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Zanskar Invernal 09.2008

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Os escribo desde el noroeste de la India, exactamente des un pueblo llamado Leh, capital del valle del Ladakh, a tan solo 100 Km de Pakistán y 60 Km del Tíbet ocupado por los chinos. En este remoto lugar situado en el centro de la cordillera del Himalaya.

> DIAS DE NERVIOS

Día 20 de Enero, ha llegado el momento de regresar, el tiempo no esta nada estable y sabemos que muy pronto vienen otros frentes de tormenta con mas nieve. Si estas tempestades nos pillan dentro del valle, es casi seguro que en mucho tiempo no podremos regresar por la única ruta posible: la que nos ha traído hasta aquí; la ruta helada del río Zanskar.

En un día gris, ventoso, nevando ligeramente, y con un frío muy intenso, iniciamos el regreso. Atrás queda el Valle bajo del Zanskar, donde sus habitantes viven como en el medievo, y durante mucho tiempo la única ruta es la “ruta helada”, y esta solo es accesible a muy pocos, por lo que el tiempo aquí se ha detenido. No he podido ver ni una décima parte de lo que este lugar esconde, ni sus magníficos monasterios, especialmente el de de Puktal, que se encuentra en tan remoto emplazamiento, que si decido visitarlo, bien seguro que me pasare el invierno encerrado en este majestuoso valle, y por desgracia no tengo tiempo. No me importa, pues he llegado al objetivo; Zangla, la antigua capital del Zanskar, donde visite el palacio y conocí al heredero del rey del Zanskar, también conversé con las afables gentes de las aldeas de Pidmo y Zangla, jugué, cante y baile con los niños de estos pueblecitos donde no han perdido la inocencia, dormí en un monasterio de monjas, y en definitiva me hago una idea muy exacta a que lugar tan increíble, remoto y de una belleza sin igual he llegado. ¡Ha¡, y que no se nos olvide, también he conocido los valles altos del Zanskar, aun mas aislados y remotos que sus vecinos los de los valles bajos.

En fin, regreso con gratos recuerdos que jamás se me olvidaran, y cada poco me doy la vuelta para despedirme de un lugar salido de la mas hermosa de las novelas de aventuras.
Ahora comienza otra aventura; el regreso.

Confió en que los días pasados de temperaturas muy bajas, que gracias a dios nos ha pillado en las casitas del Valle del Zanskar, haya congelado mas el río, porque si no es así y hay que regresar por nuestros pasos, es decir por los altos pasos de montaña, casi me atrevo a asegurar que seria imposible y habría que dar la vuelta de nuevo al valle del Zanskar, pues estarán cargadísimos de nieve y el peligro de avalanchas seria altísimo, y no asumible.

El día 20 fue muy largo, desde primera ora de la mañana caminamos sin parar, mirando continuamente hacia arriba, para vigilar las laderas verticales, cargadas de nieve, que amenaza continuamente con desprenderse y provocar una avalancha, de la que no tendríamos escapatoria, son cientos, miles de metros de montañas amenazando con desprenderse de su capa de nieve, y arrojarla hacia el río, por donde nosotros avanzamos. Estamos en alta tensión todo el equipo, y al menor de los ruidos, todos miramos hacia arriba por si viene “el recado”. Solo hacemos una parada para comer, y calentar los maltrechos cuerpos, pues el viento junto a las bajas temperaturas, y el trabajo extra de abrir huella en una pesada nieve, nos deja extenuados. Pero en nuestra cabeza solo esta caminar, avanzar, caminar, avanzar.

Tenemos una conversación si parar a dormir antes de la primera gran dificultad, recordar, , y decidimos democráticamente continuar, porque si no serán dos noches de nervios sin dormir, pensando si podemos cruzar ese fatídico paso o no. Queda una hora para anochecer, y llegamos al complicado paso. Y para sorpresa nuestra, esta más congelado de lo que esperamos y pasamos sin contratiempo alguno por el hielo. No me lo puedo creer, con las angustias que padecimos aquí la última vez. Ya era hora de tener suerte, hemos pasado. Ahora hay que buscar una cueva muy rápido, porque es de noche. Caminamos mirando hacia los laterales del río, pero no hay cueva. Hace mucho frío, estamos agotados, y Phuntchok se acerca detrás de unos promontorios de nieve avalanchosa, recién caída, y hay una especie de cueva. Exactamente es una concavidad natural formada por la erosión del río en la época estival. Nos vale, no hay otra cosa y ya no podemos más. Todos a una comenzamos a quitar piedras, arañar el terreno para dejar una superficie digna para pasar la noche como sea. Otros a buscar leña, aparece muy poca, porque hay tal cantidad de nieve que es imposible recolectar un buen manojo.

