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Zanskar Invernal 09.2008

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Os escribo desde el noroeste de la India, exactamente des un pueblo llamado Leh, capital del valle del Ladakh, a tan solo 100 Km de Pakistán y 60 Km del Tíbet ocupado por los chinos. En este remoto lugar situado en el centro de la cordillera del Himalaya.

> EL REY DE ZANGLA

Día 18 de Enero del 2008. Por fin ha amanecido nevando muy poco, y sobre todo ha cesado el fortísimo viento del día anterior, que nos imposibilito nuestra partida al pueblo de Zangla. Pero hoy a pesar de la enorme nevada de la noche, donde ya se acumula medio metro de nieve, con neveros de más de un metro, nos pusimos en marcha hacia la aldea de Zangla. En condiciones normales en tres horas y media llegaríamos, pero caminamos muy despacio y hay que abrir huella siendo muy dificultoso. Nos turnamos en esa ingrata labor, y avanzamos muy lentamente, pero sin pereza, solo de saber que es posible que cumpla uno de mis sueños de infancia, después de leer a Michael Peissel, cuando escribió “El reino del Zanskar”. Fue sin duda uno de los pioneros en explorar los reinos ocultos del Himalaya, y cuando leí, su libro me pareció una de las mejores novelas de aventura, pero resulta que es una realidad, que es posible que yo también cumpla..

Después de unas cuantas horas divisamos Zangla en la ladera de una enorme montaña que parece elevarse al infinito, pues parte de ella esta inmersa en las tinieblas de un grisáceo y frío día, que lo cubre todo, solo rompe este monótono color, las rachas de fuerte viento que todavía soplan por las partes altas.
Estamos muy cerca de la aldea, y nos dirigidas a la parte alta de la misma, donde se encuentra encaramado en un risco un pequeño monasterio ¡de monjas budistas¡.

Llegamos cansados y muertos de frío, pues el viento vuelve a soplar con cierta intensidad.

Nos recibe una amable monja, que a su vez nos presenta a otra monjita, muy risueña y encantadora, que se encargara de nosotros, pues he pedido hospedería y comida, y se que en la costumbre zanskari, no se puede negar a nadie ambas cosas, y menos a quien viene de tan lejos cruzando la ruta helada, del río Zanskar. En efecto, casi al instante nos aloja en su humilde habitación de a penas 4 metros cuadrados, donde nos alojamos Emilio, “arguiñano”, Phuntsog y yo.

Pero antes de acomodarnos por completo, bajamos al pueblo antes del anochecer para comprar comida, y sobre todo combustible, pues las fuertes nevadas en la ruta helada hará muy difícil encontrar leña, y el combustible es indispensable para cocinar. Nos hacemos con todas las provisiones sin problemas, y mientras tanto, ya de noche, nos salen al encuentro medio pueblo, especialmente niños que juegan y se lo pasan bomba con mis payasadas, pues me pongo a baliar y cantar, y ellos me siguen a coro. Al final éramos una comitiva de más de 50 niños y algún mayor recorriendo las callejuelas heladas de Zangla, cantando, bailando, y sobre todo divirtiéndonos como si nos conociéramos de toda la vida. Me lo pase tan bien, que creo que nunca se me olvidara la fiesta espontánea que montamos, en toda ni vida.

De vuelta al monasterio llamamos a la puerta de la habitación de nuestra monja amiga, que se llama Lobsan, y nos recibe con su eterna sonrisa. No solo nos ofrece todas sus pertenencias, si no que se queda a cocinarnos una deliciosa cena a base de chapati (pan al estilo indio), y verduras sabrosamente cocinadas. Que deleite para los sentidos después de tantas penalidades pasadas, Comida diferente, un calorcito que ya no recordaba, pues tiene una pequeña cocina de leña y estiércol de yak que calienta la pequeña estancia en solo 5 minutos. También nos ofrece su pequeña batería que carga con paneles solares para recargar mi equipo satélite, y lo mejor de todo su compañía.

Es simpática y nada tímida, con desparpajo atiende a 4 hombres que han entrado a tropel en su habitación, se ríe con nosotros, y sobre todo bromea con mi nariz que dice que es larga, pero que la gusta. Es una sorpresa y alegría a la vez hablar y reírnos con una mujer aunque sea monja, pues llevamos muchos días de convivir con mucha testosterona. La mujer zanskari y ladaki, y tibetana en general es desinhibida, y suele ser una sociedad de matriarcado, hasta el punto que en muchas pequeñas aldeas, todavía siguen la tradición de enviar el segundo hijo al monasterio para alcanzar sabiduría, el primogénito hereda todo, pero no puede vender nada sin la aprobación del resto de los hermanos, y estos pueden disfrutar sexualmente de la mujer del primogénito, si ella lo acepta. De este modo se protege la natalidad, pues la tierra fértil escasea, y es el mayor de los bienes. Si hay muchos niños, ninguno comerá bien, pues escaseara el alimento.

