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Zanskar Invernal 09.2008

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Os escribo desde el noroeste de la India, exactamente des un pueblo llamado Leh, capital del valle del Ladakh, a tan solo 100 Km de Pakistán y 60 Km del Tíbet ocupado por los chinos. En este remoto lugar situado en el centro de la cordillera del Himalaya.

> TODO PARECIA FACIL...

Estoy de nuevo a las teclas del ordenador, me he hecho con energía eléctrica y os puedo escribir. Esto es lo que ha pasado desde entonces:

El día 22 de enero amaneció un frío día, pero teníamos los ánimos por las nubes, pues siempre son buenas noticias el intenso frío, pues el hielo estará en buenas condiciones, y casi nos asegura no encontrarnos con grandes dificultades, y lo comprobamos ayer cuando conseguimos cruzar el maldito paso que nos hizo dar tantos rodeos a la ida.

En efecto, fue el primer día que disfrutamos de lo lindo en el río. Es como jugar a un extraño juego en el que hay que sortear muchos obstáculos. Unas veces por la margen izquierda, otras por el margen derecho, ahora un poco arriba, o después abajo, o con mucho cuidado una capa de hielo muy frágil, en fin un laberinto de posibilidades, y hay que acertar la mejor, porque si no te vas a las gélidas aguas, o te precipitas por los muchos abismos que sorteamos, cuando no hay hielo suficiente y tenemos que caminar por riscos casi imposibles. Si al final de día llegas a la casilla de llegada, has ganado y puedes continuar, pero si pierdes, es posible que no lo puedas ni contar.

El día 22 ganamos y casi sin contratiempos llegamos a una cueva llamada “Hotom”.
Hemos llegado mas pronto que otras veces, pero aquí las cuevas son muy pequeñas y tenemos que separarnos, de modo que los porteadores zanskaries en una cueva, y Phuntsog, Emilio, “Arguiñano”, y yo en otra. Pronto nos damos cuenta de una cosa. La leña siempre la busca y recogen los expertos porteadores zanskaries, y es lógico que al no compartir cueva tengan que traernos además la leña, de modo que Emilio, Phuntsog y yo nos vamos a buscarla, si queremos pasar una noche digna.

Phuntsog va por libre y al poco rato lo vemos encaramado en una gran arbusto llamado “stukpa”, que es sin duda es la mejor leña, la que mas calor da, y la que mas dura, por esta razón Phuntchok mantiene una dura pelea con el durísimo arbusto, ganado de momento el arbusto. Emilio y yo nos ponemos nuestras “chuvas” para no romper el delicado material de nuestra ropa técnica, y como dos zanskaries más llevamos nuestra cuerda para hacer un fajo de leña. Emilio rápidamente despunta como un buen buscador de leña, y poco a poco engrosa su fajo con buena leña, le observo, mientras mi fajo esta vacío. No se como lo hace, pero soy incapaz de encontrar ramas secas de las enormes zarzas que se defienden con espinas cien veces mas feroces que las zarzas españolas que en León conocemos como “tapa culos”. Empiezo a ascender por una colina, y en las partes altas descubro una reciente avalancha que ha hecho una zanja en el terreno y deja al descubierto mi botín. Unas hermosas raíces de “stukpa”, es la mejor leña, creo que ganare a mis contrincantes. Hago un gran fajo de mi preciado trofeo y al descender lo hago por otra ruta que me parece mas directa, y según pongo el pie, me precipito 15 metros colina abajo a gran velocidad. Donde puse el pie era una pequeña cascada helada, totalmente tapada por la nieve, que no distinguí, y salí disparado, perdiendo parte del botín, y calado de agua de arriba a bajo pues al final había una pequeña piscina de agua. Me apresuro a regresar a mi cueva pues tengo que secarme toda la ropa. Paso delante de la de los zanskaries, y empiezo a cantar en alto para que me oigan, y sepan que yo también se encontrar la mejor de las leñas. Me silban y jadean. He triunfado, y ya en la cueva sumamos la de Emilio que ha sido tan fructífera como la mía, y la escasa que trajo Phuntchok (estuvo peleando con el mismo arbusto dos horas), pero de gran calidad. Hacemos tal fogata que seco mi ropa sin problemas e incluso habiendo -20ºC estoy en chichas secándome. Cenamos y a la cama, bueno mejor dicho al suelo con la esterilla y un frío endiablado que hace que nos juntemos los cuerpos como enamorados.