La noche será toledana. Estamos tiritando de frío pegados unos encima de los otros ante un ridículo fuego, esta vez no hay hoguera que se precie, no tenemos leña y hay que ahorrar para cocinar. Pasan las horas hasta que conseguimos hacer un poco de pasta y Tasmpa, los movimientos lentos, pues el frío nos tiene atenazados; hay -31ºC. El solo acto de preparar el saco de dormir, y quitarme el pantalón de Gore Tex (pantalón corta vientos y al que no le entra el agua, pero traspira), es una tarea dificultosa, y cuando entro en el saco, todo el conjunto esta gélido. Tirito sin cesar, no se que hacer, el frío brutal y el agotamiento han mermado mis reservas energéticas y tiemblo como una vara verde. Llamo a Phuntsog para que se meta rápido al saco que compartimos, y de este modo me podré calentar, necesito una fuente de calor, y esa es Phuntchok. Cuando creía que ya estaba entrando en calor y me relajaba, un extraño y ronco ruido nos hace incorporarnos a todos, aunque no mucho, pues la altura de nuestra “gatera” es de 80 cm., y a los 5 segundos una especie de terremoto nos sacude encima de nuestras cabezas, y acto seguido una morterada de nieve producto de una avalancha se nos viene encima. Casi nos tapa por completo, y quedamos enterrados vivos. Por suerte ha quedado una parte de la “gatera” abierta. Todo ha quedado cubierto de nieve tamizada, nuestros sacos de dormir, las mochilas, los petates, todo, esta lleno de nieve, y algunas cosas han quedado sepultadas. Si ya estábamos helados de frío, ahora en la tarea de recomponer nuestro precario hábitat, ya casi no podemos ni mover un dedo. Conseguimos arreglar el vivac, y esta vez sí que nos dormimos a pesar de las continuas pesadillas que me sobrevinieron toda la noche pensando que otra avalancha nos dejaba, definitivamente enterrados en vida.

Pero a eso de las 6.30h de la mañana nos despertamos sin novedad, aunque estamos apretujados los unos contra los otros del intensísimo frío, hemos estado por debajo de los -.30ºC.

La tarea de levantarnos, vestirnos, desayunar, se convierte en pesadilla a esas temperaturas, es un martirio, tiritas y tiritas sin parar, y para hacer las necesidades mas gordas, que en mi caso son puntuales después del desayuno, no os podéis ni imaginar como se queda el trasero, con solo exponerlo al ambiente gélido unos minutos, es mas (si estáis comiendo algo, para un momento), la “caca” se hiela casi al instante, y la observo como una especie de obra de arte, pues adquiere unas formas extrañas al congelarse, es el único alivio que tengo, es que no hay olor y no da asco, es una obra de arte abstracta.

Día 21, seguimos caminado, y este día si que hay tensión, nadie habla, caminamos mas deprisa de lo normal, casi no hay descansos. ¿Qué pasa?, pues que hoy sabremos si pasaremos el punto del río que la otra vez nos bloqueo y nos hizo cruzar los altos pasos de montaña. Si esta vez también nos impide el paso, sin remedio regresaríamos de nuevo al valle del Zanskar, y pasaríamos buena parte del invierno sin salida alguna posible, pues la gran nieve acumulada hace que fuera un suicidio intentar cruzar esos altos y peligrosísimos pasos de montaña, donde las avalanchas son continuas, con este espeso manto de nieve caída, y además el tiempo atmosférico esta muy inestable y amenaza con nuevas nevadas.

