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Tiburón Blanco 04.2008

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Voy a intentar el Desafío Extremo que más miedo me da, por encima de todos sin ninguna duda; Bucear con el tiburón blanco, sin jaula claro está, en Sudáfrica.

> ESCALADA TORRIDA EN EL TROPICO DE CAPRICORNIO

Hola amigos, desde la última vez que os escribí, he recorrido muchos centenares de kilómetros. Viajar de un lado para el otro en este inmenso país que es Namibia, es una dura tarea, entre otras cosas porque no hemos visto ni un kilómetro de asfalto, en cambio solo hay pistas casi intransitables que es lo habitual. Seguimos en el vehículo 4x4, que a duras penas va comiéndose los kilómetros, no es ni de cerca como lo alquilamos. Ahora tiene un look diferente,: bollos por todos los bajos, estriberas reventadas, el techo hundido en diferentes partes, miles de rayas de los implacables espinos africanos, por dentro y por fuera es puro polvo blanco, en fin, no se le puede pedir mas, aunque a veces Kike, Emilio y yo nos pillamos un cabreo curioso, con los pinchazos, ¡ ya llevamos seis¡.. Las ruedas literalmente se deshacen por los guijarros, y hay que sujetar fuerte el volante para no terminar con las ruedas boca arriba, pues cuando pinchas el coche adquiere vida propia y decide cruzar la pista de lado a lado hasta que se detiene.

Seguimos ruta, hacia al sur hasta un lugar llamado Purros, donde se encuentra el cauce de un río llamado Hourusibe que remontamos con el coche. Esta repleto de vida salvaje africana, y el motivo es que lleva agua, y os preguntareis, ¡pues vaya gracia, como todos los ríos, ¡ pues no ¡. En Namibia casi todos los ríos están secos, es un clima muy desértico, y solo llevan agua transitoriamente cuando caen las lluvias, pero a los pocos días se secan. Sin embargo este río tienen agua, aunque muy poca todo el año, y por esta razón se dan cita todos los animales a muchos kilómetros a la redonda. Especialmente son famosos los elefantes blancos, con ejemplares de casi 6 metros de altura. También leones, jirafas, rinocerontes, gacelas, etc. Ha sido una experiencia bestial la de remontar este cauce por medio del río contemplando la puesta de sol al atardecer, aunque no hemos sido afortunados viendo animales, pero el recorrido es irrepetible. Este cauce es mundialmente famoso por su peculiar vida salvaje, comprimida en una pequeña franja de reino vegetal.

El día siguiente ha sido muy largo, pero conseguimos llegar a las puertas del parque natural del Skeleton Coast y digo a las puertas, porque solo se puede entrar como máximo a las 15 horas, y estar fuera de el a las 17 horas. Aquí nos quedamos a dormir, en las mismas puertas, y por la mañana muy pronto nos pusimos en marcha hacia la costa de los esqueletos. Es una gran franja de arena que linda con el océano atlántico, de una belleza extraña. Las arenas de los cauces secos de los ríos depositan mucha arena en los pocos meses que tienen agua, y durante el resto del año vierten toda esa arena junto a las infinitas playas de esta costa, formando cordones de dunas muy altas, que destacan aun mas sobre el fondo azul del bravo océano atlántico. Mires a donde mires solo hay cuatro cosas: montañas bajas muy erosionadas, llanuras sin casi vida vegetal, arena, y un mar muy azul. Son kilómetros, y kilómetros que repiten el mismo escenario.

El viento suele ser todos los días muy fuerte soplando de este a oeste, elevando la temperatura en invierno por el día, hasta los 35ºc, y en verano a más de 45ºC, aunque por la noche el mercurio puede caer incluso por debajo de los 0 ºC, durante todo el año, producido por un extraño fenómeno, que se llama la corriente de Benguela. Una corriente friísima, que llega hasta estas latitudes (trópico de capricornio), directamente desde la antartida, descendiendo la temperatura del agua hasta los 8 o 10 ºC. Esto hace que además de tener mucha fauna marina, cuando llega el atardecer y la noche, se produce la inversión térmica, y el aire sopla de oeste a este, bajando radicalmente la temperatura del aire de una forma muy brusca. En solo cinco minutos pasas de estar sudando a la gota gorda, a tener que ponerte el forro polar, porque te congelas. Es absolutamente insólito.

