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Tiburón Blanco 04.2008

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Voy a intentar el Desafío Extremo que más miedo me da, por encima de todos sin ninguna duda; Bucear con el tiburón blanco, sin jaula claro está, en Sudáfrica.

> TREGUA CON EL TIEMPO Y ¡TIBURONES BLANCOS¡

Hola amigos, de nuevo a las teclas del ordenador con mucha excitación.

Desde la ultima crónica el tiempo ha continuado siendo horrible; vendaval con aguacero, olas gigantes e incluso dos trombas de agua (tornados en el mar), que vemos desde la casa que tenemos alquilada a sólo diez metros la costa, se pisan unos a otros. El pesimismo nos hunde, no vemos ningún cambio y nos parece imposible que la cosa mejore. Empezamos a asumir que regresaremos a España sin ver el gran tiburón blanco. Pero todo tiene su momento. El 9 de julio empieza a despejar y el día 10 las olas parecen haber rebajado su furia, como para no pensárnoslo dos veces. Llamamos a JP y nos comenta que no es razonable salir en nuestros barcos, pero que hay un capitán que no perdona y que saldrá con turistas. Hartos de estar en tierra, nos subimos para tener el primer contacto con el blanco. Nos dan una buena charla sobre seguridad a bordo, también nos explican la historia y características del tiburón blanco y nos instalan los chalecos salva vidas. Somos 14 en el barco más grande de esta localidad, que se dedica casi en exclusiva a enseñar el tiburón blanco. Partimos con un oleaje fuerte y la mitad del pasaje se marea a las primeras de cambio. A medida que nos adentramos, las olas son más altas. Los barcos van aquí a una velocidad asombrosa y los pantanazos son de órdago. Pero lo peor llega cuando fondean la embarcación y apagan los motores. Nos movemos de lado a lado como peonzas y no podemos dejar de sujetarnos con fuerza. Lo primero que hacen es cebar el agua con una sopa de pescados, vísceras y otras “delicias olorosas”, para atraer al tiburón blanco. En poco mas de diez minutos acuden algunos ejemplares de unos tres metros, que solo verlos es espeluznante. Les vemos mal, porque el agua está removida y hay una pésima visibilidad. Imposible intentar una inmersión ese día. Lo único que vemos son hombres y mujeres asomados a la borda echando el desayuno. ¡Y han pagado un dineral! Parece mentira que el capitán salga a pesar de todo. El barco regresa a puerto con las caras de más de la mitad de los turistas descompuestas. Todo el mundo quiere regresar a puerto. Emilio y yo hemos pasado la primera prueba sin marearnos, aunque no se puede cantar victoria. Hoy hemos visto, aunque sea desde el barco y en malas condiciones, a los tiburones blancos por primea vez, y ha sido brutal.

Al llegar a puerto decidimos que mañana emplearemos por primera vez nuestro barco. Será solo para nosotros; Karlos, Oscar, Maria, Emilio y yo. Pero existe un problema con el que no habíamos contado. Los días que teníamos reservados para bucear fuera de la jaula con los tiburones blancos han expirado. Ahora no tenemos permisos y eso, aquí en Sudáfrica, es sagrado. Se conceden muy pocos, por el altísimo riesgo que entraña, y además quieren que nadie bucee a 60 kilómetros alrededor para que no expolien una concha llamada “abalon”, que es una exquisitez en los mercados asiáticos por su sabor y porque, estúpidamente, dicen que posee propiedades afrodisíacas. En pocos años han esquilmados estos moluscos con pesca ilegal. Las patrulleras están cerca vigilándolo todo.

