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Tiburón Blanco 04.2008

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Voy a intentar el Desafío Extremo que más miedo me da, por encima de todos sin ninguna duda; Bucear con el tiburón blanco, sin jaula claro está, en Sudáfrica.

> INMERSION SIN JAULA Y OTRAS EMOCIONES

Hola amigos, ha llegado el día de la inmersión sin jaula.

Me levanto pronto, pues he pasado muchos nervios solo de pensarlo. Pero estoy mentalizado, aunque hasta el ultimo minuto no se si me tirare de la barca.

Aunque tenemos verdaderamente una contrariedad, y es que la zona que habíamos solicitada para la inmersión sin jaula, es donde estos días hemos visto al tiburón blanco, es sin duda el lugar donde más habitan. Pero las fuertes tormentas que nos han azotado, ha hecho que no pudiéramos bucear sin la jaula en los dos días que teníamos autorizados, y el gobierno en Sudáfrica es muy estricto con los permisos, habiendo pedido un aplazamiento, del que llevamos esperando hasta hoy, sin ninguna noticia positiva, por lo que definitivamente no podemos bucear en esta zona, y a 60 kilómetros alrededor tampoco, por lo que JP, nos localiza otra zona especialmente prolifera en tiburones blancos.

Nos dirigimos a este lugar llamado Hermanus, un pintoresco pueblo, con un puerto pesquero pequeñito al estilo de los del cantábrico, donde existen dos centros que se dedican a trabajos submarinos. En este lugar nos alquilan las botellas de aire, y les contamos que queremos bucear en un lugar cercano a la costa sin jaula para filmar cara a cara los tiburones blancos. La respuesta que nos dice el director de este centro, es que si estamos locos, que es una inconsciencia, y que hace muy poco un tiburón blanco ataco a un buceador dejándolo gravemente herido, y otro desaparecido por el mismo motivo. La causa que allí viven focas, y este es el alimento del tiburón blanco. Cuando le contamos nuestro plan se hecha las manos a la cabeza: Alquilamos una barca, luego la barca se dirigirá a aguas más abiertas, y tirara el cebo en forma de sangre y pescados hacia el fondo del mar en un bidón agujereado. Después nosotros saltaremos de la barca en la zona del Kelp, llegaremos al fondo a unos 16 metros de profundidad, pues el Kelp nos protege del tiburón blanco al ser un bosque de algas no entra para no enredarse, luego nadaremos por el fondo en busca de ese cebo, y esperamos hasta encontrarnos con los tiburones cara a cara, siempre y cuando aparezcan. Será algo agónico, adrenalitico, y muy peligroso. El tiburón blanco no tiene miedo a nadie, pues carece de depredador, y tenemos que vigilarnos las espaldas unos a otros para controlar al tiburón con la mirada y unas pértigas de dos metros para espantarlo, aunque cuando habrá la boca y nos saque ese lío de dientes gigantes, a ver que cuerpo se nos queda ahí abajo. Estaremos Karlos, Maria, Oscar, JP, y Yo. Dependeremos de nosotros mismos, y no habrá mas ayuda que la nuestra y la de la barca que estará encima con un medico y todo lo necesario para suturar un hipotético ataque. No es una broma ni una exageración, es vital llevar un doctor experto en ataques de tiburones, el nuestro es un medico que ha estado en la guerra de Irak, y entiende mucho de heridas feas y profundas, lleva todo lo necesario, incluida sangre por si somos atacados, pues el riesgo es muy elevado, el puede salvar la vida si esto se produce. También es muy importante nunca salir a la superficie si no estamos dentro de la protección del bosque de algas, pues el ataque preferido del tiburón blanco, se produce en superficie, por sorpresa y a gran velocidad de forma vertical desde el fondo a superficie, que es donde se encuentran las focas, y eso es exactamente como nos atacaría casi con seguridad si aleteamos, agitamos y nos movemos nadando a superficie en la zona cebada por el pescado y la sangre.
Será una estrategia difícil y muy arriesgada en la que no puede fallar nada.