23 de enero.
Otro día endiabladamente frío. El solo echo de salir de la crisálida que es el saco, y enfrentarte a la realidad, que son los casi -30ºC, es cruel, dramático diaria yo. Empieza el ritual: levántate deprisa, ponte el mogollón de capas de ropa, muy rápido calcetines y botas congeladas, o no harás vida de los pies en todo el día. Mete el saco en la funda, rellena los petates, desayuno dos chapatis y un huevo (ya llevan 16 días con nosotros), de mala gana, pues se me hace bola a esas horas de la mañana (7.30h). Traga el conjunto culinario, tomo tres tazas de té hirviendo a ver si caliento. Me pongo el micro inalámbrico, pues estoy grabando un nuevo programa “Desafío Extremo”, la cámara de fotos, en el bolso izquierdo, la de video colgando. Tiemblo, tirito, sacudo los pies, hago molinillos con las manos para calentarlas. Ya estoy listo. ¡ no¡, ahora tengo ganas de hacer de lo mío, si, ya sabéis de lo gordo. Quito la mochila, busco una piedra, me agacho, bajo no se cuantas cremalleras, busco en lo mas profundo de mi, donde tengo los calzoncillos, pues no se cuantos refajos tengo, me los bajo, me autoprogamo para hacerlo todo en un minuto, o todas mis partes nobles sufrirán mas de lo soportable. Lo hago, intento recomponerme, entre tantas capas de ropa, no se si todo ha quedado ajustado en su sitio, ayer la maya interior no la ajuste bien y fui medio camino con ella casi en las rodillas. Por dios que agonía, que de cosas¡. Después de Ajustar todo lo mejor posible, parece que ya estoy listo. Salimos Emilio y yo disparados a un ritmo muy intenso pues no hay quien aguante este feroz frío. Mientras caminamos, me cuelga constantemente un hilo de moquillo, la nariz roja, el frío me hace llorar, el cuerpo se estremece, y como un autómata camino, camino, y camino, hasta que de repente surge un estremecedor ruido sordo. Todos nos paramos, sabemos de que se trata, es una avalancha. ¿Por donde viene?, estamos en la vertiente opuesta, rogamos que sea así, o puede que no lo contemos. Ha habido suerte, es en la ladera opuesta, con estupor y en silencio observamos como lo arrastra todo. Al principio es solo nieve que se precipita por las laderas verticales, luego son muchas toneladas de nieve, mas tarde arranca piedras y rocas de gran tamaño, hasta convertirse en un monstruo que lo devora todo y termina en el cauce de la garganta helada, justo en nuestra ruta. Esta vez hemos librado, pero ha dejado un tramo del río modificado. Grandes rocas de muchas toneladas de peso han pasado de una orilla a otra, barro por todas partes, que se ha congelado en el acto, grandes masas de nieve compactada, y un cambio repentino del curso de aguas. Estamos impresionados por tanta fuerza que puede ocasionar en un instante la naturaleza, en esta especial orografía donde todo parece que pende de un hilo.

Continuamos, y en el camino vemos las señales de más avalanchas. La ruta esta plagada de avalanchas, esto nos ocasiona mucha tensión cuando pasamos tramos especialmente cerrados de paredes verticales que se desploman desde muchos cientos de metros, y que si deciden escupirnos avalanchas, nunca podríamos adivinarlo, pues cuando quisiéramos darnos cuenta estaría encima de nuestras cabezas. Con ese temor avanzamos a buen ritmo, hasta que uno de nuestros porteadores observa algo en mitad del río. Nos da la alarma, y descubrimos uno de esos antílopes, llamados Ibix, que esta la mitad devorado por los leopardos de las nieves, y zorros, y la otra mitad incrustada en el hielo y soldada literalmente. Hasta aquí bien, sacamos fotos, lo filmamos, y Emilio y yo continuamos, pero nadie nos sigue, sacan los piolets y empiezan a picar el hielo a pioletazos. No comprendemos nada, pensamos que es solo una distracción, y continuamos, pero después de media hora caminando, siguen sin aparecer, paramos y nos ponemos a comer algo. Al cavo de dos horas aparecen con el cadáver al que le falta la mitad del cuerpo, cantando y riéndose como no lo habían hecho en toda la expedición. Según lo veo me dan arcadas, el pobre animal esta desfigurado con las entrañas al aire, pero no terminarían ahí las sorpresas. Acarrean el cadáver, que pesara junto con el hielo que tiene algo más de 60 Kg. No entiendo nada, pero como estoy muy cansado, y tenso por el asunto de las avalanchas, prefiero no hacer mas preguntas. Llegamos a la cueva de “Bakula”, en honor al 19 Rimpoche rey del Zanskar, la ultima reencarnación, a la espera de la 20ª, que medito en este lugar tres años seguidos.
 