Caminamos sin cesar, hasta que llegamos al arrollo helado por el que descendimos de los altos valles del Zanskar en nuestro agotador y peligroso rodeo de días anteriores. En este punto reponemos energías, pues nos harán falta dentro de un kilómetro, donde esta el paso clave de este retorno. Emilio decide darle duro al último chorizo de León que tenemos. Tiramos la casa por la venta, dentro de muy poco sabremos de nuestro futuro inmediato. Comemos más rápido que de costumbre pues la ansiedad para llegar al “paso” es irrefrenable. Así que en marcha. A los 20 minutos nos encontramos con el primer de los obstáculos (son dos pasos muy juntos, pero cada uno con su peculiar dificultad). Nos encontramos con un borde de hielo de apenas 30 cm. de ancho, y muy frágil, pero nos va ayudar que recientemente ha caído una pequeña avalancha de nieve y se ha apoyado en este frágil hielo. Me hato una cuerda a la cintura, y armado de un piolet, voy esculpiendo escalones en la nieve compacta recién caída. La tensión que llevo es máxima, no se si aguantara mi peso esta frágil cornisa de hielo, y además puede seguir cayendo mas nieve avalanchosa de arriba. Sigo avanzando paso a paso, nadie habla, pero todos me observan, de si lo consigo o no, depende que pasemos todos, y evitemos el regreso al valle de Zanskar. Avanzo, ya solo me quedan 10 metros, y creo que lo voy a conseguir, ¡si¡, un paso mas y llego a una repisa de hielo mas ancha. ¡Ya esta¡ - kiki soso larguelo-, grito, ya sabéis, letania zanskari después de una gran dificultad.

Después montamos un pásmanos de cuerda para asegurar el paso a los porteadores, mientras Emilio lo filma todo, jugándose a veces el bigote.
Pero nos queda la segunda dificultad a tan solo 100 metros. Otro paso similar, pero ¡sorpresa¡, hay una lengua de hielo reciente, y que se mantiene relativamente solida por las bajísimas temperaturas del día de hoy. Al final el frío intenso es nuestro mejor aliado, y la segunda dificultad, la pasamos sin ningún contratiempo.

Estamos a salvo, todo parece indicar que no tendremos que regresar al valle del Zanskar a pasar parte del invierno.
Media hora después estamos en la precaria cabaña, la única que hay en toda la ruta del río helado. Encendemos una hoguera, pues el frío no ha cesado ni un minuto. Antes una mirada al valle que esta enfrente nuestro, aquel que nos llevo en la ida por los altos pasos de montaña, donde tanto disfrutamos, de un paisaje casi irreal de belleza pura, y nos llevo a conocer a las rudas, hospitalarias y aisladas gentes del los valles altos del Zanskar, donde creímos ver el Sangri-la.

Ahora tengo dificultad para de escribir sobre las teclas del ordenador, porque mis dedos están entumecidos del frío, y eso que estoy dentro de la cabañita, con Emilio, Phuntsog, nuestros amigos los porteadores zanskaries, y un señor que ha bajado de la aldea de Nierak, que tiene todo el aspecto de a ver vivido tres vidas seguidas de lo arrugada de su piel, su avanzadísima edad, y sui artrosis que le ha dejado mermadas sus manos. Pero aquí estamos todos juntos respirando humanidad, unos al fuego de la hoguera, otros enzarzados en sus batallitas. De aventuras pasadas, Emilio revisando todos sus equipos y mimando a la cámara como a la novia, “arguiñano”, dándonos sustos de muerte con esa especie de cocina a keroseno que va por libre y pega de vez en cuando(cada vez mas) petardazos, seguidos de unas llamaradas de un metro que nos hace levantarnos del suelo, y el viejo aldeano de Nierak que se pega a mi ordenador, que seguro que es la primera vez que lo ve y el pobre no entiende nada, y menos cuando le explique que las fotos y este texto saldrán por el aire para llegar al espacio, y después bajaran de nuevo y llegaran a los periódicos y lo leerá mucha gente,-bueno eso a mí todavía no me entra en la cabeza-.

Amigos no echaremos campanas al vuelo, aun me quedan cuatro días de peligros, descendiendo por la ruta helada, seguro que mas de un susto tendremos, los peligros no paran de acecharnos por todos lados: avalanchas inesperadas, partes sin helar o con hielo muy frágil, escarpadas paredes en los laterales del río que obligadamente tendremos que sortear. En fin queda mucha aventura. La viviremos con precaución, hasta llegar a salvo al final del río, donde este caprichoso niño del río Zanskar se une a su padre el río Indo. Esto sea en cuatro días y el quinto os escribiré desde Leh, la capital del Ladakh (India). Sabréis como término esta increíble, maravillosa y trepidante aventura.

Jesús Calleja desde un lugar remoto en mitad del Himalaya invernal.