Sin más demora partimos al punto elegido frente a la costa. JP prepara el cebo a base de hígados, pescado y sangre, lo mete en un bidón agujereado, y lo tira al fondo. Es momento de espera en un mar inusualmente calmado, pero con un tremendo inconveniente que nos hace pensar mucho nuestra inmersión. El agua esta prácticamente verde, por la gran cantidad de placton en suspensión provocado por las fuertes tormenta de los días pasados. ¡Solo tenemos tres metros de visibilidad¡. Estas son las peores condiciones posibles, es de lo que siempre hemos hablado, sobre todo los expertos buzos, que no se puede intentar una inmersión sin jaula sin el mínimo de seguridad, pues el tiburón tampoco ve bien, y al notar vibraciones o la presencia cercana de algo, decide atacar, pues es la mejor defensa, y lo hace por sorpresa. Nosotros tenemos que estar alerta para mirarle a los ojos y colocar nuestras pértigas de defensa delante para que su morro choque contra el palo y no ataque. Pero para ello es necesario verlo, y hoy es imposible.
Se adueña de nosotros la incertidumbre y el pesimismo, pues es nuestra ultima oportunidad, ya no hay mas días.

Esperamos en la barca a que el cebo surta su efecto, pero no podemos ver si el tiburón esta o no ya en los alrededores, pues la visibilidad es tan mala que no vemos que pasa hacia abajo. Hay que decidir que hacemos. La lógica es la retirada, y mas cuando estamos en el mismo lugar donde ya ha desaparecido un buzo atacado por el gran tiburón blanco, y cebado con sangre y pescado para atraerlos, pero ¡ no sabemos si están, pues no les vemos¡.

Es terrible la situación, y la tensión generada. Hablamos de marcharnos y terminar con esta locura, pero en el último momento decidimos que nos sumergiremos en estas aguas verdes, y sin visibilidad. Lo haremos allí mismo, sin buscar la protección del bosque de algas de Kelp, pues al no ver nada nos resultaría muy difícil encontrar el punto donde tenemos el cebo. La cosa se esta complicando mucho, y mi primera pregunta a mis compañeros: ¿Qué pasa con el mínimo de seguridad de los ocho metros?, ¿y lo de bajar al fondo metidos en el bosque de algas de Kelp?. Las repuestas son un silencio, pues no hay respuesta coherente, la decisión esta tomada y sin mirarme, cada uno se prepara con todos los pertrechos de un submarinista, con la clara intención de que se van a tirar de la barca. No me queda alternativa: o me quedo, y tendré que aguantar luego “la coña” de mi “acojono”, o me tiro con ellos.

Decido tirarme, creo que yo también he entrado en ese frenesí de la sin razón, a los pocos minutos estoy listo. Todos estamos preparados, con las pértigas de defensa, las cámaras de video, y todo lo necesario, sobre todo, focos para iluminar, pues no se ve casi nada. Uno, dos tres, ya estamos en el agua. Me atenazan los nervios, no me acuerdo del protocolo. ¿Qué había que hacer?:

-abrir la válvula del traje seco, o ¿cerrarla?-,
-a si¡, ya me acuerdo abrirla, y bajar muy deprisa por el cabo del ancla, que en superficie es donde atacan. –
-¿Dónde atacan?-

Me entra el pánico, pienso que en cualquier momento aparecerá desde el fondo y me morderá. Empiezo ha actuar sobre mi chaleco de flotabilidad, abro la válvula del traje, y empiezo a descender, menos mal que tengo siempre a mi lado a Karlos, Oscar y Maria, mientras JP va delante oteando, al menos pienso que se comerían a el primero, antes que a mí. ¿Qué consuelo mas entupido?, me digo a mi mismo.
Seguimos el descenso, sin apenas visibilidad, todo son partículas verdes de placton alrededor, y los rayos del sol entran haciendo unas formas muy curiosas al reflejarse en el palcton, son como rayos que empiezan de color verde y hacia al fondo ya son negros. Seguimos el descenso, quiero llegar al fondo lo más rápido posible, dicen que allí es donde no suelen atacar, pues lo hace de abajo arriba. Increíble, veo el fono, cuando casi me estrello con el al descender deprisa. ¡no hay a penas visibilidad¡, el tiburón puede estar al lado nuestro y no lo veríamos.

