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Antártida, la tormenta perfercta 04.2009

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Hola amigos de nuevo estoy inmerso en otro DESAFIO EXTREMO; voy a cruzar el mar de Drake en velero para llegar hasta la Antártida.

> LOS MARES MAS TERRIBLES DEL PLANETA

En la anterior crónica empezaba la navegación por el Paso de Drake, y resulto peor de lo que me habían avisado..

Imaginaros que te mueves de izquierda a derecha cada cinco segundos y te inclinas unos 50 o 60º, y después viene otra ola retorcida que te ataca por detrás o por delante y te frena en seco mientras una tercera ola te ataca de lado: resultado: el barco se retuerce 60 grados a babor, y mete literalmente la proa en el negro océano, y dicha, ola pasa por encima de la proa y alcanza en algunas ocasiones el puente. ¡¡Medio barco se sumerge en el oscuro mar de Drake¡¡, y nosotros dentro.
Así una y otra vez, con la ritual cadencia se producen estos impresionantes meneos del velero Australis, el velero que nos lleva rumbo a la Antártida.

Pues que os voy a decir, que los que no estamos acostumbrados tanto al mar, esto resulta terrible.
Primero pasas sorpresa, después miedo, esto no parece lógico. Yo pensaba que los barcos flotaban y navegaban, pero aquí esa norma no se cumple, en el Paso de Drake los barcos medio flotan, se sumergen, y mal navegan.

Mi consuelo es ver la cara del capitán que da la sensación de haberse curtido en mil y una batallas como esta, sin inmutarse, aunque le bombardeo continuamente con preguntas: ¿todo va bien...?
Y mi obsesión es pedir los partes meteorológicos, a ver si esto se calma, pero me dice que estamos en medio de una borrasca ciclónica y disfrutaremos de diferentes cambios de dirección del viento a medida que avanzamos, e incluso pueden azotarnos rachas de cerca de los 100 kilómetros por hora.
Según Roger lo normal por estas latitudes.

Será normal para el, porque los demás vagamos por el barco como zombis, intentando levantarnos de las literas para no se como caminar por el pasillo, unos al baño a seguir vomitando, y otros al menos subir al puente a ver algo o a refrescarte la mente, pues estamos aturdidos del mareo continuo.
En una palabra ¡¡¡¡HORROROSO¡¡¡…
Desde el puente de mando la sensación de que vamos a darnos la vuelta en cualquier momento es más evidente, pues allí al estar más alto, se mueve aun más, y el horizonte se llega a poner tan inclinado que da la sensación que nos iremos a fondo. Llueve, diluvia, y no se ve nada, excepto el mar que pasa de lado a lado por nuestra proa.
El capitán enciende el radar para poder ver en las tinieblas y en esta vorágine de vientos y gigantescas olas.

Empiezo a pensar que ha sido una mala idea esta expedición. No hay quien se acostumbre a este delirio marino. Se nos ha desdibujado la sonrisa de las caras, solo sobrevivimos, hablando lo mínimo para no vomitar. Solo queremos irnos a la cama, pero tampoco puede ser.
El capitán solo con la ayuda de Any, no pueden hacer todas las guardias y tareas.
Por lo que nos piden ayuda a nosotros. Nos ha asignado guardias cada dos horas. Las peores las de la noche.
Tenemos que controlar sobre todo el radar que no aparezcan icebergs en mitad de la noche, la temperatura del motor y generadores, y estar atentos a que no se desconecte el piloto automático en un golpe de mar. También es importante no salirnos de rumbo en el ploter digital del barco (un mapa que aparece en un monitor y que registra el rumbo del barco).

Hemos recibido instrucciones muy claras de que tenemos que controlar, además le he pedido al capitán que me enseñe todo sobre navegar en este barco, y el se lo ha tomado al pie de la letra y me llama para cada tarea.
A buenas horas se lo he dicho, porque el tío me saca de la cama a horas intempestiva para colocar velas u otras tareas.
Se ha tomado muy en serio explicarme todo como si fuera su hijo, algo que agradezco, aunque las guardias nocturnas son insoportables pues no puedes fijar la vista en el horizonte al ser de noche y me mareo terriblemente.
Nacho nuestro amigo es el mas sufridor en este aspecto, pues se coge voluntariamente las perores guardias, algo que yo personalmente agradezco.
Emilio suele levantarse hacia las 5 0 6 de la madrugada para hacer su guardia y de paso filma el amanecer. Es increíble mi amigo Emilio Valdés, es un compañero fiel, y el única cámara del que dispongo en mis expediciones, se lo “curra”, como el que más.