Empieza la rutina de siempre, busca leña, haz la comida, beber té, el diario, revisar los equipos, estudiar la etapa de mañana, hacer la hoguera, dejar de tiritar junto a ella, leer algo si se tercia, y hoy en vez de hacer el habitual corrillo junto al fuego, todo el mundo menos Emilio yo entra en un frenesí de “viernes 13”, se han puesto a descongelar al “bicho”, junto a las grandes llamas de esta hoguera, incluso han derribado uno de esos fuertes arbustos de “Stukpa”. El animal empieza a derretirse y aparece su cabeza medio mutilada, luego las patas, el cuerpo, el conjunto es dantesco, y lo peor esta por venir. Empiezan a despedazarlo a golpes de hacha y pioletazos. Todo se llena de sangre y vísceras, lo recogen todo, las vísceras se las comerán hoy, y la carne se la están repartiendo en partes equitativas. Yo protesto enérgicamente, les digo que el animal a podido contraer una enfermedad y esta se les pasara a ellos si comen de ese cadáver que el río ha arrastrado y luego congelado. Ellos me dicen que lo mas seguro es que alguna de las muchas avalanchas engancho al Ibix y lo envió al río matándolo, puede que tengan razón, pero ¡comerse un cadáver, ¡ que ya se han comido otros animales me parece excesivo.

Mi cena hoy espaguetis, y ¡tienen carne¡. Phuntchok me dice que es de cabrito que compramos en Padun, le creo, pero sin que me vean la tiro a la hoguera, no puedo hoy comer carne.

Llega la noche cerrada, y a dormir a la cueva, todos juntos como los cerditos. La cueva es pequeña, nos despertamos mucho todas las noches, el suelo es muy duro, y el frío lo traspasa todo, hay que cambiar de posición cada media hora, te acostumbras, luego vienen los ronquidos, Las carrasperas del frío, y si hay mala suerte hay que levantarse porque de tanto beber la vejiga no aguanta mas. ¡Eso si es una faena¡.

Día 24 de enero.
Hoy el objetivo es madrugar mucho, que es lo que hemos hecho, y llegar hasta el pueblo de Chilling, donde terminara esta aventura. Si todo sale bien será nuestro ultimo día, llegaremos a la aldea, nos alojaremos al calor de alguna de sus casitas, y al día siguiente estaremos en la civilización, en Leh, capital del Ladakh.
Pero en mi diario matinal, ya aviso, que aquí nada es fácil, queda mucho día por delante, y los peligros acechan en cualquier lugar: terribles avalanchas, tramos de hielo frágil, resbalones y terminar en las frías y bravas aguas del río Zanskar, en fin “no se pueden tirar las campanas al vuelo”.

El día transcurre mas o menos con normalidad, alguna avalancha, pero mas aisladas, pero llegamos a un cañón de paredes verticales e in escalables, de fuerte corriente y aguas profundas, donde para gran sorpresa de todos ¡no hay hielo¡, ¡No puede ser¡, solo estamos a media jornada de llegar a Chilling, y todo habría terminado felizmente...

No somos capaces de pasar por el río, y tenemos que escalar, y digo escalar por tramos verticales, asegurándolos con cuerdas, y equipándolos con más cuerdas fijas. Luego caminamos por peligrosísimas laderas de 50º de inclinación, donde hacemos una huella lateral sobre la nieve , donde un paso en falso nos precipitaría 100 metros al río, sorteamos rocas cubiertas de hielo, donde tenemos la sensación de estar resbalando continuamente, hasta llegar a una pequeña repisa de roca suspendida en el abismo donde parece que de ahí no pasamos. Estamos al limite del aguante, son muchas cosas todos los días, y ahora hemos pasado durante tres horas a todos los porteadores por terribles pasajes para llegara a un punto sin salida. ¡No puede ser¡. ¿Qué hacemos?. Phuntsog y yo decidimos utilizar los últimos metros de cuerda que nos quedan y con un laborioso trabajo logramos equipar una ruta muy expuesta hasta el río. Phuntchok lleva la delantera y se arriesga más de lo sensato, pero consigue instalar una cuña de madera con un cordino donde hace pasar la cuerda principal, y de este modo si alguien pierde el equilibrio y se cae, no haría péndulo. Llegamos al borde del agua. Yo me sostengo como puedo con la punta de un solo pie en una roca helada, si fallo me voy al río, Phuntchok, se arriesga mas y da una salto metiendo medio cuerpo en el agua pero en el ultimo instante se agarra a una roca y llega a otro punto, continua un poco mas, pero el río esta completamente deshelado. ¡Es imposible, ¡ hay que darse la vuelta. Es desesperante. Comenzamos a ascender de nuevo por la precaria ruta medio asegurada, yo resbalo repetidamente pero consigo alcanzar la repisa, después Phuntchok. Ahora tenemos que regresar con todos los porteadores por el peligrosísimo itinerario que nos trajo hasta este punto. Mi corazón casi se sale de la caja de tantos sustos de los portadores, resbalones, gritos, rápeles, hielo, frío, y sobre todo desconcierto sobre nuestro futuro. ¡Estamos atrapados por el río¡.