Comenzamos a bucear en círculo para protegernos, JP, tomo la delantera y se mueve ahora muy despacio y avanzamos hacia el cebo de pescado y sangre. Una vez localizado, vemos decenas y decenas de langostas alrededor del cebo comiendo lo que sale, son muy carroñeras y se están dando el festín. Pronto vemos a un tiburón gato, y los curiosos tiburones pequeñitos que se enroscan, también hay avalons, es lo único que podemos distinguir en esas aguas verdes. Todos nos vigilamos unos a otros, y casi no avanzamos para no perder la referencia del ancla. Pero yo me pregunto que pasa de todo el protocolo de actuación que teníamos, nos lo hemos saltado entero. ¡Estamos sin ninguna protección de seguridad en aguas abiertas, pero sin a penas visibilidad, y al lado del cebo¡, ¡que pedazo de locura¡.

Creo que todos nos damos cuenta de la insensatez que estamos cometiendo, y nos damos cuenta todos, aunque no podamos comunicarnos debajo del agua, aunque JP el mas experto en tiburones de todos nosotros, nos hace la seña de subir, de subir inmediatamente, es absurdo estar expuestos a este tremendo peligro. Los tiburones blancos pueden estar muy, pero muy cerca de nosotros y no les estamos viendo, y eso es un peligro mortal. NO hacen falta demasiadas señas, todos damos el OK, y para arriba. Es el momento mas arriesgado, puede venir el jaretón de abajo a arriba en cualquier momento, y sobre todo en superficie es el momento critico, por lo que decidimos subir de uno a uno, para mientras subimos, vamos aflojando todos los “clips” del equipo y soltarlo inmediatamente en superficie, para saltar al barco lo mas rápido posible, y los de arriba nos alluden. Deciden que sea yo el primero en ascender. Tengo que hacer la maniobra solo y a mucha velocidad, no haremos parada de seguridad. Asciendo como un cohete con el miedo metido hasta el ultimo poro de mi cuerpo, llego a superficie, y suelto los “clips”. Emilio y el señor del barco me ayudan, y prácticamente me sacan en volandas del agua. Ya estoy en el barco. Doy gracias por estar vivo, pero quedan mis compañeros que van saliendo uno a uno. Ya estamos todos. Nos miramos y adivino que estamos felices de estar enteros, después de bucear en estas terribles aguas de a penas visibilidad, aunque adivino que hay frustración de no haber tenido suerte con el último día, y con la última oportunidad de ver al tiburón cara a cara y sin protección de la jaula. Pero las condiciones eran nefastas y muy peligrosas, fuera de los mínimos rangos de seguridad. Os recuerdo que casi nadie, ha hecho esto, y nosotros lo hemos intentado en las peores condiciones posibles. Karlos, Oscar, y Maria tienen una determinación incomiable, y conocen perfectamente el riesgo que hemos tomado. Yo soy mas bien un inconsciente, que me puede, cuando se trata de un reto con mucha adrenalina, aunque me he dado cuenta como hemos tentado a la suerte.

Pero estamos todos bien, ha sido una experiencia increíble, y allí mismo en la pequeña embarcación nos prometemos que lo intentaremos de nuevo juntos, posiblemente en otra parte del planeta. Queremos ver de cerca al tiburón blanco sin jaula, Seguramente el nos ha visto. Al menos lo hemos hacho, nos sumergimos en las frías y oscuras aguas, sin a penas visibilidad, sin jaula, y en busca del gran tiburón blanco.

Tengo que quemar toda la adrenalina que tengo acumulada, y se me ocurre una buena idea:
De regreso al aeropuerto hemos quedado con unos tipos que tienen montado un tinglado en Sudáfrica muy curioso: un angar en el aeropuerto con unos aviones de combate que han reconstruido y preparado para poder volarlos. He aceptado el reto de volar en el caza de combate mas rápido y radical de toda su colección.
Llegamos de nuevo a Ciudad del Cabo, y nos dirigimos a un lugar llamado Thunder City. Me encuentro con estos sudafricanos que tienen una autentica locura por la velocidad y las acrobacias. Son expertos pilotos de combate, y han preparado los aviones para llevarlos al límite. Les cuento que vengo desde España y trabajo en un programa de televisión en el que hacemos desafíos por todo el mundo, y que he decidido probar el suyo. Se echan unas risas porque me ven pequeño y muy decidido, por lo que me dicen que si quiero emociones fuertes, las tendré en el avión English Electric Lightning, traducido algo así como el “rayo eléctrico”, pero además me sorprenden diciendo que si tengo lo que hay que tener que no utilizaremos el traje “anti-G”, un sistema que te protege de las brutales aceleraciones y que se acoplan todos, los pilotos de combate para poder soportar las fuerzas de gravedad que se multiplican exponencialmente a medida que las maniobras son mas bruscas. Yo una vez más inconsciente de mí digo que acepto el reto.