Así van transcurriendo las jornadas, monótonas, muy movidas y rutinarias, y como denominador común, el mal cuerpo que tenemos todos, en un continuo mareo, que en algunos se traduce en vómitos.

La otra noche que me toco la guardia hacia un tiempo terrible, el barco se movía más de lo normal, y yo me afanaba en comprobar lo que se espera de mí: icebergs en el radar, temperatura de motor, rumbo, etc..
Las olas asustaban, pues venían desde atrás y atinaba haber de reojo por la ventanilla de mi izquierda como una masa de agua increíble a la altura de la ventanilla se aproximaba y nos adelantaba, elevando el barco a su cresta y surfeando la ola, para de repente caer en el seno de la misma y ser golpeado de nuevo por otra ola lateral que impactaba con tal violencia en el casco del barco que hacia un ruido estrepitoso, como si algo se fuera a romper. Así continuamente sin parar.

Ese día no aguantaba mas, estaba de color blanco del mareo que tenia al perder las referencias y solo miraba el reloj para dar la guardia al siguiente.

Baje a mi camarote emborrachado y pase una noche de perros. Jure no embarcarme nunca mas en un mar tan terrible como este, pero se que me olvidare, y si me hablan de otro reto interesante aunque este en un lugar alejado y tenga que volver en un barco en estas condiciones, estoy seguro que diré que si.
Pero ahora daría cualquier cosa porque este viaje se terminara. Estoy al límite de lo tolerable, al igual que mis compañeros.

Sin duda alguna es el mar mas terrible del planeta, aunque es uno de los que mas vida marina tiene, pues hay una línea llamada: línea de convergencia Antártica que es el punto donde las corrientes marinas del pacifico y atlántico se ven cortadas de repente por una masa de agua mucho mas fría que es la corriente antártica.
En esta zona de convergencia la temperatura desciende en muy poca distancia hasta cuatro grados, y se genera uno de los fito placton más rico y abundante de la tierra donde vienen alimentarse y a criar los grandes mamíferos marinos, en especial las ballenas.

Resumiendo diremos que el Paso de Drake es tan violento y tiene olas tan grandes por dos motivos principalmente:

Primero:
aquí soplan vientos muy fuertes que descienden incluso desde la cordillera de los Andes, que se refuerzan aun mas entre la estrechez que forma Tierra de Fuego y la Antártida, acelerando aun mas los vientos, llegando en ocasiones a sobre pasar los 250 kilómetros por hora. Estas borrascas se suceden continuamente y a lo largo de todo el año, nunca se detienen.

Segundo:
El lecho marino en este paso de Drake es tan irregular que se pasa de los 50 metros de profundidad a los 5000 metros en muy pocas millas, y este fenómeno de enormes profundidades que de repente pasa a ser de apenas unos metros, genera que las corrientes marinas golpeen contra estos obstáculos, mas la fuerza del viento genere todo tipo de olas de cualquier dirección y tamaño. En situaciones excepcionales pueden levantarse hasta los 25 metros de altura.

Pues aquí amigos estoy metido, en este mar lleno de leyendas, alguna tan curiosa como las que decían los antiguos marinos:
Por debajo de los 40º de latitud, soplan los 40 rugientes, por debajo de los 50º de latitud soplan los 50 furiosos, y por debajo los 60º, soplan los terribles 60 aulladores.

Otro refrán utilizado por los marinos dice: debajo de los 40º en este mar no hay ley, y por debajo de los 60º no hay Dios.
Nosotros nos encontramos ahora en los 62º, donde no hay ni ley ni dios según los viejos marinos.

Por fin en un friísimo amanecer llegamos a la mítica Isla Elefante después de cuatro infernales días de mareos, vómitos y cuerpos muy castigados.
La llegada a la Antártida ha sido siniestra: niebla cerrada, nevando, cielo cubierto, mar embravecido, y un frió atroz.
Hemos intentado desembarcar y no lo hemos conseguido, la fuerza del mar y el fuerte oleaje hacia imposible que con la pequeña barca neumática nos dejara arribar a tierra. Hemos visto los descomunales glaciares que descienden directamente al mar, a tan solo 20 metros, pero sin poder tocar la pequeña playa de piedras.
Todas las rocas están repletas de pingüinos, cormoranes, focas, y demás habitantes de esta parte del mundo.
Esto es isla Elefante una isla siniestra, donde se produjo en 1914, una de las historias mas increíbles de supervivencia de la humanidad.