Es realmente un gran problema. Absurdo, porque es burocrático, pero insalvable. De momento, salimos rumbo a unas islas cercanas, las Dyer, donde hay una enorme colonia de leones marinos, que es la principal comida del gran tiburón blanco. Fondeamos y echamos el cebo, de pescados, sangre, etc.. De la nada aparece, sin que hayamos apagado los motores, una hembra inmensa, de más de cuatro metros. Rápidamente echamos la jaula, la atamos bien al barco, porque las olas la zarandean y golpean continuamente contra el casco del barco. Una vez afianzada y en mitad de un vaivén que tumba al más experto, nos metemos Oscar y yo en esta jaula. Vestimos trajes secos y respiramos con dos reguladores de aire conectados a una botella. Cierran la jaula por arriba y quedamos herméticamente atrapados. No sería la primera vez que un tiburón salta por encima y se cuela dentro. ¿Os imagináis el papelón? Es agobiante y claustrofóbico, y el fuerte oleaje te golpea sin piedad contra los barrotes. Al minuto aparece el “monstruo” de mas de cuatro metros y unos 2000 kilogramos de peso. Parece irreal, es impresionante verle de cerca, en el mar. Es un ser que ha dejado hace mucho tiempo de evolucionar, a pesar de llevar en la tierra algo más de cuarenta millones de años, porque es simplemente perfecto. Es el mejor de los depredadores. El más letal y eficaz. Se pasea delante de la jaula ante mis ojos desorbitados, y parece que no tiene fin. Se gira lentamente, se vuelve hacia la jaula hasta casi tocarla y me mira con su ojo de color azul. Me observa, se para y me dice que se detendrá todo el tiempo que quiera porque es el dueño y señor de esas aguas y yo no soy nadie. No tiene miedo a nada y menos a un tipo que pesa apenas 60 Kg. Creo entender el mensaje: no salgas de esa jaula o serás hoy mi merienda. Esta excitado por la sopa de pescados con la que hemos atraído a los escualos. Habré la boca para morder un trozo de pescado que tenemos atado a una fuerte cuerda y de sus fauces sale “un lío de dientes”, que me deja perplejo. Es una bestialidad. Veo sus dientes, y la fila de otros dientes idénticos que tiene en el interior, que pasan a sustituir a los primeros si sufren algún percance. ¡El animal tiene hasta siete filas de dientes!

Solo pensar que está en peligro de extinción debido a la pesca indiscriminada, otra vez para alimentar a las zonas asiáticas, especialmente Japón y China, donde comen su aleta, que dicen que goza de poderes afrodisíacos, me parece una solemne estupidez del género humano. ¡Cuarenta millones de existencia y perfección para desaparecer en treinta años de humanos trasteando por los mares!.
Estoy dentro de la jaula, embobado por este ser descendiente del Megalodón, que llego a medir cinco veces más. Se mueve con destreza, sutil, suave, siempre regresa después de localizar el cebo y lo termina atacando, no sin antes medir todos los peligros. Es un tiburón que piensa y diseña, sobre la marcha, continuas estrategias de ataque. Es el único que mira con el ojo fuera del agua para observar el entorno.

Ha sido una de las emociones más fuertes que he tenido recientemente: mirar cara a cara a uno de los grandes tiburones blancos. Salgo de la jaula como si regresara de otro universo, el de las bestias. Ahora, lo primero que me viene a la cabeza es como mis amigos, Karlos, Oscar, y Maria pretenden bucear fuera de la jaula. Pienso honestamente que no están bien de la cabeza.

Al día siguiente volvemos a embarcarnos con el Capitán Roonie, un tipo muy simpático, alto y huesudo, que parece salido de una novela de Charles Dickens. Esperamos tener al menos la suerte de ayer, y con ese ánimo nos dirigimos al mismo lugar, cerca de las islas Dyar, el paraíso de los tiburones. No tenemos permiso, por lo que de nuevo nos meteremos en jaula. Hoy da mucha rabia porque el agua ya tiene la visibilidad que necesitamos para salir. Pero nadie se la juega porque pueden perder mucho. Así que decidimos seguir conociendo a estos escualos desde la protección de los barrotes.

Llegamos al lugar elegido y a los tres minutos de echar el cebo, aparece otro tremendo ejemplar gigantesco, que fotografiamos en unas aguas esta vez más claras. La silueta del escualo se perfila en el agua amenazadora, se mueve a su antojo sin miedo a nada ni a nadie, luego llegan dos mas, ahora nos rodean tres grandes tiburones blancos, es una imagen espectacular. Pienso -Por dios que no me caiga ahora con tanta camarita que llevo en mano, filmándolo todo, que ya me he dado dos resbalones…