Ahora regresamos sobre nuestros pasos en busca de una cueva, es casi de noche, estamos congelados, y derrotados. Encontramos una pequeña cueva, y gracias a dios buena leña. Casi no hablamos, no hay ideas, solo hay que esperar al día siguiente y que ese tramo se hiele, nadie quiere volver a pasar por esa zona que hemos equipado parte con cuerdas, es demasiado expuesta y potencialmente mortal en caso de un pequeño resbalón. Las caras lo dicen todo, los zanskaries corean un murmullo, es un rezo para que el río se hiele. El más viejo de los porteadores nos explica que todos los años se produce este fenómeno inexplicable:

Es cuando mas frío hace, con casi todas las noches cerca o pasando los -30ºC, y sin embargo el río se licua. Es un tramo de unos 300 metros, el hielo se convierte en escarcha turquesa y después se forma agua, estando las temperaturas bajísimas, es incomprensible, pero lo más sorprendente es que este fenómeno de 300 metros de largo, avanza progresivamente, volviéndose a congelar a su paso, y licuando el río en su avance. Dice que recorre por completo el río. Yo lo llamo” el virus que come el hielo”.

Pasamos la noche con más pena que gloria, y muy pronto, a las 6 de la mañana nos levantamos, y estamos de nuevo aguas abajo con la ansiedad de si estará o no el tramo del río helado. Yo camino desbocado, casi sin control, quiero llegar cuanto antes al dicho tramo. Pero antes de alcanzar este fatídico tramo, el río empieza a licuarse, donde ayer regresamos completamente helado, y con gran grosor. ¿Como puede ser?, es inaudito¡. En este momento recuerdo, es:” el Virus del hielo”, era cierto que se mueve, aguas arriba. Ayer este tramo era puro hielo por la tarde, y hoy a -30ºC es agua. ¿Que carajo esta pasando aquí?. No entiendo nada, esto es un asunto para Iker Jiménez de Cuarto Milenio. Continuamos, y donde ayer había agua hoy hay hielo, es cierto lo que nos contó anoche el mayor de los portadores, el fenómeno existe y lo estamos viviendo. Pero el problema es que el hielo todavía nos es lo solidó que debería, y nos obliga de nuevo a escalar el mismo tramo de ayer. Se me ponen los pelos de punta de ver a los porteadores agarrase a la cuerdas heladas, caminar por tramos de nieve que ahora son hielo con sus pesadas cargas, llegar a la repisa de hielo, y ahora Phuntchok, Stangin, yo descendemos al punto fatídico de ayer, ya alcanzamos el punto donde llego Phuntchok, pero mojándonos hasta las rodillas en las friísimas aguas. Tirito sin control, estoy mojado hasta las rodillas, en el ambiente -25ºC, pero decidimos continuar. Stangin y Phuntchok, se acercan al punto donde ayer no había nada de hielo, pero esta vez hay una fina capa que sondean con precaución ayudados de una cuerda, y por fin gritan, mejor dicho estallan de alegría y nos comunican que la ruta esta abierta.