Casi no hay asentamientos humanos en esta costa, aunque si aparece alguno, te ofrecen lo necesario para pescar grandes peces, especialmente la pesca de tiburones de hasta 100 kg, desde la misma playa.
Dormimos en Henties Bay, uno de esos pueblos, fundados hace cuatro días, y que se dedica casi en exclusivo a facilitar las cosas a los pescadores deprtivos, casi todos ellos sudafricanos que aquí se dan cita para la captura de esas enromes piezas.

Al día siguiente nos dirigimos a nuestro objetivo real. El Desafío de este viaje: escalar en mitad de la sabana semi árida de Namibia, junto al trópico de capricornio. El lugar escogido, se llama Spiztkoppe. Un coloso de granito de más de 1.700 metros de altura que se alza solitario en mitad de la nada, sin que exista una cordillera. Están solo estos enormes promontorios de roca granítica.

Es magnifico poder escalar en este mágico lugar, es sin duda diferente y todo un reto, pues la escalda esta llena de dificultades, principalmente por la rareza de la roca, a la que no estamos acostumbrados, pues casi siempre escalamos en roca caliza. También por las elevadas temperaturas, y a todo esto hay que añadir que estaremos solos, no conocemos los itinerarios de escalada, y si te “piras”, (caerse y quedarse colgando de las cuerdas de seguridad según nuestro argot de escaladores), pues te destrozas la piel, ya que el granito es muy abrasivo, y las puntas de los cristales de cuarzo te cortan como cuchillas. Mejor no cometer fallos o nos quedaremos sin piel.

Aquí le dedicamos tres días a escalar.

Primero estudiamos la zona, donde acampar, escoger “la vía”, como llamamos a la ruta elegida para escalar, después probarla, luego equipar por otra ruta mas sencilla una línea de cuerdas fijas, para que Emilio, nuestro cámara amigo pueda ascender paralelo a Kike y a mí mientras escalamos una ruta mucho mas compleja, y de este modo Emilio obtendrá unas tomas muy espectaculares, sobre todo al tratarse de una ruta de adherencia.

La ruta elegida esta en una gran mole de granito casi plano llamado “Sugar Loaf”. Decidimos abordarlo por su parte central, y en apariencia no hay casi agarres, solo resaltes de granos de granito, que en ocasiones se rompen. Es muy bonita y espectacular.

El día anterior quedo equipada la línea de cuerda fija para Emilio, y hoy llega en la gran día. Hay que escalar esta delicada ruta, sin cometer errores. Comenzamos la ascensión mas o menos asequible, hasta que llegamos a los largos (cada 50 metros es un largo) verticales que exigen de nosotros la máxima concentración. Un pie en adherencia, es decir no hay resaltes en la roca, simplemente nuestro calzado especial (llamados pies de gato) tiene mayor capacidad para adherirse a los pequeños granos del granito. Luego los dedos a penas rozan los “cantos”, es decir que no hay donde agarrarse, hay que fiarse del equilibrio, movimientos lentos, tipo “película matrix”, y mucha decisión, progresamos, poco a poco, hasta que en un pasaje, me resbalo y caigo unos metros pared a bajo, hasta que me detiene la cuerda de seguridad. Me lijo mis “canillas”, y casi me quedo sin huellas dactilares. La escalda es exigente, y ahora ya se ha instalado el miedo en el cuerpo. Estamos a muchos metros de altura, y ya se lo que es “volar” en el vacío, aunque la cuerda de seguridad me ha detenido a tiempo y sin mayores consecuencias que unas cuantas raspaduras sangrantes en la piel que estaba al aire. Ya lo sabíamos, así que hay que continuar, ahora si cabe con más cuidado. Otra zona muy delicada, mas adherencia, menos apoyos, mas sudor, me cae las gotas por todo el cuerpo, la adrenalina sube, mis piernas hacen la “moto”, es decir que tiemblan sin control del esfuerzo y la tensión de hacer delicados y expuestos movimientos, pero poco a poco estamos resolviendo la dificultad de la vía. Son las cuatro de la tarde cuando alcanzamos la cima, estamos prácticamente deshidratados del calor que se duplica al estar pegados a la roca y esta actuar como un espejo, pero felices de alcanzar cima. La escalda ha sido un éxito, sobre todo al pensar que estamos solos, en mitad de un lugar mágico, tocando estas rocas que nos cargan de energía africana, y contemplando las infinitas llanuras de la sabana semi árida de Namibia. Es la escalada en roca mas rara que he hecho en mi vida, y eso es precisamente lo que mas me motiva.