Me dan varias charlas de seguridad, sobre todo si hay que hacer uso del asiento eyectable, algo que me pone los pelos de punta. Solo de pensar que debajo de mi culo llevare literalmente un cohete.

Por fin conozco a MIke el que será mi piloto y además dueño del tinglado. Es un tipo curioso al que todo el mundo respeta pues su currículum es increíble, charlamos un buen rato y me dice que muchos artistas americanos han venido a probar estas sensaciones, y lo normal, me enseña un video para que lo vea, es que la gente pierda el conocimiento y vomite si se vuela sin el traje anti-G, pero que ahí esta el mas difícil todavía.
Llega el momento de dirigirme al avión, y me impacta el “pedazo de pepino” con dos motores de este caza ingles que ha batido en su época todas las marcas conocidas de velocidad y aceleración, incluso puede alcanzar casi tres veces la barrera del sonido, y acelerar en vertical a 55.000 pies minuto. ¡Una salvajada¡. Me instalan en el asiento eyector, me explican los últimos protocolos, cierran la cabina, y rodamos a cabecera de pista. Según acelera ya me doy cuenta en que bestia estoy metido, pero la sorpresa viene cuando tira de la palanca y asciende en vertical a toda potencia, volamos con una aceleración de 55.000 pies minuto, ¡sin taje anti-G¡, y el cerebro literalmente se me va para atrás.

-No lo puedo soportar me digo, Mike esta esperando que le mande parar, pero antes muerto que tirar la toalla-
-Sigo aguantando la aceleración. Ahora mi cuerpo por las fuerzas “G”, pesa unos 400 kilogramos. No me puedo mover, ascendemos sin parar, el cacharro puede sobre pasar los 20.000 metros de altura. Cuando terminará el ascenso, estoy al límite-

El avión llega aun punto en el ascenso vertical en el que el experto piloto para los motores, el avión empieza a retorcerse y caemos dando vueltas para todas partes. Parece que vamos sin control y nos vamos a estrellar, pero no son más que las tretas de Mike. Imaginaros una lavadora en el programa de centrifugado, pero a toda velocidad, pues ahí estoy metido. Cuando parece que nos aplastaremos contra el suelo, acelera de nuevo y empieza a hacer toneles, giros, vueltas de 360º, en fin una locura detrás de otra. Me pongo amarillo, luego observo en las pantallas de las dos cámaras de grabación que tengo en la cabina que no tengo sangre en la cabeza que se ha ido a los pies y no es broma, estoy de color azul. En un momento determinado empiezo a darme cuanta que me voy a desmayar, recuerdo lo que me decía: que me desmayare, y me fastidia que va a tener razón. Creo a verme desmayado al menos tres veces, pero dos o tres segundos, justo cuando los “G”, son tan brutales que nada se puede hacer y te desmayas. A pesar de todo estoy disfrutando, aunque al límite de lo soportable, pero el listón del sufrimiento lo pongo yo, solo tengo que decirle que afloje, pero no lo hago, y soporto lo indescriptible. Menos mal que llega el momento de aterrizar. Tomamos tierra sin problemas, Mike que es muy parco en palabras me dice “tipo duro”, he soportado todas sus torturas sin protestar, me ha llevado al limite de lo soportable sin la protección de un traje anti-G. Os aseguro que cuando veáis las imágenes vais a alucinar, porque yo las vi al descender del avión, y me cambio el “careto”, varias veces por las brutales fuerzas de aceleración, y se ve claramente los micros desmayos. Lo veréis muy pronto en los nuevos capítulos de Desafío Extremo.

Bueno amigos, me toca regresar, ha sido increíbles las experiencias en Sudáfrica, yo diría que diferentes a todo lo que he hecho hasta ahora, pero muy pronto estaré metido en otros líos, serán algunos en España, y el próximo septiembre viajare a Nepal para escalar la quinta montaña mas alta del mundo el Makalu.

Jesús Calleja desde Sudáfrica, un lugar perfecto para aventuras extremas.