinchamos a sacar fotos, y os aseguro que las imágenes que tenemos para nuestra serie Desafío Extreremo en CUATRO TV, resultaran espectaculares.

Hoy queremos caminar un mínimo de 10 kilómetros, algo que no parece mucha distancia pero la nieve esta muy blanda porque cuando sale el sol es tan fuerte y quema tanto que la nieve se ablanda y nos hundimos mucho, lo que nos obliga a ponernos las raquetas de nieve.
Con las raquetas en nuestras botas, todo se ralentiza mucho y progresamos muy despacio, además nuestras mochilas pesan una barbaridad, entre 20 y 30 Kg. En ellas llevamos todo lo necesario para avanzar en un terreno tremendamente hostil en el que no hay nadie y donde no se puede pedir ayuda. Un rescate seria algo complicadísimo.

Por lo tanto llevamos nuestras tiendas de campaña, comida, combustible y hornillos para derretir nieve y hacer agua, mas todo el material de escalada, para avanzar por diferentes terrenos: nieve, hielo, roca. En fin que podemos caminar y escalar en cualquier condición, y hay que sumar a esta mochila la abundante ropa de protección contra el frío y mucho equipo para filmar este documental.

A pesar de tanto peso, es tal nuestra motivación que avanzamos lentamente pero siempre hacia delante.

Ascendemos diferentes “domos” de glaciar, remontamos collados, pasamos entre montañas en las que no asoma ni un ápice de roca, todo esta cubierto de nieve y hielo como un merengue. Y los vientos son tan fuertes en la Antártida que hacen la bandera. Es decir se prolongan en dirección de los vientos predominantes, generando alargadas cornisas que alcanzan una distancia mágica, pues el poder del frío evita que se caigan.
El efecto es el siguiente: imaginaros que claváramos por ejemplo un mástil, y regresáramos aquí dentro de unos años. El mástil se convertiría en un gigantesco bloque de hielo muy grueso, y que especialmente de un lado y sobre todo en la punto podría generar una visera de al menos tres o cuatro metros sujetándose en un mágico equilibrio. Esto se consigue por la acción del fortísimos viento la precipitación en forma de nieve y las bajísimas temperaturas.
Esto es lo que ocurre en estas montañas pero a una escala gigantesca. Esta es la gran diferencia respecto a otras montañas. Es un increíble merengue de viseras de nieve y hielo suspendidas en el aire como desafiaran a la gravedad.

A todo este paisaje fascinante le sumamos que posiblemente estemos en parajes nunca antes pisados por nadie en un lugar tan atractivo como este, la Antártida.
¡¡Esto es exploración en estado puro¡¡.

Nos toca parar e instalar el primer campamento. El frío es intenso y nos obliga a pararnos comenzando a montar las tiendas, y construir un pequeño muro de nieve para protegernos contra los vientos.
Pero montamos el campamento muy lentos es tal la magnitud del atardecer que no paramos de sacar fotos y filmar.

Al atardecer como estamos finalizando la época de verano, entre comillas antártico, el sol empieza a inclinarse mucho, incluso hay unas tres horas y media de noche, algo que tan solo hace dos meses era imposible, pues había prácticamente 24 horas de sol.

Ahora esta exagerada inclinación elonga aun mas las sombras en este atardecer. Son tan asombrosas que alcanzan los 20 metros de largo, esto ya te llama poderosamente la atención. Pero es que la puesta de sol fue simplemente apoteósica: nubes lenticulares de mil formas diferentes de colores entre el azul cobalto y el morado. El cielo parecía que se quemaba, y todas las montañas a nuestro alrededor eran merengues pero con formas ahora mas acentuadas y todo a nuestro alrededor teñido de los mismos colores que el cielo.
Teníamos la sensación de estar en otro planeta. Nos quedamos boquiabiertos de este exceso de belleza. Y nosotros estábamos en medio, acampados, saboreando hasta el último rayo de luz, sentados encima de nuestras mochilas, atontados, estábamos atontados...

La noche fue fría, y el amanecer aun más, por lo que esperamos hasta las 10 de la mañana para continuar nuestra travesía en esta fantástica isla de Livinsgton. Por delante hoy caminaremos mas kilómetros que el día de ayer, y es muy importante que acertemos en el rumbo que tomaremos, y demos con los collados adecuados, un error serian muchas horas para enmendarlo.
Hoy será clave la orientación y hay que ir con mucho cuidado con las grietas, están casi todas tapadas con puentes de nieve, y aquí son gigantescas, alguna se podría tragar literalmente un edificio.

Amigos no os perdáis la próxima crónica, por delante un territorio helado lleno de gigantescas montañas, valles glaciares, collados y una ruta con muchas posibilidades para alcanzar nuestro objetivo: La base antárticas española Juan Carlos I. ¿Qué cara se les quedara cuando parezcamos sin avisarles por esta ambiciosa ruta?, que a buen seguro creemos nunca realizada antes íntegramente y de este modo. A la base solo han llegado por barco, y pretedenmos darles una sorpresa.

Espero que lo consigamos, aunque en la Antártida nada es seguro. El tiempo atmosférico cambia con tanta rapidez que pasas del buen tiempo a vientos huracanados en 15 minutos, y donde las nieblas y nubes bajas imperan en el 90% de los días, y eso si seria un gran problema para la orientación, en este “campo de minas” de miles de grietas.

Os espero, escribire en pocos días…
Jesús Calleja desde la Antártida