Pero antes es necesario pasar a todos los portadores, y además hay tres franceses que habían iniciado la ruta, pero deciden regresar pues el río esta muy peligroso, y algún grupotas de zanskaries que están camino de Leh, en total somos ahora 62 personas en la peligrosa repisa aérea. Phuntchok y yo decidimos ayudar a todo el mundo, y les damos indicaciones. Pues es un caos, todos quieren bajar a la vez pues en poco tiempo el río se puede licuar. Empieza el goteo de descender por las cuerdas. Unos lo hacen bien, otros resbalan y quedan colgando de la cuerda en el último instante, toda va más o menos regular. Luego una vez van bajando al lecho del río helado, hay que caminar unos 30 metros por una finísima capa de hielo que en sus últimos tres metros se esta rompiendo, y al final al paso de un portador se rompe definitivamente y se cuela hasta el pecho de agua gélida. Ahora el paso esta roto y es obligatorio meterse en el río hasta el pecho los últimos metros, y la cosa empeora por momentos. Por otro lado en el tramo de descenso las cosa también empeora, no se si las cuerdas y la estaca de madera aguantara el peso de los nerviosos zanskaries. Hay voces por todos lados, gritos, desorden, Phuntchok se esfuerza en organizar todo este jaleo, pero es imposible, están asustados al ver que el río se rompe cada vez mas. Grito con todas mis fuerzas para que baje Emilio, la cosa se esta poniendo muy fea, el se esfuerza pero es una marea humana metiendo codos para coger la cuerda. Pero lo consigue, desciende, y al llegar al tramo roto, consigue como un gato agarrase a la vertical roca de la orilla, le estrecho la mano, y solo mete las piernas hasta las rodillas, estamos empates, ahora los dos somos dos cubitos de hielo desde las rodillas. Sigue el turno de los franceses, el primero desciende, se llama Maurice, pero resbala, se suelta de la cuerda, y cae a plomo en el agua, se sumerge entero, desaparece bajo el hielo escarcha. Phuntchok se lanza a por el, se empapa entero, pero entre el y otro portador consiguen sacarlo a flote. Esta completamente congelado, al salir del río el agua acumulada en su ropa se congela en el acto, estamos a -25ºC, no habla, tirita como un vara verde, esta desorientado. Le cojen unos portadores de su grupo y hacen urgentemente una hoguera para calentarlo después de quitarle toda la ropa, es una situación alarmante, y potencialmente mortal.

Toca el turno del segundo y el tercer francés. Ambos descienden con muchos problemas al borde del río, pero al llegar al tramo roto, se meten literalmente en el agua gélida hasta los hombros. También necesitan urgentemente quitarse la ropa y secarse, o sufrirán irremediablemente una hipotermia, congelaciones o parada cardiaca.

Sigue el goteo de porteadores, no damos abasto a solucionar tantos problemas, caídas, inmersiones en el agua helada, que caos¡, es increíble que se hayan complicado tanto las cosas.

Pasan las horas y con muchas hogueras mas o menos se resuelven los perores casos, y los grupos se dispersan a gran ritmo caminando para calentar los maltrechos cuerpos. Solo quedan tres horas para llegar al pueblo, hay que hacer de tripas corazón y llegar como sea. Mis pies no los siento, Emilio tampoco, pero caminamos sistemáticamente, nadie se para ni un momento, estamos al limite de la mínima temperatura que el cuerpo puede aguantar, y a buen seguro a alguno le pasara factura.

Llegamos a Chilling y esta el autobús, sin casi demora partimos para Leh, otros se quedaran en Chilling para secarse y calentarse, a los franceses les hemos buscado transporte mediante nuestro teléfono satélite. Todo vuelve poco a poco a la calma, y después de tres horas estamos en Leh, en la civilización, desde donde ahora os escribo al calor de una estufa, pero todavía con el frío en lo más profundo de mi cuerpo, al igual que Emilio y Phunchok que me acompañan. Se ha corrido la voz por todo Leh de nuestras andanzas, y todo el mundo agradece a Phuntchok su esfuerzo. Estamos todos sanos y salvos porque Phuntchok tuvo una gran decisión y se comporto como un héroe, exponiendo su vida para salvar las de otros. Ahora le han venido a ver los de la radio y televisión local. Mañana le entrevistaran en todos los medios, el esta orgulloso, y yo mas, por que es mi mejor amigo.

Gracias adiós y a los budas estamos todos vivos y sin congelaciones, y además vimos el Sangri-La, las tierras altas, remotas y misteriosas del alto y bajo Zanskar, conocimos al hijo de un rey, y llegamos sin duda a uno de los lugares habitados por fuertes y afables gentes mas aislados de todo el Himalaya.
Ha sido una aventura trepidante, peligrosa, increíble, llena de aventuras, una de mis mejores aventuras.
Espero que os haya gustado, yo he disfrutado mucho, y también pase mucho miedo, pero no cambiaria ni un solo segundo esta vivencia por nada del mundo.

El 30 de Enero estaré en España, y pronto, muy pronto, exactamente el día 1 de febrero comienzo otro Desafío Extremo, estar atentos porque os seguiré informando
Gracias a todos.

Jesús Calleja desde la indómita cordillera del Himalaya.