Sakelton partió con sus hombres a la Antártida con intención de atravesarla desde el Mar de Wedell hasta el mar de Ros por el medio del continente antártico, pero se vio atrapado muy pronto por el engelamiento prematuro del océano, y paso mas de un año, hasta que el hielo dio paso al agua liquida.
Pero su barco quedo destrozado y se hundió en a las profundas aguas. El, y su tripulación consiguió rescatar dos pequeños botes a remos y víveres. Navegando alcanzo esta isla Elefante.

Fijaros bien¡, zarpo en el año 1914, paso dos inviernos, hasta que en el 1916 llego a isla Elefante, y con sola una embarcación a remos y un sextante nadie se explica como llego a Georgia del Sur a unos 1.500 kilómetros, en las mismas puertas del segundo invierno. Cinco meses después y con muchos problemas, pues se había iniciado la primera guerra mundial, consigue un barco que rescata al resto de la tripulación que vivió debajo del segundo bote comiendo pingüinos y sin poder calentarse nada, pues no había madera para quemar.
Dos inviernos de súper vivencia en la Antártida.

Nadie murió, aunque meses después cuando llegaron a Inglaterra se alistaron en el ejército, cuando Europa estaba sumida de pleno en la primera guerra mundial y casi todos después de esa heroica súper vivencia murieron abatidos por el enemigo.
Una vez mas la sin razón de la humanidad deja su huella.

Zarpamos de la Isla Elefante ante la imposibilidad de bajar, y durante un día más de navegación, la más terrible de todas las jornadas sin duda alguna, donde nadie a pegado ojo, pues esta vez si que nos dijimos que algo nos pasaría, pues no era normal los violentos movimientos de nuestra cáscara de nuez, llegamos a Isla Greenwich, donde se encuentra la única bahía que nos protege del temporal que lleva 24 horras azotándonos. Esta bahía se llama Yanki.

Hemos contactado por radio con una base chilena y nos recomiendan que no nos movamos de esta posición pues en las próximas 36 horas habrá un fuerte temporal con vientos de más de 100 kilómetros por hora.
Sin duda alguna no nos vamos a mover pues a estas alturas del viaje estamos molidos de tanto movimiento, por lo que nos tomaremos estas 36 horas para descansar, escribiros esta crónica y preparar nuestro equipo de escalada.

Esta vez os escribiré mas tarde pues no voy a portear los equipos satélites, excepto el teléfono portátil por si nos ocurriera algo y además poder llamar a nuestro velero y darle la posición donde necesitaremos que nos extraiga, porque el siguiente DESAFIO EXTREMO, es alcanzar en algún punto la isla de Livingston, buscar la manera de desembarca entre tanto glaciar colgante gigantesco, y atravesar la isla de norte a sur, escalando por el medio alguna de sus montañas mas elevadas, para descender al otro lado de la isla y encontrar la base española.

Será a priori y a falta de seguir haciendo comprobaciones la primera travesía que se realiza de norte a sur por donde queremos hacerla. También escalaremos posiblemente la montaña más alta de esta cordillera que cruza la isla y encontraremos un paso para descender al plato que nos llevara a la Base Antártica Española.
Por delante muchos retos, y sobre todo desconocimiento. Nadie tiene referencias de esta ruta, tenemos que buscar un itinerario salvando enormes grietas de glaciar, una característica de la Antártida las enormes grietas tanto en longitud como en anchura, para alcanzar las montañas más altas de la isla, y seguir explorando el lugar para localizar un paso hacia la Base Española.

Tendremos fuertes vientos, típicos de estas latitudes, nieve, hielo, mucho frió, y un cielo plomizo, es muy difícil ver el cielo azul. La única ventaja es que hay solo tres horas de oscuridad y no llega a ser plena.
Por delante un imponente Desafío, que os seguiré in formando como siempre.
Estar atentos amigos a las siguientes crónicas.

Jesús Calleja desde la Península Antártica.