Echamos una cuerda con una bolla y cebo en la punta, y de inmediato se lanzan a por ella. Oscar filma desde la jaula, Maria saca fotos también desde la jaula, Karlos filma desde la proa con otra cámara atada a una pértiga submarina, Emilio filma desde el barco, al igual que yo, que me muevo tanto dentro de la jaula como fuera en busca de las mayores sensaciones. Es absolutamente espeluznante ver como muerde el cebo, y no suelta por nada. El marinero tira con fuerza de la soga y el tiburón la quiere entera para el. Es una verdadera bestia que lo puede todo. Hoy llegan más tiburones que ayer, el agua esta más transparente y deciden atacar al cebo continuamente. Nos estamos poniendo las botas a imágenes espectaculares, que no tienen desperdicio. Espero que disfrutéis como lo hemos hecho nosotros. En ocasiones sale del agua enganchado al cebo, hasta la misma barandilla del barco. He tratado de tocarle el morro, pero cuando lo ves tan cerca la mano no obedece y se retira, por mucho que le digas lo contrario. Amigos, es brutal, absolutamente brutal. Hoy el día mejor que ayer, incluyendo una vuelta sobre las islas Dyers, donde viven 6000 leones marinos, que son el alimento favorito de estos tiburones blancos. Incluso tratamos de cerrar un día fantástico con la foto soñada, la del tiburón saltando por encima del agua. La consiguen muy de vez en cuando, arrastrando a poco gas una silueta con la foca de plástico atada a un cabo. Como está en movimiento, en ocasiones los tiburones la confunden con una foca real y salen disparados a comerla. Con tanto impuso que salen del agua, a veces con el cuerpo entero. Ahora nos queda resolver el gran dilema: ¿podremos bucear en aguas abiertas, sin jaula de protección, y cebando el entorno con sangre y pescado para atraer a este perfecto depredador llamado tiburón blanco?. Esta es la razón principal de este desafío, pero me cuesta imaginarme ahí fuera, la verdad.

Hemos decidido alquilar una barca neumática y dirigirnos a un lugar que conocemos en el que abunda el tiburón blanco, donde además hay Kelp, algas gigantes en las que no se atreve a meterse el gran tiburón blanco porque se enreda en este laberinto de algas.

Nuestra estrategia es tirarnos encima de estas algas, nos tiraremos, y nos iremos al fondo. Si, habéis oído bien. Yo he decidido que también lo haré. Yo sinceramente, amigos, no se si seré capaz de lanzarme mañana a las aguas oscuras y frías en busca del mayor de todos los depredadores para mirarle a la cara en su territorio. Se que es una locura en mayúsculas, pero me puede la curiosidad, el riesgo, la adrenalina, y yo que se mas. Repito que no os prometo nada, pero lo intentare, gracias a la ayuda de mis amigos, con los que me siento arropado de alguna manera. Pienso que, como soy muy delgado y tengo poca carne, les interesara otro antes que yo por la cuenta que me tiene.
Amigos estoy “cagadito de miedo”, se acerca el día, y espero poder contároslo con mis brazos y piernas enteros. Estar atentos, va a ser indescriptible.
Nos vemos amigos, ¡espero¡..

Jesús Calleja desde Sudáfrica a punto de vivir la experiencia más espeluznante de mi vida

Luego la barca se dirigirá a aguas más abiertas, y tirara el cebo hacia el fondo en un bidón. Después nosotros nadaremos por el fondo en busca de ese cebo, y esperamos encontrarnos con los tiburones cara a cara. Será algo agónico, adrenalitico, y muy peligroso. El tiburón blanco no tienen miedo a nadie, pues no tiene aquí depredador, y tenemos que vigilarnos las espaldas unos a otros para controlar al tiburón con la mirada y unas pértigas de dos metros para espantarlo, aunque cuando habrá la boca y nos saque ese lío de dientes gigantes, a ver que cuerpo se nos queda ahí abajo. Estaremos Karlos, Maria, Oscar, JP, un amigo de JP, y YO, si habéis oído bien, yo también lo intentare. Dependeremos de nosotros mismos, y no habrá ayuda nada mas que la nuestra y la de la barca que estará encima con un medico y todo lo necesario para suturar un hipotético ataque. No es una broma ni una exageración, es vital llevar un doctor experto en ataques de tiburones, pues el riesgo es muy elevado, y el puede salvar la vida si esto se produce. También es muy importante nunca salir a la superficie si no estamos dentro de la protección del bosque de algas, pues le ataque preferido del tiburón blanco, se `produce por sorpresa y gran velocidad de forma vertical desde el fondo a superficie, que es donde se encuentran las focas, y eso es exactamente como nos atacaría casi con seguridad si aleteamos, agitamos y nos movemos nadando a superficie en la zona cebada por el pescado y la sangre.

Será una estrategia difícil y muy arriesgada en la que no puede fallar nada.