En frente de nosotros, se laza como un gigante rojo, la casi inexpugnable cima del Spiztkoppe, de más de 1.700 metros de puro granito. Lo comparamos al Naranjo de Bulnes, en picos de Europa, solo que de granito, y con mayor desnivel. Es fantástico, y los tres Emilio, Kike, y yo lo admiramos desde la cima del Sugar Loaf, nuestro objetivo cuando salimos de España. Ahora desde la cima, nos leemos la mente y casi al unísono y riéndonos decidimos que no podíamos marchar de allí, sin intentar escalar este monolito petreo.
Rapelamos (descender por cuerdas la pared vertical), y acampamos muy cerca del Spizkoppe. Aquí descubrimos pequeños bloques de 20 metros de altura, asegurados por algún otro escalador que rondo estas tierras al igual que nosotros ahora. Decidimos probar esta ruta, consiguiendo completarla, siendo de gran dificulta (6c).

Y ha la luz de la hoguera, mientras reponemos fuerzas con una barbacoa, en un paraje alucinante, entre árboles extraños, millones de estrellas, y un silencio absoluto, que ya nos encargamos nosotros de romper con unos temas de ZZ TOP, decidimos que al día siguiente bajaremos a una especie de pueblo, a buscar a alguien que nos indique como ascender al Spizkoppe.

Al amanecer cerramos nuestro vehiculo-tienda campaña, y decididos nos dirigimos al poblado. Al llegar nos hablan de un tal Hans, que llegara a la seis de la tarde, así que nos dedicamos a la vida contemplativa y a beber unas cervecitas que llevamos en la nevera de nuestro vehiculo 4x4. Hacemos amigos, especialmente de dos chicos que se llaman Sousa, y Jeims. Las conversaciones entre ellos son de lo más divertidas, pues cuando hablan claquetean sonidos muy extraños continuamente, ellos lo llaman “clics”. Lo usan todas las gentes de esta zona de Namibia, y se llama lengua “Tamara”.

Lo pasamos tan bien que el tiempo pasó sin darnos cuenta. Ya de noche y a las 18.30, aquí es noche cerrada, aparece el tal Hans. Nos esperábamos a un tipo rubio y fuertote con ese nombre, algún alemán que decidió autoexiliarse a este lugar llevado por la fiebre del escalador empedernido, que condiciona toda su vida a eso, escalar roca. Nos dijeron que era el único que conocía en muchos kilómetros a la redonda la ruta para alcanzar su esquiva y vertical cima. Pero cuando aparece, la sorpresa es mayúscula, es un lugareño, de raza negra, con un aspecto de fragilidad que daba lastima. Hablamos con el y nos asegura que solo el, de los nativos a llegado a su cima empelando muchas artes caseras. A nosotros nos parece imposible pues la ruta será técnica, difícil y expuesta. Pero el resuelve decidido, que si queremos llegar, el es la persona indicada. Acordamos su sueldo que serán 500 dólares namibios (unos 50€), una fortuna aquí, y a la mañana siguiente estamos de camino hacia el Spizkoppe. Se nos presento con la misma ropa que el día anterior y en zapatos. No lo podemos creer, es inaudito, pero es lo que hay y le seguimos pasmados.

Comenzamos por una canal abruta de rocas y maleza, las plantas son rarísimas, y los árboles aun mas. Nos da la sensación que hemos viajado en le tiempo y ahora estamos en el jurasico. Nada es normal. Hans nos comenta: esta planta no las roceis o os quemareis, este otro arbusto es urticante, ese cactus antidiluviano, si te pinchas la herida no tiene cura, con la leche de esa otra especia, se podría matar a toda la aldea. No me resulta difícil creerle, pues las formas de esos cactus, arbustos y árboles son como las de la película Parke Jurasico. Si a esto le añadimos que hay 7 especies de víboras, no se cuantas mambas, escorpiones, arañas venenosas, en fin que estamos “acojonados”. Pasamos entre esas especies exóticas como Chiquito de la calzada con mucho “Jarrrrrrrr”. Pero por fin, alcanzarlos un collado, donde empieza realmente la dificultad. Ascendemos con mucho cuidado, las rocas están sueltas, y el terreno es muy abrupto, poco a poco comienzan las zonas verticales, y es increíble como Hans encuentra la ruta en un terreno sumamente sinuoso. Sin el, nunca habríamos encontrado el camino hacia la cima, es un autentico laberinto de posibilidades, algunas de ellas siniestras. Al llegar a una panza vertical de granito, Hans coloca el tronco de un árbol caído, y se encaroma como un mono, y luego continúa por la descarnada roca granítica con sus zapatos, es inaudito, nunca vimos nada parecido, se mueve por la verticalidad con mas soltura que nosotros con nuestro material moderno y de ultima generación. Nos esta dejando sombrados, y ya empezamos a creer que el tipo ha subido a esta cima.