En fin que es una maravilla alojarte en este pequeño monasterio donde mi amiga monjita nos cuenta tantas cosas en su preciosa habitación perfectamente organizada, con una capillita en una estantería, con sus budas y el Dalai Lama, así como alguna vieja fotografía de amigas de la niñez, o tal vez de la familia. En el medio de la estancia esta la estufa donde también se cocina, y dos colchonetas para dormir, una para ella y otra por si recibe visita, aunque esta vez la hemos desplazado a ella a la habitación de una compañera. Pero esta orgullosa de ayudarnos, porque la verdad, ella se lo paso “pipa” con nosotros;
¡ anda¡ que no bromeamos ni nada¡.

Al día siguiente me levanto muy pronto porque no puedo dormir mas, me espera uno de mis sueños de niñez, conocer al rey del Zanskar.

Caminamos 20 minutos desde el pequeño monasterio en esta fría mañana, y llegamos a una casa que nada tiene que ver con el resto. Es muy grande, tiene tres niveles y un torreón, ornamentos de madera bien trabajada en todas las ventanas, un patio de armas, y todo el conjunto es solidó y de aspecto noble.
En efecto estoy delante de la casa del “Gyalpo”, con o aquí se llama al rey. Llamo cohibido a la puerta, y me recibe un apuesto joven que resulta ser el hijo del rey del Zanskar.

En efecto el rey existe, y orgulloso se presenta como el hijo del rey del Zangla capital del Zanskar, y me hace saber al momento que su padre el rey, se llama Gyalses Nima Norboo Namgyal Ldey Kas, el rey de los 5 nombres, y me apostilla: -solo un rey puede tener tres nombre, y mi padre tiene cinco por su elevada nobleza-. Me quedo perplejo, creo que he retrocedido en el tiempo, si no fuera por su indumentaria mas moderna que adquirió en sus visitas a Leh, que difiere sobre el resto de los zanskaries.

Le gusta nuestra presencia de extranjeros y me invita a pasar. La mala noticia, es que su padre el Rey y la reina, están en la capital del Ladakh, asistiendo a los sepelios de una persona muy importante de la política regional, y como representantes de sus cargos políticos tienen que asistir. Me da mucha pena no poder verlos en persona, pero me queda el consuelo que estoy con el heredero de la corona zanskari.

Nos invita a tomar el té, después de enseñarnos el palacio de adobe y piedra, en la habitación del trono, donde han gobernado varios antepasados que a su vez han sido reyes y rimpoches de gran sabiduría, en tiempos mejores, pues ahora nos cuenta, que con la llegada de la republica a toda la India, han perdido el status de reinar como reyes, aunque todo el pueblo como pudimos constatar les sigue mirando y respetando como los reyes del Zanskar. Nadie duda en decir: -Allí esta la casa de Gyalpo -.. En la actualidad son consejeros, y tienen cargos políticos que defienden a los zanskaries.

Nadie duda de su nobleza y sobre todo de su influencia en el pasado, heredada a nuestros días.
En ese salón donde hable largo rato con el heredero de la corona del Zanskar, había innumerables tesoros: pinturas en lienzos, llamadas “tankas”, de mas de 400 años de antigüedad, utensilios de plata, “dorjes”, sedas, y un sin fin de “cosas de reyes”.

Tengo la sensación de estar viviendo la historia del mejor cuento de aventuras: estoy en un remosto valle conversando en la habitación del trono con un futuro rey, de un lugar que casi no viene en los mapas, y que para llegar a este reinado, hay que pasar una serie de peligros y penalidades, que son muy pocos los que en invierno llegan a este paraíso escondido, donde el tiempo se ha detenido. De momento seguimos siendo la única caravana de 11 personas que han llegado hasta aquí, por la peligrosa ruta helada del “chadar”, como se conoce a la garganta de las aguas gélidas del río Zanskar.

Al atardecer regreso emocionado y aturdido de tantas emociones a lomo de un caballo que nos han prestado en Zangla para llegar lo mas pronto posible de nuevo a Pidmo, pues estoy a punto de regresar Leh por la única ruta posible, la misma que me trajo aquí: La ruta helada¡.

En el camino de regreso a Pidmo mi caballo y el de Emilio nos tira a mi tres veces y a Emilio una, menos mal que dimos con nuestros huesos en la nieve. Emilio se queja y dice: ¡este trabajo es muy bonito pero muy duro, no gana uno para sustos¡.

Ya estamos en Padun y a estas horas cenando y descansando para mañana, que comienza de nuevo los peligros, la tensión, el frío(-30º), muchos kilómetros (ya llevo unos 250Km), dormir al raso o en cuevas si hay suerte, pero sobre todo la incertidumbre si podré regresar por la ruta helada. Si el río esta ahora mas congelado que a la venida, pues si no es así, tendremos que regresar por nuestros pasos atravesando de nuevo los altos pasos de montaña para salvar ese fatídico punto sin hielo, y eso si que seria una pesadilla, pues ahora hay mucha mas nieve caída sobre la anterior, y las avalanchas serian sin duda mortales, aunque el río este completamente helado, el peligro de avalanchas precipitándose al fondo de la garganta helada desde alturas de hasta 6000 metros, es real, y nos mantendrá tensos y alertas ante cualquier sonido.
Mañana empieza de nuevo otra intensa aventura, que os seguiré contando si sigo disponiendo de carga eléctrica en las baterías del pequeño equipo satélite que dispongo.

Estar atentos amigos.

Jesús Calleja desde un lugar perdido en el tiempo, donde existen reyes medievales, en el corazón inhóspito del Himalaya.