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La cima del Vinson es sublime

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> Posteado el 17/01/2006 a las

«La cima del Monte Vinson es sublime, lo más bonito que he visto en mi vida desde lo alto de cualquier montaña a la que he subido. Ni desde el Everest, la más alta del mundo. Como la atmósfera es limpia y el día era bueno, sin viento ni nubes, veíamos a 400 kilómetros de distancia: estuvimos una hora en sus 4.897 metros de altitud disfrutando de la belleza única de la Antártida, disfrutando de las montañas que nos quedaban debajo y de la planicie blanca y azulada hasta los confines de la curvatura de la tierra. Aquí la luz es diferente a cualquier otro sitio, y las sombras también: esto no existen en las otras montañas, por la inclinación de la tierra y su curvatura». Así describía un día después de lograr la cúspide de su nueva aventura el momento que vivió Jesús Calleja en el punto más alto del continente antártico, el Monte Vinson, una aventura del leonés que él mismo ha venido contando estos días en Diario de León.

Lo alcanzó a las nueve de la noche hora española, cuatro menos allí. «Pasamos una hora allí solos, Juan Diego Amador —el canario—, Andy —el americano— y yo, y es increíble, inexplicable. Ha sido o un placer, porque por primera vez llego arriba con alguien con quien puedo compartir mis sentimientos en el mismo idioma. Ha sido una carambola, porque este año somos los únicos españoles que hemos venido», explicaba desde el campo 2 ayer a media tarde Calleja; el primer leonés que logra ascender el Vinson.

«Hacía mucho frío, unos cuarenta y ocho bajo cero, pero no hacía viento y lo agradecimos: se estaba mejor en la cima que subiendo, con -50º, viento y el corredor de escalada que elegimos, por donde creo que nunca subieron españoles: una placa de hielo azul y nieve en la que temíamos que se pudiera producir un desprendimiento en cualquier momento. Ha sido el momento más dificil de la expedición», reconocía el montañero leonés.

Sensación térmica de -80º

Y es que hay que tener en cuenta que él y sus compañeros de cordada y de aventura han tenido que soportar temperaturas extremas, las peores de la Tierra, y «vientos de hasta 80 kilómetros por hora». Esto significa que la sensación térmica, lo que el cuerpo humano siente, es equivalente a más de -80º.

«La bajado ha sido fácil y mejor de lo previsto. Llegamos al campo 2, a las tiendas, por la ruta normal de la cara sur, en vez de la rápida por la que habíamos ascendido, la sureste. Tardamos sólo dos horas y media. Llegamos cansadísimos, reconocía. Pero exultantes. Desde allí volvieron a llamar y este periódico es testigo de que parecía que la alegría había borrado el esfuerzo de casi once horas entre ascensión y descenso. «No nos encontramos ningún problema: sólo llegando aquí decidimos atarnos, porque hay muchas grietas y hielo cerca del campamento 2. Nos dimos una paliza, lo hicimos en mitad de tiempo que otra cordada de americanos que subió después de nosotros», reconocía ayer Calleja.

A media tarde de ayer seguían en el campo 2, en medio de una ventisca de nieve y escarcha que parecía remitir. «Ahora suben los americanos, los japoneses y un indio. Vamos a ves si podemos desmontar y llegar al campo uno hacia las nueve en España, y seguir desde allí con el material en otras tres o cuatro hasta el base», afirmaba. Bajan con 35 kilos de carga a espaldas primero, y después arrastrando trineos con más de 34, salvando un desnivel de 2.200 metros de altitud aproximada.

Calleja no se olvida de los suyos y de quienes le han apoyado: «Quiero agradecerles todo esto a mis patrocinadores, la Consejería de Turismo de Castilla y León y a RMD, y a sus responsables, sin cuyo apoyo no hubiera llegado al Vinson. Y no quiero olvidarme de mis padres, de mi hermanos, de Quique, de los amigos y del apoyo de Jose».

Ni el cansancio acumulado por el sobreesfuerzo de subir tan rápido al Vinson, ni la conciencia de regresar con los deberes hechos y sin necesidad de arriesgar más hacen que Jesús Calleja y sus nuevos amigos, Andy y Juan Diego, dejen de buscar nuevos retos. «En los dos días que tenemos antes de que llegue la avioneta como está previsto, si nos da tiempo y podemos por las fuerzas y la climatología, subiremos otra montaña cercana», desvela. «Esta noche para vosotros, como máximo en ocho horas, estaremos en el campo base, tras desmontar el 2 y el 1. Lo primero que tendremos es una cascada de hielo, que es lo más difícil. Bajamos muy cansados y cargados con 35 kilos desde el campo 1, salvando en total un desnivel de más de 2.200 metros de altitud de una vez», explica. «De toda la gente que ha venido somos los únicos que bajamos ya, y por donde hemos subido no va nadie», añade.

Lo extremo de las condiciones en las que se desenvuelven, cansados y exhaustos, en un medio totalmente hostil y sin piedad lo delata el hecho de que viven temperaturas de no menos de -30º, con vientos de entre 40 y 80 kilómetros por hora a veces, que ocasionan que la sensación térmica eleve el frío hasta entre -60º y -88º. Es arriesgado por lo tanto moverse entre campamentos, porque se tarda un tiempo precioso en montar si te pilla la tempestad: «Al llegar al campo 2, en un momento así, casi no nos dio tiempo a vestirnos por la ventolera. Estábamos montando las tiendas, y en esas condiciones hay que hacerlo en menos de un minuto, porque no puedes con los guantes; e inmediatamente tienes que encender un calentador químico para no congelarte y poder sobrevivir. Equivocarte o no es cuestión de vida o muerte».

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