Seguimos la ascensión con trampas verticales, vericuetos difíciles de pasar, obstáculos continuos, y muchos sectores de escalada, de pura escalada. El progresa como un gato, y nos da una lección de escalda magistral. Pasan las horas y llegamos a la parte más delicada, expuesta y vertical. Nos lleva mucho tiempo escalarla, y casi parece imposible que este hombre haya encontrado este recorrido aparentemente imposible. Por fin asomamos detrás de una cornisa y ya esta, se para, y nos dice cima. Le respondemos no, esto no es la cima, la cima esta allí. El responde que ese punto es la cima porque no se puede ir mas allá, pues es imposible por su dificultad continuar, por lo tanto eso es cima.

No discutimos, porque esa es su cima, pero nosotros queremos llegar a la cima verdadera, por lo que nos ponemos nuestro equipo de escalada una vez más y buscamos un itinerario, algo que nos lleva mucho tiempo localizar, pues es cierto que la dificultad es enorme incluso para nosotros. Pero encontramos una canal que desciende a un punto donde tomando otra canal conseguimos llegar aun collado de enfrente, muy aéreo, que da acceso a la otra cara. Conseguimos con mucho esfuerzo y tensión alcanzar la otra cara, de caída vertical de mas de 600 metros, y progresando por una vira de granito, donde incluso tenemos que saltar de un bloque a otro, y de por medio el abismo, para situarnos en la ultima grieta que nos abre las puertas a la cima central del Spitzkoppe. Estamos pletóricos de pisar este lugar tan difícil y recóndito de alcanzar. Ha sido expuesto y complejo llegar hasta aquí, sacamos nuestras banderas como siempre, para celebrar el éxito de Emilio, Kike y yo juntos una vez mas en una cima, en este caso la mas exótica de nuestras vidas sin duda alguna, seguimos teniendo la sensación de estar en el jurasico, nada en el entorno es normal. Desde la cima alcanzamos a ver más de cien kilómetros en la lejanía, pues la atmósfera en Namibia es muy transparente, y a cualquier lugar a donde mires no hay más que una enorme sabana semi árida de color amarillo que acongoja.

Llega el momento de deshacer la ruta que nos ha traído hasta aquí, y solo tenemos tres horas antes de que se haga de noche completamente, y os aseguro que el retorno es igual de enrevesado, pero gracias a la pericia una vez mas de Hans vamos resolviendo las dificultades, aunque Hans nos da un buen susto, cuando resbala y se cae unos ocho metros dando dos volteretas en el aire, esta vez la buena suerte se ha aliado con el, pues lo raro es que no se rompiera nada, aunque tiene heridas en piernas y brazos. Le revisamos, e increíblemente esta bien, ¡que susto¡. Seguimos el descenso, alcanzamos la base de la montaña. El reto de escalar en esta remota parte del planeta ha resultado un éxito, incluso más de lo que esperábamos. Han sido muchas aventuras vividas, muchos los kilómetros recorridos, y muchos también los nuevos amigos, incluso hemos encontrado un pequeño poblado en mitad de la nada, pero que existía una televisión con parabólica, y nos invitaron a ver el partido de la final de España con Alemania. Imaginaros como disfrutamos viendo ganar a España, y toda esa gente de la aldea aplaudiendo y gritando: ¡España¡, ¡España¡, ¡España¡,.
Fue una aventura perfecta.

En dos días estaré viajando a Sudáfrica, en busca de nuevas emociones y retos. Los iré desvelando a medida que los consiga, aunque os adelanto que buceare con los tiburones más espectaculares y violentos del planeta, desde los tiburones Toro, el tigre, o el temido gran tiburón blanco. Amigos estar atentos a las siguientes crónicas que las aventuras continúan.

Jesús Calleja desde la tórrida sabana, en algún lugar cercano al trópico de capricornio, en Namibia..